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Embajadores junior
Ante la debilidad de la canciller Patricia Espinosa, una serie de imposiciones están llegando a ocupar cargos estratégicos de embajador El ataque panista sobre la secretaria de Relaciones Exteriores sigue su curso. Le están marcando sistemáticamente la agenda a la canciller Patricia Espinosa, quien pareciera no tener margen de maniobra. Luego que le impusieron a Jorge Goicoechea como embajador en Canadá, ahora le plantan encima un empresario barnizado de diplomático como embajador designado en China. Al igual que Goicoechea, quien ya fue ratificado por el Senado, tampoco tiene base alguna que soporte su designación. Pero no parece importar. En el Senado, la fracción priísta decidió meterse en la cama con el gobierno de Felipe Calderón, cuando menos en este tema, y está arrastrando al resto de la oposición, incluido al PRD. Goicoechea es un caso indigno para la oposición en el Senado, pues es resultado de una negociación directa y personal entre el presidente Calderón y el coordinador priísta Manlio Fabio Beltrones. Desde enero, cuando compartieron mesa en una comida con el cuerpo diplomático mexicano, Calderón le pidió que aprobaran a Goicoechea, semanas después que el nuevo mandatario lo había congelado. "Cambiaron de lugar las calabazas", le dijo a Beltrones, quien le respondió a Calderón si realmente deseaba que lo aprobaran. En la afirmativa presidencial, Beltrones negoció el sacrificio de Carlos Hurtado, propuesto para vicegobernador del Banco de México, quien debía viejas facturas con los senadores, de cuando fueron diputados muchos de ellos y enfrentaron una controversia constitucional que les promovió el entonces subsecretario de Hacienda y elevó el gasto corriente en casi 75%. Ahora les vendrá la secuela panista. Relaciones Exteriores está preparando el envío de Jorge Guajardo, cónsul de México en Austin, como el próximo embajador en China. Guajardo es un miembro activo del PAN, uno de cuyos gobiernos en su natal Nuevo León lo tuvo como coordinador de prensa. Bien formado en Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown y con una maestría en Políticas Públicas de Harvard, el entonces secretario Luis Ernesto Derbez lo envió a Austin en abril de 2005, incorporándolo fast track al Servicio Exterior desde su cargo, en ese momento, de director de Comercio Internacional de la multinacional cementera Cemex. Miembros del Servicio Exterior recuerdan que la razón por la que Derbez lo envió a Austin fue que él quería un cargo diplomático, pero no muy lejos de Monterrey. China sí está lejos geográficamente hablando, pero muy cerca por cuanto a cercanía estratégica. Guajardo es también un cabildero con experiencia. Trabajó con la empresa Hill and Knowolton en México, y con Burson Marsteller en Washington. A China no podrá ir en su avión particular como lo hacía entre Austin y Monterrey, pero la gran diferencia se encuentra en las entrelíneas del cargo. Cemex, su empresa mater, está abriendo nuevos mercados en China, cuya economía ha tenido boyante el comercio del cemento y del acero en los últimos años por su dinámico sector de la construcción. ¿Será esta la razón principal por la que se le ocurrió a Guajardo mudarse a Pekín? Es una pregunta que habrá que hacerle, toda vez que en el contexto actual, los únicos que parecerían beneficiarse de esa designación son los ejecutivos de Cemex, que tendrán a un cabildero ex empleado de ellos operando las relaciones diplomáticas y económicas con el país de mayor puja en el mundo. La designación de Guajardo pasa por encima de varias figuras que estaban interesadas en el puesto. Uno es el embajador de México en Sudáfrica, Mauricio de Maria y Campos, viejo conocedor de China desde que tuvo a su cargo, en la subsecretaría de Comercio en el gobierno de Miguel de la Madrid, todo el diseño de la política industrial, trabajo que le mereció, años después, que fuera electo director general de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. Otro es Cassio Luiselli, que fue el primer embajador mexicano en Sudáfrica y que es uno de los expertos nacionales en asuntos urbanos y climáticos. Cualquiera de los dos habría sido un gran reemplazo para el embajador Sergio Ley, un hombre de gran talento, fluente en mandarín, que se jubiló en enero. El nombramiento de Guajardo es una incógnita, salvo por el hecho concreto, pero poco visible, de que el PAN se está haciendo de embajadas, en detrimento del Servicio Exterior y de una visión de Estado de la política exterior. La canciller Espinosa es lo suficientemente débil para poder enfrentar la embestida, y donde pudieran ejercer el contrapeso, el Senado, las componendas del PRI con el gobierno, o específicamente de Beltrones con Calderón, no están haciéndole ningún bien a ese campo que se abandonó durante varios lustros. La manera como les resbaló la vergüenza a los senadores para aprobar el nombramiento de Goicoechea, es un botón de muestra. Fuera de la visión del público, se dio la marginación total de la presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, la priísta Rosario Green, quien 48 horas antes de que se le diera luz verde al nuevo embajador en Ottawa, estaba convencida de que el nombramiento se había congelado. A sus espaldas negoció Beltrones con el gobierno y el PRD. Peor aún, la ex canciller Green fue sujeto de una burla por parte del PAN, en particular de la senadora a cargo de las relaciones internacionales en la Cámara Alta, Adriana González, quien le dijo que ella sólo sería figura de protocolo -podría leerse de pacotilla-, pues las definiciones las realizarían los panistas al grado de pensar en la creación de un Instituto de Política Exterior. Green se quejó con Beltrones quien, como compensación del daño que le infligió al eliminarla de la toma de decisión final sobre Goicoechea, la arropó para que el PAN no terminara de arrollarla. Pero eso es anecdótico. En el fondo, el PAN está imponiendo a quien desea en los cargos diplomáticos que quiere. Goicoechea fue el primero relevante -aunque no hay que olvidar el nombramiento de un ambientalista para la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Homero Aridjis-, al que cedió Beltrones con el argumento de que era una ficha menor, como si la relación con el segundo socio comercial del TLC y miembro permanente del G-7 fuera irrelevante. Guajardo es el siguiente que les pedirán que se los cocinen a modo. Pero, si Canadá es altamente importante, China es estratégicamente vital. ¿Está preparado Guajardo para el imperio emergente? Que lo demuestre en el Senado. ¿No es un hombre de Cemex para vigilar los intereses empresariales del conglomerado? Que lo aclare. Él tendrá que ser sometido y demostrar que no es otro embajador junior. Pero el Senado deberá cumplir con su trabajo y dejar de pensar que las cosas importantes son sólo aquellas donde quieren cobrar todavía las facturas del 2 de julio. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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