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Lo más alto: Frédéric Beigbeder
Luego de sus dos grandes éxitos: 13.99 euros y El amor sólo dura tres años (ambos reseñados aquí y editados por Anagrama), Frédéric Beigbeder se arriesga a cambiar de estilo narrativo, de la forma de resolver los problemas y de la manera de atrapar al lector en: Windows on the World (misma casa impresora). No ha llegado a México, que sepamos, Último inventario antes de liquidación donde, según comentan, analiza los mejores 50 libros del siglo XX, tarea que han realizado otros en el mundo, entre ellos el mexicano Paco Prieto. En Las ventanas del mundo, como se llamaba el conocido restaurante de las Torres Gemelas que se colapsaron el 11 de septiembre de 2001 trabajaban, por cierto, una buena cantidad de mexicanos. Al parecer 18 de ellos, poblanos en su mayoría, fallecieron en el atentado terrorista que ha traído consecuencias terribles para miles de árabes y varios cientos de estadounidenses. Eso, empero, no es el objetivo del relato de Frédéric, lo importante para él es hacer el paralelismo de un padre (Yorston) y sus dos hijos que tratan de escapar como sea de la torre norte y la mirada de Beigbeder en el Ciel de París, ubicado en el piso 56 de un edificio, barrio de Montparnasse. Y el juego entre quienes están en la desesperación, aunque pensando serán rescatados porque la nación más poderosa del orbe no puede fallarle a sus nacionales -aunque sabemos que el patriotismo es la quimera para las más sucias maniobras- y las reflexiones de un escritor que hace elaboraciones a partir de múltiples lecturas trae encuentros diversos, revitalizantes, eléctricos, patéticos y hasta evocaciones de autores y citas. Recuerda B: "El 26 de febrero de 1993, a las 12:18 explotó una bomba. El sótano del World Trade Center se derrumbó. El resultado fue un profundo cráter, seis muertos y un millar de heridos". No obstante ello, jamás se tomaron las medidas requeridas para evitar otro ataque. La arrogancia al máximo que luego se transformó en manipulación para llevar a cabo la invasión a Irak. Para el autor, Nueva York es resplandeciente, admirable. Más porque, como anota, es "la ciudad donde se hablan 80 lenguas". Por ello, "las víctimas del atentado eran de 62 nacionalidades". Agregaríamos que subirse al Metro de la también llamada Gran Manzana proporciona una enseñanza formidable, pues encontramos cantantes, músicos y bailarines de varios continentes y gente leyendo diarios lo mismo en árabe, chino y, desde luego, español. Frente a ese mosaico, Frédéric dice: "El hombre no debe ser orgulloso, el hombre no debe tomarse por Dios. Dios destruiría la Torre de Babel en un ataque de ira, pero no. La palabra Babel representa a Babilonia, pero recuerda el habla (de ahí viene el verbo ´balbucear´). Pero Dios se toma venganza de una manera más retorcida y cruel, impidiendo que los hombres utilicen las mismas palabras para designar las cosas". (¡Oh, González Iñárritu!). Un Dios que nos confunde y por tanto es utilizado hasta por los sanguinarios, los extremistas, los fundamentalistas y sus oscuros deseos. México aparece en el recuerdo de William Burroughs y el homicidio de la mujer de este escritor acá. No podían faltar, en Beigbeder, las obsesiones y decepciones de las mujeres, las aportaciones de otros literatos y la situación de un mundo francamente patético, se encuentre uno en Europa o América. Con toda la erudición esta reciente novela me parece más arriesgada pero menor a 13.99 euros. jamelendez@prodigy.net.mx
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