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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
14 de febrero de 2007

Se rompe el FAP

El cemento que hizo posible esa alianza no era otro que el del oportunismo y la oportunidad electoral

En el camino

En su momento, dijimos aquí que sólo era cuestión de tiempo, que la construcción del Frente Amplio Progresista -que no es ni frente, ni amplio ni progresista- no resistiría la "prueba del ácido", entendida como la prueba del "poder". Dijimos que la alianza transelectoral que aglutinó a los partidos de la Revolución Democrática, del Trabajo y Convergencia en el FAP se rompería en cuanto estuvieran en juego posiciones de poder.

Y no pasaron muchas semanas para que se confirmara el aserto. Todos saben que el FAP decidió apoyar la candidatura de la ex panista Ana Rosa Payán al gobierno de Yucatán, y que debido a una notable incompatibilidad ideológica, un sector del PRD y de sus grupos intelectuales cuestionaron con severidad esa incongruencia. Al final de cuentas, el PRD rechazó impulsar esa candidatura. Pero también todos saben que las dirigencias nacionales del PT y Convergencia se mantuvieron como aliados de la señora Payán, a la que respaldarán en su legítima ambición de gobernar Yucatán.

Y si bien el hecho de que el PT y Convergencia hayan sostenido su respaldo a la candidatura de Ana Rosa Payán, sin duda habla bien de esos dos partidos, cuyos dirigentes habrían cumplido la palabra empeñada. Pero al mismo tiempo queda al descubierto no sólo la fragilidad ideológica de la coalición llamada Por el Bien de Todos y del Frente Amplio Progresista, sino que el cemento que hizo posible esa alianza no era otro que el del oportunismo y la oportunidad electoral. ¿Y la ideología de izquierda? Eso no le importó a nadie, ni cuando se creó la coalición, y menos cuando se le dio rostro al Frente.

Pero en el fondo nadie se puede llamarse a sorprendido. Nadie en el PRD puede reclamar al PT y a Convergencia que hayan decidido mantener su apoyo a la representante de la ultraderecha que pretende gobernar Yucatán. ¿Por qué? Porque la ideología de esos dos partidos está muy lejos de la izquierda, de la derecha y hasta del centro; porque la doctrina del PT y Convergencia era y es la del oportunismo y el pragmatismo, la del poder por el poder, la de "el fin justifica los medios".

Aun así, menudean las quejas de perredistas despechados porque el PT y Convergencia no siguieron la rectificación del PRD en lo referente a rechazar la candidatura de la señora Payán, con lo que, dicen, "se pone en riesgo la sobrevivencia del Frente Amplio". En todo caso, los que debieran llamarse a engañados serían el PT y Convergencia, porque desde la creación de la alianza Por el Bien de Todos, y luego en la ratificación del Frente Amplio Progresista, el PRD se había convertido en uno más de los partidos oportunistas.

El problema no es que al PT y Convergencia no les haya causado urticaria la alianza con una política ultraderechista como Ana Rosa Payán -a pesar de que esos dos partidos se dicen rabiosos defensores de la doctrina de izquierda-, sino que el PRD se haya aliado al PT y a Convergencia, a sabiendas del origen de esos partidos, del carácter patrimonial y nada democrático de sus dirigentes. A pesar de que en el PRD todos saben que se trata de fuerzas políticas cuya ideología es el oportunismo a secas.

¿A poco no sabían los líderes del PRD quiénes son los señores Alberto Anaya y Dante Delgado Ranauro? ¿A poco no sabían que esos dirigentes se alían de tanto en tanto con PRI, con PAN y con PRD, según sea el interés del momento, según sea la rentabilidad y las ambiciones de poder de temporada?

En el fondo, cuando el PRD incumple la alianza del FAP para impulsar la candidatura de Ana Rosa Payán, le ofrece al PT y a Convergencia el pretexto para terminar con un Frente que para dos de sus integrantes ya había perdido su razón de ser. ¿Por qué? Porque en tanto López Obrador era el líder y casi dueño del PRD, en cuanto era la más importante alternativa de poder antes del 2 de julio, era un aliado rentable para el PT y Convergencia, que se llevaron a la bolsa jugosas ganancias legislativas.

Pero siete meses después de ese 2 de julio, las alternativas de poder ya no están en la esfera de AMLO, y menos del PRD, sino en el territorio de la ultraderechista Ana Rosa Payán. Y siempre prestos a la oportunidad de poder, hacia allá se mueven los partidos de Alberto Anaya y Dante Delgado, oportunidad de la que también sacarán su respectiva tajada de poder. Y no faltarán los que en el discurso insistirán en la existencia del FAP -porque gustan del autoengaño-, a pesar que todos saben que, en la práctica, ya también se rompió esa alianza. Al tiempo.

Ahora resulta que la elección presidencial del pasado 2 de julio de 2006 no fue más que "un desquite", una venganza del ex presidente Fox contra su principal adversario, Andrés Manuel López Obrador. Como es su costumbre, como lo fue durante los pasados seis años, el señor Fox sigue con la diarrea verbal que marcó el fracaso de su gestión. Pero más allá de que regala potentes misiles a los adversarios del presidente Calderón, el señor Fox entró al terreno del peligroso enemigo del Presidente. Y ese no es un asunto menor.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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