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    Variable Económica
José Francisco Pulido Macías
22 de enero de 2007

Se menciona frecuentemente -con razón- que nuestra economía es una economía ‘abierta’. En efecto, la economía mexicana mantiene ya desde hace algunos años una importante proporción -en términos de nuestro Producto Interno Bruto (PIB)- de flujos comerciales y financieros con el resto del mundo. Por ejemplo, el valor de la suma de las exportaciones más las importaciones (de 2005) representaron un poco más de la mitad del PIB de México de ese mismo año (medido en dólares).

El análisis económico se hace un poco más complejo en una economía abierta que en una economía cerrada. La razón es que debemos incluir, entre otras variables, al tipo de cambio. En el análisis de una economía cerrada podemos obviar esa variable, pero al abrir la economía ya no. Por lo tanto, es necesario dedicar algunos renglones para tratar de explicarla y después explicar la relación básica entre la tasa de interés y el tipo de cambio.

El tipo de cambio no es sino un precio. Un tipo de cambio es el precio de una moneda extranjera en términos de la propia (y viceversa). Este precio puede ser fijo –la autoridad monetaria, es decir el Banco Central, se compromete a vender y comprar cuanta moneda extranjera sea necesaria para que el tipo de cambio se mantenga invariable- o flexible -en este caso el tipo de cambio se determina en el mercado de divisas, sin que exista intervención del Banco Central. Se denomina mercado de divisas al mercado en el cual la moneda de un país se intercambia por la moneda de otro u otros.

Una moneda se puede apreciar o depreciar frente a otra. Una apreciación ocurre cuando aumenta de valor frente a otra. Nótese que el aumento significa que se ha encarecido frente a la otra o –o lo que es lo mismo- que la otra moneda se ha abaratado en términos de la primera. Cuando, por ejemplo, el peso se aprecia –aumenta de valor- frente al dólar, el peso se ha encarecido frente al dólar. Ahora el dólar es más barato –en pesos- y, por lo tanto, tenemos que dar menos pesos –que antes- para adquirir un dólar. Y quien desee comprar pesos con dólares se verá obligado a ofrecer más dólares para adquirir la misma cantidad de pesos que antes.

En el año 2005 sucedió lo que acabamos de describir. El peso se apreció, ya que pasó de 11.180 por dólar (en enero) a cerrar en 10.627 por dólar (en diciembre). Al apreciarse, se pagan menos pesos para adquirir cada dólar. A veces esto confunde, amable lector, pero no se preocupe. Le sucede hasta al más versado.

Una depreciación ocurre cuando se presenta una disminución del valor de una moneda en términos de otra. En el ejemplo anterior el dólar se depreció frente al peso. El peso se encareció, en términos de dólares y esta moneda se abarató, en términos de pesos. Al abaratarse el dólar, las exportaciones de ese país al nuestro serán más económicas. Y nuestras exportaciones se encarecerán, por lo que aquellas muy probablemente aumenten y éstas disminuyan.

A lo largo del tiempo los tipos de cambio flexibles varían, igual que lo hace cualquier otro precio, en virtud de la oferta y demanda. Ahora bien, ¿qué fuerzas determinan la cantidad demandada u ofrecida de una moneda? Al menos podemos señalar tres: el propio tipo de cambio (el precio); el tipo de cambio esperado (en el futuro) y finalmente, las tasas de interés en el país (doméstica) y del exterior.

Me centraré a continuación en las tasas de interés. Un inversionista puede enfrentarse a la decisión de invertir su ahorro en pesos o en dólares. Para ello, por ejemplo, se fijará en la tasa de interés que se paga en México (en pesos) o en los Estados Unidos (en dólares). Partamos, además, del hecho cierto de que una inversión en un activo de México (en pesos) es más riesgosa que una inversión en un activo en los Estados Unidos (en dólares). En consecuencia, de entrada, cualquier inversionista espera recibir una tasa de interés mayor en México que en los Estados Unidos. Cuanto mayor sea la diferencia de la tasa de interés doméstica (en México) contra la de nuestro vecino, más dispuesto estará a invertir aquí. Y un razonamiento similar llevará a cabo un inversionista norteamericano (y, por extensión, del resto del mundo).

Lo importante, por tanto, no es el nivel de las tasas domésticas, sino el diferencial de las tasas de interés entre dos países (o entre la de México y la del resto del mundo). Si el diferencial es suficientemente atractivo, los mexicanos invertiremos en activos financieros denominados en pesos y los extranjeros incrementarán su inversión financiera en México, es decir, demandarán pesos y ofrecerán su moneda. En el ejemplo del párrafo anterior, el peso será demandado y el dólar será ofrecido. El peso tenderá a apreciarse frente al dólar.

Por último, no sólo es relevante el diferencial actual de las tasas de interés, sino también el diferencial esperado. Los agentes económicos toman sus decisiones incorporando las expectativas sobre el diferencial de las tasas de interés futuras. Por lo tanto, incluso un cambio en las expectativas de las tasas puede modificar el tipo de cambio actual. Si, por ejemplo, se anticipa que el diferencial se ampliará en el futuro, el tipo de cambio puede cambiar en el presente. ¿Qué provoca un cambio en las expectativas? La respuesta es, en general, nueva información en el mercado. La información es oro molido en los mercados.

jfpulidom@gmail.com

 
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PERFIL
 
José Francisco Pulido es profesor de Macroeconomía y Economía Internacional del ITESM campus Ciudad de México. Es maestro en Economía por el Colegio de México y en Administración Pública por el INAP y la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid, España. Es, además, miembro del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Finanzas (IMEF), donde funge como vicepresidente del Comité de Estudios Económicos y también del Comité del Entorno Empresarial. Autor de artículos periodísticos en diversas publicaciones de circulación nacional (a invitación del IMEF) sobre temas de Macroeconomía. Ha participado en entrevistas radiofónicas sobre el mismo tema.
 
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