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Cine: asunto de Estado
El insólito número de nominaciones mexicanas trasciende el ámbito del cine y a los propios Oscares. Mejor película, mejor director, mejor guión, mejor fotografía y muchas más. Nunca nuestro país ha irrumpido con tanta fuerza no sólo en el cine sino en ninguna otra manifestación artística. Es un momento inédito, incomparable y tal vez -esperamos que no sea así- irrepetible. Pero no es casual. Representa la suma de esfuerzos formidables de una pléyade de talentos autóctonos que quemaron sus naves para ir a la conquista de los procelosos mares de Hollywood. La crítica enana y chata que señala que no se trata de cine mexicano sino de películas extranjeras donde participan mexicanos es sólo una muestra más del viejo y acomplejado síndrome de los cangrejos. Sería tanto como descolombianizar al gran Gabo porque escribió Cien años de soledad en México, reclamar que Darío haya publicado en España o restarle méritos a Chavela Vargas por haber nacido en Costa Rica. Estos envidiosos suponen que los tiburones de la industria fílmica -implacables hacedores de dinero- se convirtieron de pronto en hermanas de la caridad y arriesgaron millones de dólares nada más por su amor a los mexicanos, sobre todo en estos tiempos. No. En este, como en la mayoría de los casos, no hay casualidades, se trata más bien de causalidades. Todos los postulados ejemplifican trayectorias en las que han luchado a brazo partido por adecuarse a las circunstancias, sin renunciar a sus principios e impulsos. Las tres películas que aglutinan las nominaciones de la Academia sintetizan esta dualidad. Se trata de historias que salen del cartabón establecido para entrarle a problemáticas presentes y futuras o a la recreación crítica y literaria del pasado. En Babel, Alejandro González Iñárritu confronta un mundo globalizado pero inconexo, unido de pronto por historias que saltan de un continente a otro impelidas por el infortunio; el guión del también nominado Guillermo Arriaga es verdaderamente fascinante. Guillermo del Toro recrea en El laberinto del fauno una historia fantástica que transcurre sin embargo en la cruel realidad de la guerra civil española. Y en Niños del hombre Alfonso Cuarón anticipa un mundo terrible y no tan lejano en donde nacer es un delito. Como se ve, ninguna es una historia dulcesita o facilona. No obstante, lo notable es que no sólo han recibido elogios de la crítica y premios de festivales sino que han sido también probados éxitos de taquilla que han generado muchos millones de dólares en todo el planeta. En suma, han sido un gran negocio. Además de ejemplos de cómo nuestra cultura mira al mundo. En pocas palabras, éxitos artísticos, industriales y culturales. Tal vez sea exagerado decir que por ello somos ya un país de ganadores. O que vale la pena olvidarnos de la galopante carestía inflacionaria, de una Oaxaca inconclusa, del desgarramiento que todavía no cierra. Tampoco se trata de un complejo tlahuica porque nos reconocen los hombres blancos. Pero lo cierto es que difícilmente habrá otra mejor oportunidad para reflexionar sobre una realidad evidente que la mediocridad de los gobiernos recientes se ha negado a mirar: el cine es un asunto de Estado. Lo ha sido históricamente para los gobiernos inteligentes -dictatoriales o democráticos- desde el siglo pasado. Se trata también de una industria que llegó a ser tan relevante en la llamada "época de oro del cine nacional" que era la segunda fuente de divisas, sólo después del petróleo y antes del turismo; cuando las películas se financiaban solas porque se compraban con anticipación en España y Sudamérica. Tiene razón en lo que me dice Del Toro: "Se puede hace un cine con instrumentos fiscales y legislativos que no generen gasto al gobierno... lo peor que le puedes quitar a un país es la capacidad de verse reflejado, un país sin un espejo donde mirarse, donde lo único que puede mirar es el cine que le llega de fuera". Igual González Iñárritu: "Espero que esto les haga un poco de cosquillas y que sepan que por ahí existe algo que le llaman cultura, que es lo mas importante que un país puede tener, porque sin eso no somos absolutamente nada". Sería bueno que alguien los oyera. ddn_rocha@hotmail.com
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