|
Es muy común que durante estas fechas, tirios y troyanos decidan olvidar el pasado y transformarse en otros por el curioso método de realizar propósitos de Año Nuevo. Así, decenas de mis amigos se han propuesto firmemente dejar de fumar, otros, los menos, beber de una manera más responsable, y sólo algunos el de convertirse en mejores personas. Lamentablemente, los propósitos de Año Nuevo difícilmente involucran a nuestros políticos y a ciertas autoridades gubernamentales; y esto, sin duda, se debe a que muchos de ellos viven en el propósito permanente y jamás cristalizan -en beneficio común- promesas de campaña, acuerdos preestablecidos o buenas intenciones que se quedan en eso. Somos un pueblo que tiende fácilmente al olvido, y lo que dijimos ayer es suplantado por lo que dijimos esta misma mañana, y así hasta el más absurdo de los infinitos. Votamos por candidatos que prometían empleos y posteriormente, ya ganadores, éstos son incapaces de responder a las expectativas de los votantes. Elegimos autoridades que ofrecían el oro y el moro y que a la hora buena, sólo nos entregan, al finalizar sus mandatos, un cajón repleto de sus promesas incumplidas. Por eso, mi más ferviente propósito de Año Nuevo es no hacer ni un solo propósito; no ofrecer lo que no puedo cumplir ni sembrar falsas esperanzas en los que me rodean. Así, tal vez, pierda conocidos que esperan mucho de mí, pero me quedaré con aquellos a los que lo único que puedo ofrecer es mi amistad y, de vez en cuando, una copa de vino. Y espero no tener que oír ni un solo propósito más que será echado a las aguas del olvido. Los que dejaran de fumar y de beber, tienen siempre la oportunidad de reincidir -si lo hacen de manera discreta y sin alharacas- y los que piensan no volver engañar a su mujer o a su marido, que lo vayan demostrando con el día a día. Dice la sabiduría popular que "Año Nuevo, vida nueva". Mejor sería que sigamos viviendo en nuestras viejas vidas y que éstas estén llenas de honestidad y de certidumbre, sin hacerse propósitos vanos ni promesas imposibles. Yo, desde aquí, desde esta Esquina Baja, prometo firmemente no prometer absolutamente nada, y así, mis lectores, sabrán a qué se atienen. Tal vez, en esta ocasión sólo me permitiré el lujo de externar, en voz alta, un buen deseo. Que en esta Tierra haya paz, libertad y justicia para todos.
|