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    Papel de China
Víctor Kerber
19 de enero de 2007

Los mejores se nos van

Las medidas del Conacyt al respecto se antojan más que insuficientes, ya que se limitan a ofrecer pequeñas compensaciones que cualquier empresa multinacional es capaz de triplicar cuando el prospecto tiene talento

El prototipo convencional del migrante mexicano al exterior suele ser el desempleado pobre, de origen rural y con un nivel de escolaridad mínimo. Si de por sí es difícil imaginar a mujeres y niños que arriesgan todo con tal de hallar mejores condiciones de vida afuera de su país, más increíble resulta el caso de jóvenes clasemedieros con títulos universitarios que huyen al no encontrar trabajo digno en México.

La cosa es seria. Se trata de una realidad poco analizada por los expertos en fenómenos migratorios, pero lo cierto es que cada vez hay más graduados universitarios que optan por oportunidades de crecimiento en el extranjero al ver que el campo laboral de su país es estrecho y mal pagado. Este conjunto de expatriados, a diferencia de los tradicionales, utiliza la vía aérea y se extiende hacia confines más lejanos.

La fuga de cerebros es un grave problema ya para varios países africanos y latinoamericanos. Según análisis del Grupo de Estudios para el Desarrollo, del Banco Mundial (BM), a cuya cabeza se encuentra Alan Winters, la gravedad que eso representa para países como Nicaragua, por ejemplo, donde se registran años en los que hasta 80% de sus graduados universitarios abandona el país, representa límites para su desarrollo sostenible.

El tema ha sido motivo de discusión durante una reunión efectuada esta semana en Pekín. Por una parte se convierten en una fuente más afluente de remesas e inclusive actúan como vehículos de intercambio comercial con sus localidades de origen, aunque por otra parte no dejan de representar una sangría de talentos en el corto plazo.

El gobierno chino ha admitido que pese a los elevados índices de crecimiento económico, no deja de ser preocupante la fuga de cerebros. El fenómeno indio es distinto. Una base importante de su desarrollo industrial y financiero se debe a la repatriación de quienes emigraron en décadas anteriores, y que ahora encuentran mejores condiciones para invertir en sus localidades. Singapur aplicó normas retentivas casi draconianas. Ofreció becas de cobertura amplia a los mejores promedios escolares y les financió la totalidad de sus estudios en el extranjero, pero obligó a las familias a responsabilizarse de su repatriación colocando sus propiedades como garantías.

Hace poco, el director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Juan Carlos Romero Hicks, abordó el tema de la fuga de cerebros y pese a que aseguró que se han emprendido políticas para lograr la retención de la mano de obra calificada, también admitió que con presupuestos tan magros como los que recibe el Consejo muy poco se puede lograr. Las medidas del Conacyt al respecto se antojan más que insuficientes, ya que se limitan a ofrecer pequeñas compensaciones que cualquier empresa multinacional es capaz de triplicar cuando el talento tiene valor.

En México nos enorgullece que haya mexicanos triunfadores en el extranjero tanto en las ramas científicas como artísticas y tecnológicas, pero en el fondo -visto con objetividad- no son triunfos de nuestro país sino productos de una dramática incapacidad para ofrecerles acá los estímulos necesarios para triunfar. El caso del Premio Nobel de Química, Mario Molina, es uno de los ejemplos más sonados, aunque como él hay cientos, incluyendo al laureado Alejandro González Iñárritu.

¿Dónde encuentra trabajo un físico nuclear, como no sea en una escuela secundaria? ¿Por qué hay tantos ingenieros metidos de taxistas?

En tanto no se ofrezcan mayores estímulos laborales, seguiremos con el drama de ver que los mejores y más preparados se van del país a hacer que crezcan otras economías, no la nuestra. Implica que debe haber una reforma fiscal, pero también una revisión de las políticas públicas en materia laboral, industrial y de impulso a la investigación científica y tecnológica que opera con porcentajes ridículos, inferiores a 1% del PIB.

betoker57@hotmail.com

 
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PERFIL
 
En 1981 obtuvo su licenciatura en el Centro de Estudios Internacionales en el Colegio de México. Su maestría la cursó en el Instituto de Relaciones Internacionales en la Universidad de Sofía en Tokio Japón, donde además obtuvo un doctorado con especialidad en Economía del Desarrollo.

Además de ser profesor en la EGAP y la División de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey, el Dr. Kerber fue (hasta 2002) Director del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Pacífico Asiático (CEESPA), firma especializada en la conducción de negocios y análisis en los países de Asia Pacífico, vinculado a la red internacional de Centros de Estudios de la APEC.

En el período 1993-1996 fue Cónsul encargado del Consulado General de México en Osaka Japón.

Ha escrito varios libros y publicado trabajos sobre diplomacia, política nacional e internacional y lazos económicos entre México, América Latina y Asia en diversas revistas y periódicos.

 
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