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De Los Pinos a Espino
Se equivocan quienes creen que Calderón está ajeno a lo que pasa en el PAN, a la "guerra de guerrillas" políticas en su contra T ienen mucha razón quienes perciben una crisis mayor entre la actual dirigencia del PAN, en manos de Manuel Espino, y el gobierno de Felipe Calderón. Contra toda lógica del poder, la lucha es real, existe y mantiene confrontados al dirigente partidista y al Presidente de los mexicanos, salido de ese partido. ¿Por qué es la disputa? Por poca cosa, por el control del partido. ¿Y qué es el Partido Acción Nacional? Casi nada. Es mucho más que la segunda fuerza política nacional, que el partido en el poder, que una institución de interés público. En realidad es una franquicia política que vale tanto como el dinero público que recibe de prerrogativas, tanto como el número de diputados federales, senadores, gobernadores, presidentes municipales. Y vale tanto como el presente y los futuros gobiernos federales. Es decir, vale tanto como los grandes negocios y fortunas que germinan en torno de cualquier fuente de poder. Eso es lo que está en disputa. Pero se equivocan quienes creen que Calderón está ajeno a lo que pasa en su partido, a la "guerra de guerrillas" políticas que contra su gobierno ha emprendido Espino -que no es más que la continuación de una disputa que data de años atrás-, y se equivocan quienes creen que, a pesar de sus responsabilidades como Presidente, Calderón está con las manos cruzadas respecto a la vida del PAN. Y es que la crisis interna, de identidad y liderazgos que enfrenta actualmente el PAN no es una novedad y menos una sorpresa para Calderón y sus leales. Basta recordar que esa corriente del panismo ya vivió una experiencia similar en los años 1976 y 1986, cuando algunos de los herederos del panismo de Gómez Morín se retiraron del partido en protesta por el secuestro de la dirigencia, por parte del entonces llamado Grupo Monterrey. En esos tiempos, el PAN pasó de los "místicos de la democracia" a los neopanistas, Bárbaros del norte. Precisamente en esa crisis, cuando José Ángel Conchello y Pablo Emilio Madero se apoderaron del PAN, con la ayuda de grupos empresariales de Monterrey y de otras entidades norteñas del país, el fundador y cronista de AN, Luis Calderón Vega, decidió renunciar a su militancia, porque no compartió el cambio ideológico, que, dijo entonces, nada tenía que ver con el que fundó Manuel Gómez Morín. Calderón Vega se fue del PAN en los primeros meses de 1981 y denunció que grupos empresariales se habían "robado" al PAN. Entonces acuñó una frase que luego sintetizó lo que ocurría en su partido: "El PAN era un partido de clases, no de clase". Es decir, que los grupos empresariales de entonces lo convirtieron en un instrumento para el servicio de la clase empresarial, cuando en su origen se concibió como una fuerza política de lo que luego se conoció como centro amplio. Y vale recordar, sólo por si nos falla la memoria, que Luis Calderón Vega, ese místico y doctrinario del PAN, fue padre de Felipe Calderón Hinojosa. La crisis que vivió el PAN en esa década -de 1976 a 1986- no sólo marcó a los jóvenes panistas de entonces, muchos de los cuales hoy ocupan posiciones políticas y de poder. En realidad esa crisis tiene muchos puntos de contacto con la de hoy. Entonces el PAN se abrió a los grupos empresariales y a sectores de la extrema derecha, como el DHIAC y la Ancifem, ente otros. Esos grupos alcanzaron la dirigencia del partido en 1984, con Pablo Emilio Madero y José Ángel Conchello. Hoy, a pesar de que el PAN es el partido en el poder, y que a contrapelo llevó a Calderón a Los Pinos, los cuadros dirigentes de AN están en manos de la ultraderecha que, con Santiago Creel como precandidato presidencial, intentó alcanzar el poder presidencial. Felipe Calderón y el panismo tradicional ya vieron y vivieron una película como la que presenciamos todos en el PAN, una lucha entre los que se dicen herederos del viejo partido fundado por Gómez Morín en 1939 y los grupos que sólo ven a ese partido como una fuente de rica miel. Y en esa lucha se dan las escaramuzas que han llevado a Manuel Espino a colocar en la dirigencia nacional del PAN a ex secretarios de Estado de la administración de Vicente Fox -como Carlos Abascal, Ernesto Derbez y Francisco Salazar, y la amenaza de que también se incorporará al propio Fox-, en una suerte de gabinete paralelo al de Felipe Calderón. ¿Cuál es el fondo de esa maniobra? Es muy simple: que el señor Manuel Espino cree que el Presidente lanzará una embestida en su contra. Por eso coloca a los foxistas como muros de contención de sus pretensiones. Un eventual choque de Calderón con esa dirigencia sería vista como un choque contra el ex presidente Fox. Pero lo que no sabe es que del otro lado se trabaja en una estrategia más eficiente. Es decir, recuperar para el calderonismo el Consejo Nacional del PAN, que será renovado en unas cuantas semanas. En pocas palabras, que 26 años después de que su padre renunció al PAN por la desviación ideológica de ese partido, Felipe Calderón recuperará al partido. Y no será difícil, porque a querer o no, el poder presidencial mata al poder del ex presidente. Y si no, al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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