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Fox: el tonto del pueblo
Acaso sea tiempo de que los aspirantes presidenciales sean sometidos a un examen de coeficiente intelectual Es probable que tenga razón el señor Andrés Manuel López Obrador cuando dijo, en Veracruz, que Vicente Fox "es el presidente más tonto que ha tenido México en toda su historia". Un tonto que, desde 1997, rompió las reglas escritas y no escritas del sistema político mexicano para postularse desde el gobierno de Guanajuato como el más aventajado precandidato presidencial. Que envolvió y hasta engañó a la siempre inteligente izquierda mexicana que lo apoyó con el "voto útil". Que con su lenguaje del "cambio" engatuzó a la mayoría de los electores en la contienda de julio de 2000, y que luego de esa elección alcanzó el impensable "bono democrático" de ocho de cada 10 mexicanos. Un tonto que contra viento y marea no entregó el país en quiebra económica, como los inteligentes priístas Carlos Salinas, Miguel de la Madrid y José López Portillo. Un tonto que con sus torpezas persecutorias como "el desafuero", hizo crecer hasta las nubes la candidatura presidencial del propio López Obrador, que hizo un cuestionado gobierno en casi todos los campos de su responsabilidad, que pretendió imponer a su candidato presidencial, al señor Santiago Creel, pero que fue derrotado por su odiado impugnador de siempre, Felipe Calderón. Un tonto que, aun con todas sus torpezas -y declarado por él mismo-, ganó en dos ocasiones la contienda presidencial, en los años 2000 y 2006. Sin duda que ese tipo de tontos son "un peligro para México", y acaso por eso sea tiempo de que los próximos aspirantes presidenciales sean sometidos, por mandato constitucional, a un examen no sólo de habilidades generales, sino de coeficiente intelectual y hasta de salud mental, para evitar que otro tonto como ese alcance el más importante cargo de elección popular. Para que en el futuro a los mexicanos no los gobierne otro tonto del pueblo. Pero resulta igual, o hasta de un mayor grado de tontería, la declaración del jefe de Los Chuchos perredistas, el señor Jesús Ortega -y delirantes publicaciones que lo secundan-, cuando dice que frente a las perversidades de Vicente Fox, "el gobierno de Luis Echeverría fue un juego de niños". ¿Quiere decir la declaración que, frente al de Fox, fueron mejores los gobiernos de Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo y Carlos Salinas? ¿Quiere decir la declaración de Jesús Ortega que el criminal gobierno de Echeverría -y su paso por la Secretaría de Gobernación en el de Díaz Ordaz- fue mejor que el de Fox? ¿Son iguales Fox y Echeverría? ¿Lo dicen en serio? Si es en serio, entonces deberemos entender que para esa izquierda mexicana, de la que forman parte los señores López Obrador y Ortega, sería preferible regresar a los gobiernos autoritarios, despóticos, criminales, nada democráticos, de poder vertical y reinados sexenales; al priísmo de libertad de expresión amordazada, de sometimiento de medios y despóticos golpes de mano a la prensa independiente, como el caso del asalto de Excélsior, en 1976. ¿Lo dicen en serio? Porque si es en serio, entonces resulta que el desafuero promovido contra AMLO, el manoseo de la elección de julio de 2006, y la supuesta o real persecución contra Napoleón Gómez Urrutia -todas ellas torpezas y abusos de poder cometidos- dejan como juego de niños a los crímenes de Estado de 1968 y 1971, a la guerra sucia desatada por los gobiernos priístas contra los opositores en los años 70, dejan como juego de "matatena", a la ruina económica a la que llevaron al país y a los mexicanos todos los gobiernos de López Portillo, De la Madrid y Salinas. Es probable que Vicente Fox sea un tonto, que su gobierno haya sido no malo, sino malísimo. Pero pretender colocarlo como un gobierno peor a los de los regímenes priístas de los crímenes de Estado, la guerra sucia y las quiebras económicas sexenales es una de las mayores tonterías cometidas por la llamada izquierda mexicana y por sus corifeos. Es una escalofriante muestra de la delgada memoria de esos actores políticos, que no recuerdan de dónde vienen y no saben a dónde van. Que invocan de manera torpe e irresponsable al pasado autoritario, criminal, nada democrático, como aspiración futura. Y así aspiraban y siguen aspirando al poder. Tan cuestionable resulta la incontinencia verbal del señor Vicente Fox como la de los señores López Obrador y Jesús Ortega. Y es que en el fondo, tanto Fox, como AMLO y su claque perdidosa parecen empeñados en convertir la política mexicana en un territorio de agravios y venganzas personales; en un juego de niños. Y en ese juego, el tonto del pueblo se burla públicamente de sus otrora adversarios, alardea que los derrotó, mientras que en ese juego infantil los derrotados responden enseñando la lengua, con escupitajos al de enfrente, con burlas que lo comparan con lo peor del barrio, y con el viejo recurso infantil: "Vas a ver con mi papá". Por eso lo demandan penalmente, en medio de un ridículo y aniñado espectáculo mediático. Aunque unos y otros saben que esa demanda no prosperará, a pesar de las rabietas en vivo y en directo. Fox y AMLO, tal para cual. aleman2@prodigy.net.mx
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