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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
05 de marzo de 2007

PRI: última llamada

Beatriz Paredes aspiraría a la construcción de un liderazgo político y social, por encima de un cargo de elección popular

N adie duda que la señora Beatriz Paredes -desde ayer presidenta del PRI- es uno de los productos más acabados del casi octogenario partido. Militante desde sus mocedades, inteligente y estudiosa, colocada a la izquierda del priísmo, poseedora de una sólida cultura política y alejada de los grandes escándalos de corrupción que caracterizaron al partido surgido de la Revolución Mexicana.

Pero sobre todos los adjetivos, Paredes lleva tatuado al PRI en los huesos. Es una mujer convencida de la historia y herencia de su partido, y en momentos de crisis, como éstos, se dice dispuesta a no dejar pasar la ocasión para su rescate. Acaso por eso, durante el discurso que pronunció ayer al asumir las riendas del PRI, acuñó una frase que podría marcar su gestión: "El cambio y la continuidad".

¿Qué significa esa frase, contradictoria en apariencia? Para tratar de entender su significado habrá que recordar que desde hace años la señora Paredes pudo mudar de partido, sobre todo a la corriente de izquierda que desde hace casi dos décadas se gestó en México a partir del más importante desprendimiento que sufrió el PRI. A lo largo de esos casi 20 años, las "alforjas" de la ex gobernadora de Tlaxcala eran un pasaporte seguro a esa izquierda. Ya en el gobierno de Fox, y ahora en el de Calderón, la derecha gobernante reclamó sus servicios, a lo que también se negó. Bueno, incluso luego del escandaloso robo que hizo presidente del PRI a Roberto Madrazo -en 2002-, Beatriz Paredes se mantuvo en el PRI, decidida a dar la lucha intramuros.

La "continuidad" a la que parece referirse se explicaría, de ese modo, como el rescate de las raíces sociales de la gesta revolucionaria que dio origen al PRI. "Las causas de las mayorías y una agenda social contemporánea", dijo, serán la guía del PRI del nuevo siglo. Pero resulta que esas son las mismas causas que dieron origen al PRI. A su vez, el "cambio" que propone parece la jubilación de ese PRI entendido sólo como monopolio del poder -centro de todo tipo de corruptelas-, para dar paso a su "cuarta etapa", la de un partido verdadero, competitivo, en donde la democracia interna sustituya al "jefe máximo", y el ideario social sea el cemento unificador. Casi nada, la construcción de un verdadero partido.

Parece que Paredes entendió que el PRI está muy cerca de la "última llamada". ¿Habrá quien dude que la tlaxcalteca no tiene ambiciones presidenciales? Seguramente nadie lo duda. Pero aquí es donde aparece el hilo fino del asunto. La nueva dirigente del PRI se comprometió a que no usaría su cargo como plataforma presidencial. Esa declaración, a la que habrá que creerle a partir de la probada honestidad política de la nueva dirigente, coloca al PRI de Paredes -después de siete años de haber perdido el poder presidencial- en ruta de recuperación. ¿Por qué? Por eso, porque el PRI vive la "ultima llamada", y sólo recuperará su fuerza como alternativa de poder, en la medida en que sus dirigentes se conviertan en arquitectos de una remodelación real y en custodios del ideario social.

Es decir, Paredes aspiraría a la construcción de un liderazgo político, partidista y social, por encima de las baratijas de un cargo de elección popular. Por eso habría llamado a la unidad y a impedir "la balcanización" del PRI. Y es que un PRI fracturado en tantos partidos como gobiernos estatales o centros reales de poder -como las posiciones en el Congreso-, más que aglutinado en torno a reglas democráticas y principios sociales, sólo está destinado a la extinción. Pocos quieren entender que la del PRI ya es una especie política en extinción -en la de por sí depredada pradera electoral mexicana-, que no tiene otro futuro -además de la extinción definitiva- que dar un salto evolutivo que lo capacite para la supervivencia y la posterior repoblación.

Nadie sabe si Beatriz Paredes será capaz de tamaño cambio evolutivo en el viejo PRI -el tiempo y los resultados mostrarán sus capacidades reales-, pero por lo pronto puso en el tablero del ajedrez político un movimiento nada fácil de responder. Por un lado el PRI de Paredes le arrebatará a la izquierda las banderas sociales -que en realidad eran estandartes del PRI de origen-, y por el otro establecerá un principio de acuerdo, con aquel que quiera caminar por el sendero propuesto por el PRI, en la llamada reforma del Estado.

Paredes dijo que su partido, es decir, su gestión, "está comprometido con la reforma del Estado" -esa reforma que salió de la oficina del jefe de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones-, pero impuso condiciones, por lo menos al gobierno de Calderón: "No partidizar el ejercicio de la administración pública", no usar a los delegados federales, en las entidades del país, como delegados del PAN frente a los gobernadores del PRI.

La señora Paredes movió sus piezas, dentro y fuera del PRI, y pronto se verá la respuesta de los adversarios, del gobierno de Calderón y de las muchas expresiones de poder que cohabitan en el PRD. Sin el PRI, vale recordarlo, no es posible reforma alguna en el Congreso, pero también es cierto que vive la "ultima llamada" y está obligado a las reformas. Claro, si lo suyo es la supervivencia. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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