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´Non grato´
El presidente Bush viaja esta semana a América Latina, región por él ignorada por seis años y maltratada sistemáticamente El presidente George W. Bush es realmente un cínico o su memoria es bastante corta. Después de casi seis años de negligencia hacia América Latina, de una ausencia de política exterior a la región, y de mayores medidas policiales y militares contra millones de indocumentados mexicanos y centroamericanos, este lunes afirmó ante la Cámara Hispana de Comercio en Washington, en vísperas de iniciar un viaje de una semana por el hemisferio, que esa región está unida a Estados Unidos por "intereses compartidos y vínculos crecientes" que han ayudado a la paz y la prosperidad. El señor Bush debe estar pensando en otra América Latina, porque en la actual lo desprecian. Bush viajará a Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México desde este jueves para múltiples propósitos de opinión pública porque, en el fondo, poco tiene que ofrecer un presidente al que se le está esfumando cada vez más el poder, a quien le están creciendo escándalos políticos y legales como el llamado Plamegate, al que repudian masivamente en la región -85% lo detestan en Brasil y 80% en México, por citar a los países latinoamericanos más grandes-, y que tiene cada vez más gobiernos antagónicos que le adjudican los precarios resultados para millones de latinoamericanos del modelo económico neoliberal. América Latina, pese a todo, es en este momento la zona menos hostil para el presidente de Estados Unidos. No obstante, decenas de miles de policías y soldados lo van a cuidar durante una semana en esas cinco naciones, que en realidad le están haciendo el favor al señor Bush de recibirlo para que escape, aunque sea momentáneamente, de los problemas torales que lo aquejan. Pero, ¿a qué viene? Fuera de un poco de cariño y palmadas en la espalda, típico de la cortesía tropical latinoamericana donde los mandatarios ni lo escupirán ni nadie le pondrá bombas (reales) en el camino, no hay mucho en la agenda. De hecho, como en el caso mexicano, los equipos de ambas naciones que trabajaron la agenda tuvieron dificultades para incorporarle aspectos de peso. Funcionarios que vieron el borrador de la agenda dijeron que no hay nada memorable ni digno de dejar impresión alguna. Inclusive, ni siquiera en el tema de la seguridad, preocupación prioritaria para Washington, se encontraron puntos finos que permitieran esbozar el futuro, en la materia, entre los dos países. Discursos con sólidos sound bites sobre migración se están cocinando, y algunos nuevos puentes fronterizos que quiere pedirle el presidente Felipe Calderón. Buenos propósitos e intenciones de ayuda regional marcarán la gira de Bush, pero muy tarde y políticamente insuficiente. Tuvo seis años para hacer algo y no lo hizo. En los menos de dos que le quedan, ¿qué va a hacer? Para efectos prácticos de política, le queda sólo este año para hacer algo, porque a partir de enero próximo arrancan las campañas presidenciales y toda la atención y las energías se transferirán a los precandidatos. Es un lame duck (pato cojo), como le llaman a los funcionarios en funciones pero sin poder real. Si tuviera fuerza, algo estaría en condiciones de concretar, pero no la tiene. Su nivel de aprobación se encuentra en la parte baja de 30%, sólo comparable al de Richard Nixon tras el escándalo del Watergate. Al comienzo de su segundo periodo en 2004, un sondeo informal conducido por la History News Network, que es una organización apartidista, encontró que 81% de los historiadores consideraban su gobierno como "un fracaso" y 12% lo llamaron, sin reservas, el peor presidente en la historia de Estados Unidos. Ningún presidente que se haya reelecto en ese país había tenido un desplome de popularidad tan grande como Bush, que se fue de 90% tras los ataques terroristas de 2001 en una picada de 60 puntos. Bush es asumido como un presidente que, tras los atentados, logró una mayoría contundente en el Congreso para una serie de iniciativas y políticas que resultaron absolutamente desastrosas, y que dividieron al país. No conforme con ello, dividió al mundo. En Bagdad, por ejemplo, donde chiítas y sunitas vivían en cierta armonía, la ciudad se ha fragmentado y creado zonas exclusivas y excluyentes, regresando a los peores momentos de la guerra civil en los Balcanes, cuando Sarajevo estaba totalmente dividida y había amplias zonas que eran de nadie y por donde nadie pasaba, como lo reseñó un amplio reportaje el domingo pasado The New York Times. En Afganistán se ha rearticulado Al-Qaeda y los talibanes, en buena parte porque Estados Unidos, alienando a sus aliados, les ha generado nuevos apoyos a las fuerzas que están en guerra contra Bush. Sus aliados en sus aventuras bélicas están dando pasos acelerados hacia atrás, dándose cuenta de que se encuentran en un callejón sin salida donde no quieren adentrarse más. En la América Latina que visitará, las políticas globales excluyentes de un imperio en decadencia han generado una repulsa generalizada. El abandono hacia la región ha venido acompañado con una crisis de la globalización, donde la apertura de los mercados y la ola de privatizaciones no derramaron sus beneficios a las poblaciones. Todos los tratados de libre comercio beneficiaron a los grandes capitales, pero poco hicieron por las sociedades en su conjunto, mientras que el Consenso de Washington, que marcó el camino hace más de una década por donde deberían de transitar las naciones de la región, se hundió. Entre 1960 y 1980 la región creció en su conjunto 75%, pero en los 20 años posteriores del neoliberalismo, apenas alcanzó 7% de crecimiento. Desde hace cinco años el Banco Mundial alertó a los países ricos de esa tendencia negativa, que podría tener consecuencias, pero no le hicieron caso. El problema, como describió un amplio ensayo en la revista Foreign Policy en su edición de enero-febrero de este año, no fue la globalización en sí misma, sino la prominencia de Estados Unidos, donde la unipolaridad dañó todo el sistema de relaciones económicas. A Bush poco le importó esa tendencia, y las consecuencias se materializaron: emergieron gobiernos populistas en la región que alentaron las expectativas de pueblos terriblemente sometidos. ¿A qué viaja Bush a América Latina? A nada. Demasiado tarde para una reconciliación con la región. Ni está en su ánimo, ni está en sus posibilidades políticas. Bush no es un presidente bienvenido en la región. Más aún, por sus políticas mundiales, por su desprecio hacia América Latina, por su insensibilidad hemisférica, debía ser considerado, cuando menos moralmente, como una persona non grata para los mexicanos, cuando menos, y para los latinoamericanos en su totalidad. Nota: En la columna del viernes pasado, "Embajadores junior", se publicó erróneamente que Jorge Guajardo, cónsul de México en Austin, había trabajado en Cemex. Quien es funcionario de esa empresa es Jorge Guajardo Touché. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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