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La (otra) guerra del Golfo
La operación nacional contra el narcotráfico y la extradición de Osiel Cárdenas dejaron sin jefe al cártel del Golfo "Pensé que iba a morir", resumió el diputado federal del PRI Horacio Garza Garza cuando vio sus zapatos metidos en un charco de sangre y sin saber cuántos balazos había recibido de unos sicarios que interceptaron su automóvil para ejecutarlo. Tres impactos pegaron en su cuerpo, uno de ellos a milímetros de la arteria aorta. Su chofer no tuvo la misma suerte: murió en el atentado. Al provenir de una ciudad donde todo lo que sucede huele a narcotráfico, rápidamente realizó un control de daños para evitar que circularan las especulaciones. A cuanto medio le solicitó entrevista, declaró que él no estaba involucrado en el narco. El atentado llevaba la firma de Los Zetas , de pocos disparos pero letales; aun así, las averiguaciones continúan para saber qué pasó realmente. Garza Garza fue dos veces presidente municipal de Nuevo Laredo sin que se tenga en la memoria públicamente documentada indicio alguno de malos pasos. Al contrario. En los archivos de la prensa de la época se consignan sus denuncias contra el narcotráfico y sus exigencias para actuar contra ellos. Sabe de lo que habla. En su segundo periodo, de 1999 a 2001, se detuvo a Gilberto García Mena, El June, uno de los lugartenientes de Osiel Cárdenas, durante una operación militar en Guardados de Abajo, un municipio contiguo a Nuevo Laredo donde la PGR incautó varios videos de fiestas en los que aparecían funcionarios locales y estatales departiendo con los narcos. En ese mismo lapso, Los Zetas, el brazo armado del cártel del Golfo, peleó con "cuernos de chivo" y bazucas en las calles de Nuevo Laredo contra la organización de Los Texas por el control de la población. En el primer intento, Los Zetas tuvieron que ser rescatados por la Policía Municipal; en el segundo, aniquilaron a sus rivales. Desde entonces, Nuevo Laredo se convirtió en una plaza bajo el dominio del cártel del Golfo. No es un lugar fácil de conquistar. De hecho, fue el último punto de la frontera norte tamaulipeca en ser controlado por ellos, y se ha caracterizado por ser un punto en permanente rebeldía. El atentado contra el diputado Garza Garza parece inscribirse en esta misma lógica, por el control del cártel del Golfo tras la reciente extradición de Cárdenas a Estados Unidos. ¿Qué le hizo el diputado al cártel del Golfo? No saben aún las autoridades. Lo que sí tienen, como principal hipótesis, es que el autor intelectual del atentado es Miguel Treviño, el principal sicario del cártel después de que dominara la plaza. Treviño es una de las piezas dentro de la estrategia territorial que ha tenido el cártel del Golfo desde que, en sus orígenes en los 60, Juan Nepomuceno Guerra se dedicaba al contrabando de licor y de electrodomésticos que terminaban en los mercados de consumo del Distrito Federal y Monterrey. Con la llegada de su sobrino, Juan García Ábrego, la línea de negocios se mudó hacia el tráfico de drogas, particularmente las rutas de distribución y comercialización de cocaína que compraban en Colombia. A diferencia de los otros cárteles mexicanos que eran puramente transaccionales, el del Golfo fue creando núcleos de impunidad en Reynosa, Matamoros y finalmente en Nuevo Laredo, donde controlaban todo lo que sucediera. Cárdenas, el heredero de García Ábrego, se convirtió en el capo más inteligente y sanguinario en una generación, elevando la capacidad de fuego de los narcotraficantes con el reclutamiento de tropas de élite del Ejército mexicano como brazo armado del cártel. Fueron Los Zetas. La extradición de Cárdenas sacudió profundamente las estructuras internas del cártel del Golfo, al que dirigía desde su celda en una prisión de máxima seguridad en el estado de México. Desde ese encierro había sido capaz de mantener la estructura operacional en las zonas calientes del narcotráfico mexicano. Sus lugartenientes expulsaron a los Beltrán Leyva de Tamaulipas y lograron mantener a raya al cártel de Sinaloa en Michoacán, y en toda la región de la Costa Grande de Guerrero, controlando Lázaro Cárdenas, Michoacán, y perfilándose hacia Salina Cruz, Oaxaca, donde aún no se dan combates por la plaza. No es casualidad que estas zonas, junto con Tijuana, la costa de Quintana Roo, Campeche y Tabasco, los puntos de mayor actividad del narcotráfico, sean donde se enfoca la operación policial y militar del gobierno. Esta pinza de acciones contra las redes regionales de los cárteles y las extradiciones dejaron mal parado sobre todo al cártel del Golfo. Por un lado se quedó acéfalo en las últimas semanas, y el atentado al diputado Garza Garza refleja un déficit de autoridad. La iniciativa de Treviño, leal a Cárdenas, demostró, para las autoridades, un irrespeto a la jerarquía de sus posibles sucesores, al aparecer como una acción unilateral. De acuerdo con las autoridades, el liderazgo del cártel del Golfo se está disputando entre Heriberto Lazcano, el jefe de Los Zetas, y Jaime González Durán, a quien apodan El Hummer, quienes han sido lugartenientes eficaces de Cárdenas. La rebeldía de Treviño es uno de los varios síntomas que ya comienzan a evidenciar la desarticulación en la organización. El otro efecto de la operación gubernamental es que las erradicaciones de cultivos, los decomisos de vehículos y armas y la detención de capos de segunda monta -que operaban para sus jefes esas zonas-, sí han impactado en los sistemas de logística de los cárteles. Les ha reducido el flujo de dinero, con lo cual su capacidad operacional se ha disminuido. Menos recursos significan que la capacidad de fuego a nivel de armas y municiones, y la disponibilidad de personal para las acciones, se ha visto severamente reducido. En el caso del cártel del Golfo, sus sicarios se han tenido que mudar a otro tipo de actividades ilícitas, como los secuestros y robos, así como involucrarse en otros negocios en Tampico y Ciudad Victoria -que estaba muy alejada del narco-, donde las prostitutas ya tienen que pagarles una cuota. El atentado al diputado Garza Garza, si se observa el gran contexto en el cual se desarrolló, apunta a la descomposición de uno de los dos grandes cárteles del país derivado de la lucha por el liderazgo entre dos fuerzas asimétricas. Lazcano, de acuerdo con las autoridades, no tenía toda la confianza de Cárdenas, pero González Durán, que sí la tenía, no tiene su capacidad de fuego. El tercer elemento lo dan sicarios como Treviño, que no les reconocen liderazgo y que pueden optar por buscar una vía independiente o vincularse a otro cártel. La extradición de Cárdenas galvanizó las contradicciones en el del Golfo que pudieran terminar con una implosión. Si esto se da, el gobierno calderonista podrá adjudicarse un gran éxito en esta campaña contra el narcotráfico. Si no es así, no se deberá traducir como una gran derrota para el gobierno, sino como una desgracia para el país. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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