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Todos callan, en el PRD, el linchamiento a los que piensan distinto La de López Obrador, una izquierda que crucifica a los críticos P rofundo observador y crítico de la izquierda mexicana, Marco Rascón ha seguido, como pocos, muy de cerca la actual crisis que vive esa tendencia política -crisis que identifica como producto del pragmatismo por el poder-, y que en las semanas y meses anteriores y posteriores al 2 de julio de 2006 ha mostrado -con toda su secuela de desprestigio-, una peligrosa confusión entre sus saludables tendencias radicales y aquellas prácticas regresivas emparentadas con la vulgar provocación. Apenas en un reciente artículo (La Jornada, martes 6 de marzo), Marco Rascón se refirió a ese tema; "Radicales y provocadores", y pareció premonitorio sobre lo que esa misma noche del martes 6 de marzo ocurriría durante la presentación del libro 2 de julio, de Carlos Tello. Un grupo de seguidores del "presidente legítimo", Andrés Manuel López Obrador, a los que muchos identificaron como radicales de izquierda, "reventaron" el evento de manera violenta e impidieron, con ello, el debate, la crítica y la autocrítica sobre el polémico libro. Mirada certera Por eso vale la pena retomar los argumentos de Marco Rascón, esa mirada certera sobre lo que está ocurriendo en torno a la crisis que vive la izquierda mexicana, y que se han expresado no sólo en la presentación del libro 2 de julio, sino en una pretendida conferencia que ofrecería en la UNAM el presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, y en la presentación de otro libro sobre el tema: El presidente electo. Guía para sobrevivir a Calderón y su gobierno, de Salvador Camarena y Jorge Zepeda Patterson. En los tres casos, grupos de ciudadanos, seguidores de López Obrador, presuntamente radicales de izquierda, reventaron los actos, insultaron a autores y presentadores, e impidieron el debate, la crítica y la autocrítica. ¿Pero qué es un radical? Según expone Marco Rascón en el citado artículo: "En toda formación política existe mínimamente un ala radical que demanda actuar en la práctica conforme a los principios. La radicalidad busca la consecuencia entre teoría y práctica, entre lo que se dice y lo que se hace. El radical construye con visión de largo plazo y hace de la práctica una cultura política, pues en principio está dispuesto a arriesgar lo personal por defender los principios. El radical busca unificar en torno a su causa, sin perder de vista los objetivos centrales; sabe que las alianzas califican a las partes y, por tanto, éstas no pueden sobreponerse a los principios. Ser radical y ser político no es contradictorio". Si los grupos que "reventaron" la presentación de los dos libros citados y la fallida conferencia de Ugalde en la UNAM no pueden ser identificados como radicales, según la teoría de Marco Rascón, la pregunta resulta obligada. ¿Entonces qué son? En efecto, en su artículo Marco Rascón se refiere a los "radicales", pero también a los "provocadores". Y dice al respecto: "Los provocadores han existido a lo largo de todas las luchas políticas y han sido instrumento del poder, de la contrainteligencia, para anular a la fuerza opositora. "Los provocadores buscan desgastar en cualquier circunstancia y que se pierda el sentido general de los propósitos. Un provocador busca inhibir las prácticas democráticas y los sistemas de toma colectiva de decisiones. Sabotea los debates, siembra permanentemente la sospecha de que en toda crítica hay un traidor, generando condiciones para las escisiones y la división interna. La provocación es una práctica interna que se basa en objetivos falsos, creando enemigos inexistentes para proteger a los verdaderos. La provocación busca destruir toda política de principios. Los provocadores revientan movimientos y esfuerzos colectivos. Desprestigian demandas e ilegalizan posiciones". La provocación En los tres eventos citados -la presentación de los libros 2 de julio, El presidente electo y en la fallida conferencia del presidente del IFE-, así como en casi todos los casos en que piquetes de simpatizantes de López Obrador han pretendido interpelar al presidente Calderón, y en aquellos que mes a mes intentan llevar su protesta a la residencia oficial de Los Pinos, se trata de los mismos grupos identificados con el ex vocero del PRD, Gerardo Fernández Noroña -quien en