|
En la Agenda 2007 de la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, se recogen más de 50 reflexiones de escritores mexicanos a propósito de la lectura. El propósito es que los autores compartan con los lectores sus ideas sobre los actos de leer y escribir. Así, Bárbara Jacobs asegura que "un libro se termina de escribir cada vez que un lector lo lee", mientras que Ignacio Padilla advierte que "uno escribe sólo por venganza o por gratitud. Escribimos porque deseamos provocar en otros el daño o el goce que en nosotros han dejado ciertos libros esenciales". Esta agenda anual se publica ininterrumpidamente desde hace más de una década y ofrece información sobre librerías y colecciones, además de ser un instrumento útil para la programación de las actividades personales. En esta ocasión, la DGP hizo extensiva la invitación a sus autores a que participaran con una sentencia que resumiera sus convicciones en torno del libro. El resultado es más que interesante. Julieta Fierro piensa que "leer es como bailar: al inicio se tiende a pensar que se trata de una actividad imposible. No se percibe que en la danza hay que pasar por posiciones, pasos, combinaciones, hasta llegar a la coreografía. Es necesario repetir. Para leer no sólo se debe practicar: transitar por palabras, oraciones, párrafos, sino lograr un diálogo interior y, así, tener la certeza no sólo que se entiende el texto, sino que se disfruta. Leer y bailar son un placer". Bertha Hiriart, por su parte, cree que "los libros no nos convierten en mejores personas, pero me consta que aligeran los largos trayectos, ofrecen una incondicional y enriquecedora compañía, y consuelan en los momentos difíciles". Esta declaración de fe de Hiriart pone el acento en un tema que se ha discutido bastante, pero que siempre deja la necesidad de replantearse: las consecuencias de la lectura. No es fácil y yo diría que ni siquiera factible una certeza concluyente en este sentido, pues la lectura escapa generalmente a la moralización. Ernesto de la Peña nos informa que "la lectura es el acto más humano, pues el hombre lo creó y no lo comparte con ningún otro ser animado. Al leer somos, simultáneamente, científicos, poetas, aventuremos, pecadores, santos, victimarios y víctimas. Acto plural por definición, la lectura determina la condición superior del hombre en un universo que, por ella, cobra sentido". Emmanuel Carballo añade que "como el amor, el libro es indestructible. Al paso del tiempo cambia su aspecto físico, pero su esencia es la misma; igual ocurre con los cambios del gusto: los soporta y sale triunfante. Por su lado, el lector encuentra en el libro, en su libro preferido, la razón para amar la vida y a sus semejantes. Libro y lector son las dos caras de la misma moneda". En esta antología aforística sobre el libro y la lectura se recogen las opiniones y certidumbres de muchos otros autores (más de medio centenar, como ya dijimos), entre ellos Ramón Xirau, Hugo Gutiérrez Vega, Alberto Blanco, Carlos Montemayor, David Huerta, Emilio Carballido, Jaime Moreno Villarreal, Luis de Tavira, Eduardo Langagne, Alberto Chimal, Mónica Brozon, Francisco Hinojosa, Felipe Garrido y un gran etcétera. Quizá lo único que se puede lamentar de esta antología es que haya quedado disminuida en pequeña tipografía y con los textos a manera de notas marginales, pues todo lo que conspire contra la facilidad de leer es un obstáculo que se pone a la lectura: la letra pulga se vuelve una dificultad no sólo para los débiles visuales, sino para cualquier lector con mínimos problemas de astigmatismo.
|