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Me llamo Rojo
Como les contaba la semana pasada, uno de nuestros vicios familiares es leer. Nos regalamos libros los unos a otros a la menor provocación, a sabiendas de que muchos recorrerán varias manos, incluyendo las del que los regaló. Esta Navidad me fue bien. Tengo cuatro libros nuevos, tres de ellos sobre arte. Decidí echarme el que no era sobre arte como aperitivo, para después entrar de lleno en el banquete. Me senté a leer Un soplo en el corazón de la patria. Instantáneas de la crisis, de Sabina Berman, y no lo solté. Editado por Planeta, este libro reúne relatos de la autora sobre el escabroso proceso electoral que acabamos de padecer. Me sorprendió porque logra mostrar una historia en la que aún estamos inmersos, con la sabiduría de la distancia que da el tiempo. Para mí fue un bálsamo de humor texturado por muchas voces. El segundo libro en la lista era Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk, receptor del Premio Nobel de Literatura 2006, editado por Alfaguara. Todavía no lo acabo. Lo que es más, está tan sabroso que ya van varias veces que me regreso uno, dos o tres capítulos, sólo por gula. Es una historia llena de intriga, acción, pasión, inteligencia y sabiduría en la que nos hablan los vivos, los muertos, los animales, los objetos y hasta los colores. Me imagino que leerlo en turco, su idioma original, ha de ser aún mejor. Este libro no lo voy a soltar pronto porque además regresaré a estudiar a fondo todos los conceptos de artes visuales fundamentales que he subrayado. Eso nunca me sucede con novelas que giran en torno del arte que, aunque bien documentadas, generalmente no entienden nuestro campo. En esta novela hay toda una reflexión sobre la representación, la autoría y sobre dos visiones de la imagen que siguen siendo fuente de grandes conflictos: la del mundo occidental y la musulmana. ¡Es increíble cómo algo tan complejo es tan fluido y entretenido! Por lo pronto, comparto con ustedes algunas citas de ideas y aspiraciones válidas en ambas culturas. "La pintura es silencio para la mente y música para los ojos." "Después de años de discusiones, de envidias, de comparaciones y de trabajos sobre el color y las ilustraciones, lo que surge por fin es un nuevo estilo. En la mayor parte de los casos es el ilustrador más brillante, de más talento del taller, el que lo impone. También podríamos llamarlo el más afortunado. Al resto le corresponde perfeccionar dicho estilo, incluso pulirlo, imitándolo eternamente." "Tu cálamo es tan maravilloso, tan poderoso, que quien ve una pintura tuya no cree en el mundo que lo rodea, sino en el que tú has dibujado." "Cada ilustrador, en cada caso, pinta siempre igual las orejas, como si se tratara de una firma secreta." "Si no quieres que el arte y la pintura te decepcionen, mejor que no se te ocurra verlos como una profesión. Por mucha habilidad y condiciones que tengas, busca el dinero y el poder en otro lugar, de manera que, al no recibir la justa compensación por tu habilidad y tu trabajo, no llegues a odiar el arte." Bueno, me despido porque ya me urge regresar al libro y pasar a los que están en fila: Lo que el arte aporta a la sociología, de Nathalie Heinich (Conaculta), y El arte, en cuestión. Conversaciones de Luis Felipe Noé y Horacio Zabala (Adriana Hidalgo Editora). Anuncio El 23 de enero, los conservadores Jo Ana Morfín y Claudio Hernández inician un curso sobre estrategias de documentación para integrar carpetas de artistas y su conservación en el Laboratorio de Arte Alameda (5512-2079). Es básico para artistas que trabajan obra efímera, curadores e instituciones que la presentan. www.pintomiraya.com.mx
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