realidad no es más que un peón de lo más atrasado del PRD-, cuya táctica y estrategia políticas siempre han sido esas, la provocación. Pero esa suerte de "tara" que arrastra la izquierda mexicana, esa práctica de la provocación -que heredó de lo más rancio y corrupto del PRI-, no se puede acreditar sólo al grupo de "loquitos" -como se moteja en el PRD a quienes pertenecen al grupo de Fernández Norona-, del PRD, sino que es un patrimonio de todas las tribus de esa izquierda, que sin pudor la usan en todos los frentes de lucha por el poder, y que en el fondo es la negación misma de la izquierda. Lo que llama la atención es que los grupos más atrasados del PRD, esos que se identifican con los señores Fernández Noroña, René Bejarano y Martí Batres -y de ese invento de político de izquierda que es el señor Leonel Cota, provocador de derecha salido del PRI-, hayan sido precisamente los grupos políticos de los que se valió el ex candidato presidencial, López Obrador, para hacerse del control del partido, para llevar adelante su campaña presidencial y, luego del 2 de julio, para impulsar la lucha postelectoral. La táctica y la práctica de la provocación no es patrimonio de esos grupos, es una "tara" que llevan y practican todos en el PRD, pero que en momentos en que ese partido alcanzó sus máximos electorales, el mayor número de posiciones en el Congreso y puestos de gobierno, esa práctica se convierte en uno de sus más peligrosos activos, porque hace ver al PRD no como un partido político capaz de superar con ideas, crítica, autocrítica, cambio de estrategias y propuestas sociales, sus frustraciones político electorales, sino como un partido de resentidos que lo único que busca es el camino contrario, impedir el flujo natural de ideas, sean o no adversas; de la saludable crítica y de la indispensable autocrítica. PRD: nadie supo y nadie vio ¿Cuál es el mensaje que envía, dentro y fuera de sus fronteras, un partido que lanza a sus provocadores contra aquellos que piensan distinto, que insultan a los que cuestionan a su líder, que impiden el debate y la crítica respecto de la conducta del mesías que, bien o mal, documentan errores políticos y estratégicos que provocaron la derrota electoral? ¿Qué clase de partido es ese? ¿Qué clase de izquierda es esa? ¿Esa es la democracia que lleva en sus siglas el PRD? ¿Quién está detrás de esos provocadores? Nadie se ha deslindado, en todo el PRD, de los actos de vandalismo y provocación, de la moderna invitación a quemar libros y censurar ideas; nadie se atreve a alzar la voz contra esos grupos que mediante el vandalismo y la provocación cancelan las ideas que no sean las de ellos. Y nadie en el PRD se atreve a alzar la voz, porque todos en ese partido saben que ese grupo de provocadores es patrocinado por el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Dice Rascón en su texto: "En todo conflicto es fundamental identificar al que busca la unidad, fortalece, democratiza y hace de cada decisión un acto colectivo en amplias estructuras. Para el político democrático se trata de convencer y dar razones, hacer pensar y generar convicciones, no actos de fe. Un radical organiza contingentes de ciudadanos concientes, un provocador forma grupos de choque". ¿Cuál es el mensaje? ¿Dónde están los intelectuales de la izquierda para explicarle a la sociedad lo que está pasando? ¿O es que también creen que esas expresiones políticas casi fascistas son la expresión de los radicales deizquierda? El mensaje es claro para aquellos que quieran verlo y escucharlo; el PRD se embarcó en su lucha por el poder, no con un demócrata, no con un líder que tiene en la democracia y en el saludable radicalismo sus instrumentos de lucha, sus banderas, sino con un provocador para el que la democracia, la legalidad, la institucional nada importa, y que pretendió el poder a costa de lo que fuera, incluso la doctrina y los principios de la izquierda; principios que, hay que decirlo, no son propiedad de unas siglas como las del PRD, sino de sectores cada vez más amplios de la población. La izquierda que reclama el PRD como patrimonio, esa que utilizan sus sectores más atrasados, sus piquetes de provocadores para callar las voces disidentes, en realidad está cada vez más lejos de las siglas del PRD y, paradojas aparte, cada vez más cerca de aquellos sectores sociales que se reclaman como apartidistas y que entienden que la lucha política, ideológica