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    Ruta 66
Por Carlos Vega
30 de diciembre de 2006

Uno de los peores momentos para recibir malas noticias es después de despertar, justo cuando todavía se está en ese limbo entre el sueño y la vigilia, y no se sabe si las noticias son realidad o imaginación. Así me pasó la mañana del pasado 25 de diciembre, cuando la resaca de la cena de la noche anterior empezaba a hacer efecto, escuché la noticia: James Brown había muerto.

Originalmente el espacio de esta columna correspondiente al último sábado de 2006 estaba destinado para enlistar los discos favoritos de la Ruta de este año que termina, pero la sorpresiva muerte del Padrino del Soul modificó la dirección.

Nunca fui fan de hueso colorado de James Brown, pero sí influyó de gran manera en mi educación musical. Tuve contacto con su música a muy temprana edad, y de inmediato, sin saber de quién se trataba ni qué era esa música tan "extraña" que provocaba una inmediata reacción de pies, manos o cabeza, me cautivó. Así, por ahí de 1983, a mis precoces 10 años, entre las rolas de los Beatles, Kiss, Queen y Led Zeppelin, se colaron las del The Best of James Brown, cuyo casete se desgastó de más justo en la parte cuando sonaban aquellas de "I got you (I feel good)" y "Papa´s got a brand new bag".

Con los años fui escuchando más música del maestro, leyendo sobre su rocanrolera vida y viendo en videos sus espectaculares presentaciones. Entonces entendí que showmen como Mick Jagger o Michael Jackson, por nombrar tan solo un par, no serían lo que son sobre el escenario de no ser por la influencia de James Brown.

Y es que bastaba ver unos minutos a James Brown sobre la tarima, para de inmediato contagiarse no sólo del ritmo sino de su energía y personalidad, que igual cantaba, bailaba y se movía por el escenario como nadie. Sin duda, uno de los mejores frontman en la historia de la música, sino es que el mejor.

También con el paso de los años descubrí el disco Live at the Apollo, de 1963, considerado por muchos críticos de música como el mejor álbum en directo de todos los tiempo. Quizá muchos tendremos nuestros propios favoritos en este rubro del "en vivo", pero lo que es verdad es que muy pocas veces un disco en directo ha conseguido capturar tan fielmente la potencia y esencia de un artista sobre el escenario.

En 1999 tuve la oportunidad de ver a James Brown en vivo en el 30 aniversario del mítico festival de Woodstock, que en ese entonces se realizó en Rome, Nueva York. Fue literalmente el telonero de todo el festival, pues le tocó iniciar el relajito el viernes 23 de julio. Recuerdo que cuando llegué al lugar ya había empezado su set, y lo primero que escuché al entrar fue su inconfundible voz entonando: "get up (get on up), get up (get on up), stay on the scene (get on up)", y entonces se me erizó la piel.

Después de aquella vez de Woodstock me prometí verlo de nueva cuenta en vivo en un futuro. Ahora ya no será posible. Descanse en paz James Brown.

 
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