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¿Va en serio?
Hay una variante importante en la lucha contra el narcotráfico en el nuevo gobierno: está atacando a un ´capo´ protegido en el sexenio anterior Las noticias sobre narcotraficantes parecieran tener la misma melodía de tantas cantadas en el pasado. Arrestos de lugartenientes de capos , caída de sicarios y reinicio de las luchas entre los cárteles mexicanos por los mercados de distribución y comercialización de la cocaína, acentuada últimamente por la caída de precios en Estados Unidos ante una mayor oferta que la demanda, provocada por el auge de las metanfetaminas. Con esos momentos se juntan novedosos episodios con tufo de viejos, como las nuevas acusaciones en un tribunal de San Diego contra Francisco Javier Arellano Félix, sobre quien existe el riesgo de que lo sentencien a la pena de muerte, y la masiva operación policial-militar contra traficantes de drogas en Michoacán. Sin embargo, sí hay un cambio significativo en esta revigorizada batida contra los narcotraficantes. Opacados por la espectacularidad de algunos sucesos, como el operativo en Michoacán y los preparativos para extenderse a otros estados del país, los golpes más importantes que les han propinado a los barones del narcotráfico durante las últimas semanas han pasado inadvertidos. En particular, la forma como curiosamente desde el 1 de diciembre pasado comenzaron a caer jefes de zona y sicarios al servicio de Arturo Beltrán Leyva, junto con policías municipales que les brindaban protección. Beltrán Leyva no goza del reconocimiento popular que tienen algunos capos de la droga como Osiel Cárdenas, quien desde su reclusión en una cárcel de máxima seguridad en el estado de México sigue manejando los tentáculos del cártel del Golfo, o Joaquín El Chapo Guzmán, quien se ha convertido casi en una figura mítica desde que se fugó misteriosamente de otra prisión de máxima seguridad en Jalisco al inicio del gobierno de Vicente Fox. Pero la realidad en el bajo mundo mexicano es que Beltrán Leyva es considerado por las autoridades federales como el más importante jefe del narcotráfico del país. Arturo y su hermano Héctor ya se apoderaron del llamado cártel del Milenio, del cual forma parte el cártel de Sinaloa que presuntamente encabeza Guzmán. La información en poder del gobierno federal permite reorganizar el mapa nacional de narcotraficantes en torno a los Beltrán Leyva, quienes se fueron apoderando del cártel del Milenio que manejaba Armando Valencia desde Jalisco y Michoacán hasta que fue detenido en 2003, y cuyo hijo Elías fue arrestado recientemente en Apatzingán, durante el operativo policial-militar en diciembre. El Chapo Guzmán pasó a ser de socio a subordinado, de acuerdo con funcionarios federales, en parte porque desde que se fugó de Puente Grande, en las afueras de Guadalajara, "ha estado a salto de mata". Desde hace varios años se ha sostenido en la prensa que El Chapo Guzmán recibía protección de las autoridades federales, en particular de un grupo de generales en la administración foxista que, de acuerdo con altos ex funcionarios, lo llegó a ocultar en guarniciones militares en una ciudad fronteriza del norte del país, y durante algún tiempo en León. Incluso, en cuando menos dos ocasiones que lo tuvieron ubicado y listo para ser aprehendido, no se giró la orden para su captura. Los Beltrán Leyva, en particular Arturo, también tuvieron trato privilegiado, según informes de inteligencia antinarcóticos y funcionarios federales. El principal jefe del narco en México estableció su residencia y base de operaciones en Monterrey desde 1997 hasta bien entrado el gobierno de Fox, cuando tuvo una residencia en la zona del Ajusco, en el sur del Distrito Federal y, de acuerdo con la información de los funcionarios, infiltró la presidencia foxista a niveles que nunca se pudieron determinar. En ningún momento se realizó una persecución exhaustiva en su contra, y una investigación de un funcionario de segundo nivel, encargado de la agenda del ex presidente Fox por su presunta relación con Arturo Beltrán Leyva, terminó en un fiasco público para la PGR. Sin embargo, autoridades federales insisten hoy en día que la investigación iba por buen camino, pero que desde el interior del gobierno se sabotearon las pesquisas y reventaron prematuramente lo avanzado, permitiendo que los implicados escaparan. No se ha querido decir quién o quiénes protegían a Beltrán Leyva, pero aunque no ha sido expuesto en forma más explícita en el caso de El Chapo Guzmán, se tiene sospecha del grupo de generales que protegieron a su viejo socio. Más aún, incluso, información secreta dentro del gobierno federal argumenta que varias ejecuciones de Los Zetas, el grupo armado del cártel del Golfo, fueron realizadas por policías en la nómina de Beltrán Leyva y Guzmán, apoyados por comandos en activo del Ejército, como un notorio y altamente publicitado caso el año pasado, en el que se videograbó la ejecución de varios sicarios al servicio de Cárdenas que fueron secuestrados en Acapulco. El poderoso manto de protección en torno a Beltrán Leyva durante el sexenio pasado es, al estar siendo atacado en los frentes de Nuevo León, Michoacán y Sinaloa hasta este momento, lo que llama la atención de todos los operativos antinarcóticos en el gobierno de Felipe Calderón. ¿Será que los narcotraficantes menos perseguidos en el sexenio anterior sí lo sean en la actual administración? Responsables de los servicios de inteligencia en Estados Unidos han enviado mensajes al gobierno de Calderón para expresar su sorpresa positiva por lo que se está realizando, aunque tampoco quieren eliminar su escepticismo para evitar sorpresas como cuando, tras hacerle un homenaje al general Jesús Gutiérrez Rebollo, el zar de la lucha contra el narcotráfico en el gobierno de Ernesto Zedillo, resultó estar coludido con el cártel de Juárez. El arranque del actual gobierno en materia de lucha contra el narcotráfico luce decidido. Han estado golpeando a todos los cárteles, rompiendo con la dinámica pendular de anteriores administraciones que se enfocaban a combatir a algunos de los grandes cárteles y, por omisión o comisión, permitían que crecieran otros. Por primera vez desde que el narcotráfico se convirtió en un problema para la seguridad nacional en 1985, el combate se presenta actualmente con una estrategia multifocal. Pero esta visión tiene un gran desafío: ¿tocará a todos aquellos funcionarios o militares activos o en retiro vinculados con el narcotráfico? Esta es la gran pregunta que tendrá que ir respondiendo el presidente Calderón, pues un combate contra los cárteles no puede terminar en sus líderes, sino que tiene que atacar, con mayor fuerza y decisión, a quienes los protegen desde el interior del Estado mexicano, que son quienes les dan su verdadera fuerza. Los cárteles no son más fuertes que el Estado; existen porque se les ha permitido. Veinticinco años de combate selectivo al narcotráfico así lo demuestran. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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