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Atrévete a expresar la voz de tu conciencia
Desarrolla el sentido de la autocrítica para que logres soluciones más prácticas y eficaces en todos aspectos. Leer es comprender el verdadero significado de las palabras y hablar es usar adecuadamente el lenguaje. Escribir no se limita a poner la fecha, nombre y firma en un documento; ni escuchar tampoco es la vibración que resuena en el tímpano. Aunque no tengas grandes conflictos, siempre hay algún sentimiento que no has digerido y guardas en el inconsciente. Vivimos paranoicos de ser lastimados, desconfiamos de las personas que nos rodean, por eso restringimos el acceso a cierta información. La única persona a quien no debes ocultar nada eres tú. Curiosamente todos tenemos un monólogo interior, una voz que nos habla con la verdad y es muy clara en sus mensajes, pero nuestros oídos temen percibirla porque nos enfrenta con nuestros errores. La comodidad que brinda la monotonía nos impide modificar los planes que tenemos. Nuestro ego traicionado nos resultaría inconveniente porque implica renunciar a una recompensa pasajera. ¿Cómo expresar esa voz sin hacer ruido? El secreto es escribir. Parece complicado al principio pero es muy sencillo una vez que imprimes las primeras palabras y dejas fluir el pensamiento. La existencia de los diarios a través de los siglos es un método de creación que algunos escritores y filósofos han necesitado para expresar su intimidad con libertad. Escribir es una experiencia personal capaz de retratar el alma, lo que mueve a nuestra persona, quienes realmente somos, más allá de lo que refleja un simple espejo. Es una forma que permite el desahogo de nuestros sueños y alegrías. Vierte tinta en un papel, en lugar de lágrimas, permite que se mezclen para que dejes testimonio de tu pensamiento. Después podrás compartirlo con tus seres queridos, de quienes esperas comprensión. Hay traumas que se quedan enquistados por muchos años ocasionando enfermedades. De alguna manera los tenemos que liberar. Nos avergonzamos de nuestra naturaleza humana y preferimos callar, pero tenemos la alternativa de manifestarla por escrito. Sacude aquello que te produce sufrimiento, después guárdalo en un lugar seguro, rómpelo o quémalo, siente cómo se transforma en energía positiva. Conforme logres aceptar el presente, dejarás espacio para llenar el futuro nuevamente pero con mayor responsabilidad y madurez. Narrando nuestra vida cotidiana encontraremos el sentido a los detalles y su valor. No hemos aprendido a conocernos, basamos nuestra realidad en lo que dicen los otros. Si nos atreviéramos a ser directores de nuestra propia película, a dirigir las decisiones del protagonista como nos gustaría que actuara en la historia y resolviera sus conflictos; como si fueran ajenos; tendríamos desarrollada una habilidad que supera cualquier profesión: el sentido de la autocrítica. lahojaenblanco@gmail.com
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