y electoral ya no está en esa trinchera llamada PRD, sino que prefieren la barricada, por ejemplo, de la crítica y el análisis. Pero se debe insistir: ¿dónde están los intelectuales que apostaron por AMLO? ¿Dónde está la crítica, la autocrítica, el análisis serio, imparcial, desapasionado, sobre el papel del PRD, de AMLO, de sus provocadores? ¿Cuántos de ellos han sido víctimas, incluso, de esos fanáticos? Para muchos de esos intelectuales el señor López Obrador sigue siendo el mesías, el infalible, el hombre que no cometió errores y que fue víctima de las perversidades del poder, de la extrema derecha y de los dueños del dinero. Y no sólo lo piensan; lo dicen y lo escriben. Trabajar para el enemigo Pocos entienden que, en el fondo, la proliferación de la cultura de la provocación, de esa insensatez de callar mediante el vandalismo y la provocación la disidencia y las opiniones contrarias a lo que ellos piensan y creen -siempre en torno a López Obrador-, no es más que el regreso a lo más cuestionable del viejo PRI autoritario, antidemocrático, que censuraba las voces disidentes de izquierda en los años 60, 70 y 80 que combatió esa izquierda. Es decir, desde esa pretendida izquierda, se reedita lo más cuestionable de la derecha priísta, emparentada con la cultura fascista de callar y eliminar al enemigo, al que piensa distinto, al que cree y ve otra realidad. No creer en el cuento del fraude, en la persecución contra AMLO, en las mentiras del cerco informativo, es igual, para ese sector del PRD, que ser traidores a la izquierda, a las causas populares, y es igual a ser eliminado y callado. Dice Norberto Bobbio que, entre otras, son características del fascismo: "Una ideología fundamentada en el culto al jefe, en la exaltación de la colectividad nacional y en el desprecio de los valores del individualismo liberal... un aparato de información fundado en el control de la información y de los medios de comunicación". ¿Qué es lo que estamos viendo entre esos grupos de provocadores afines a AMLO, cuyo centro de argumentación y defensa es AMLO? ¿Qué significa el eslogan: "Es un honor estar con Obrador"? ¿Qué no la izquierda tenía en el rechazo al culto a la personalidad, una de sus banderas fundamentales? Los signos de una tendencia fascista aparecen en esos sectores de provocadores que se han dado a la tarea de "reventar" actos en los que se cuestiona a AMLO, entre quienes insultan y callan a los que creen o piensan que no existió fraude, entre quienes envían decenas, cientos, miles de correos electrónicos insultando a quienes piensan, creen o escriben distinto a los que piensan, creen o escriben que existió un fraude malévolo que le quitó el poder a AMLO. ¿Qué es eso, sino un signo de intolerancia, antidemocracia y hasta señales de fascismo? ¿Y dónde están los señores intelectuales de la izquierda, que apoyaron a AMLO, y que guardan silencio frente a esas expresiones? ¿Acaso la pasión pesó más que la razón? El problema de fondo, sin embargo, no son ni los provocadores ni los patrocinadores de esa provocación. Bueno, el problema no está siquiera en los intelectuales que cierran la boca, los oídos y se dan la media vuelta. No, el problema es que la derecha y la extrema derecha están de fiesta, porque los provocadores de la izquierda, esos que patrocina el señor López Obrador y que no escuchan ni ven los intelectuales de la izquierda, le hacen el trabajo sucio a la derecha. ¿Qué no eran la derecha y la extrema derecha los que prohibían libros, los quemaban, insultaban a los disidentes, a los que pensaban distinto? La izquierda partidista, el PRD, su mesías, López Obrador, son los únicos responsables de que esa expresión de izquierda que hace 18 años nació como la gran alternativa de cambio y como la alternativa al PRI y al PAN, hoy sea el peor enemigo de la izquierda. Y ni modo, que con su pan se lo coman. En el camino Y a propósito de guerras intestinas, resulta que el alcalde de Puebla, ex rector de la Universidad Autónoma de Puebla, Enrique Doger, se encuentra metido en un escándalo que alcanza a Alberto Ventosa y Arnoldo Ríos, a quienes se acusa como presuntos responsables de lavado de dinero del ex rector. Dicen los que saben que Alberto Ventosa tiene cuentas bancarias para desviar recursos económicos a bancos en San Antonio. El asunto ya se investiga. aleman2@prodigy.net.mx
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