|
Michel Houellebecq: no habrá salida
Unos chavos me lo recomendaron: "Si en realidad quieres leer a un novelista actual, busca a Houellebecq". Y tienen razón. El autor se las gasta. Es, seguramente con Irving Welsh (Trainspoitting ) y Frédéric Beigbeder (El amor dura tres años ), de los que más ventanas nos abren para entender qué sucede ahora, cómo funcionan las relaciones sociosexuales, hasta dónde existe futuro o desaliento, en síntesis, cómo estamos y a qué le tiramos. Michel, el protagonista de Plataforma (Anagrama), es un tipo que trabaja sin entusiasmo, desprecia a su padre, no tiene intenciones de conseguir una pareja, va a sitios pornos como si estuviera en lugares de comida chatarra y nada le preocupa, menos porque hereda una buena cantidad de bienes y dinero acerca de lo cual no sabe -ni le preocupa- qué hacer. De repente, en un viaje a Tailandia, descubre a Valérie. La siente atractiva pero no hace el menor esfuerzo por ligársela, más bien le interesa la relación con adolescentes profesionales que no le causen dificultades. Un día reencuentra a la francesa y su mundo empieza a cambiar, desde el erotismo hasta la manera de ir planeando el futuro. Al parecer todo marcha sobre ruedas, pues la actividad de ella -promotora y administradora de turismo- posibilita que haya planes importantes, ligues desprejuiciados y hasta oportunidades de combinar trabajo y relajo. La lana que perciben ambos es lo de menos, pues los impuestos crecientes en Francia impiden que a mayores ingresos la acumulación sea muy amplia, excepto las grandes empresas y los millonarios. Pero, como siempre, algo pasa que corta las mejores expectativas y de vuelta a la normalidad de Michel: el tedio, la sinrazón de la vida, la nada, el azote, el vacío existencial. En las páginas finales, Houellebecq dice: "Se puede vivir en un mundo sin comprenderlo, basta con que te proporcione alimentos, caricias y amor". La frase muestra que las nuevas generaciones ya no desean tener una ideología o afiliarse a un partido o tratar de hacer algo importante, luminoso. Algo que confirman las más recientes encuestas. Hay decepción hacia todo por parte de los jóvenes, desánimo para enfrentar asuntos, ningún deseo que no sea de los más esenciales. Y es que el fracaso del comunismo y la imposición del capitalismo salvaje han traído la apatía general. Afirma Michel: "Hemos creado un sistema en el cual ya no se puede vivir; y lo que es más, seguimos exportándolo". Porque "si no se ha entendido el amor, ¿de qué me servirá entender todo lo demás?". Es la clave. Un individuo que vegetaba, no respetaba ni creía en sus padres, simplemente follaba para sentir algún placer, iba como zombi aprobando actividades culturales, salía de viaje para huir de sus compañeros, buscaba mujeres que no vería más, regresaba sin haber obtenido nada sustancial a cambio y de repente encuentra que con alguien puede tener proyectos, inesperadamente todo se le derrumba por azares de la vida, enfrentamientos que son más de visiones estrechas y juegos estatales. Novela sin concesiones. Abre una puerta que resulta sorprendente y dolorosa, pero que muestra la realidad de un mundo desolado, apático, ante el que millones podrán decir sin remordimiento: "Ahora comprendo la muerte; no creo que me haga mucho daño". Añadirán: "Habré sido un individuo mediocre en todos los aspectos". Y concluirán: "Me olvidarán. Me olvidarán en seguida". Porque incluso ni siquiera parientes a quienes dejarles la herencia tiene Michel. Terrible, fantástica, irreverente, pesada y maravillosa obra es Plataforma. jamelendez@prodigy.net.mx
|