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El presupuesto para la cultura
Las últimas semanas nos las hemos pasado batallando con el presupuesto para la cultura. No me refiero, afortunadamente, al que han tenido que negociar, designar y quién sabe si después otorgar el Ejecutivo, el Legislativo y Hacienda. Esas cifras tan enormes y esas grillas (perdón, negociaciones) tan enredadas me parecen incomprensibles. Se trata del presupuesto para la cultura de nuestra familia, al que estamos haciendo todo lo posible por subirle el porcentaje del PIB, que le concedimos el año pasado, pero nos está costando mucho trabajo. En primer lugar no hemos podido calcular nuestros ingresos para el año entrante. A diferencia del gobierno no cobramos impuestos. Como profesionistas independientes, tampoco tenemos sueldos fijos. El año pasado hubo poca chamba y varios clientes aún no pagan, así es que no quisiéramos basarnos esos datos para proyectar el entrante. Además, la mayoría de los ingresos ya están comprometidos. La lista de gastos es enorme: comida, medicinas, seguros, impuestos, educación, transporte, luz, agua, teléfono, etcétera. Ni siquiera podemos recortar los montos que recibe cada miembro de la familia para gastos personales porque desde hace tiempo todos vivimos con austeridad republicana. Pero insistimos, tenemos que subirle el presupuesto a cultura. Es importante. Para que algún día los gobernantes lo hagan solitos, sin tener que hacerles manita de puerco, tenemos que empezar por subírselo nosotros mismos. La discusión en la casa se vuelve tensa. De por sí ya subvencionamos las artes visuales haciendo un montón de cosas gratis o aceptando pagos "simbólicos". ¿Gastar en otras artes no es un lujo? Quizá así lo entiendan muchos, incluyendo los gobernantes, pero los que sabemos que la cultura es nuestra esencia como personas y sociedades, comprendemos que es de primera necesidad. De entrada hubo que analizar cuánto y en qué gastamos. En artes visuales gastamos en producción, pero poco en consumo. Vamos a los museos en la inauguración o los domingos para no pagar entrada y nuestra casa está llena de obras de arte de piso a techo producto de cambalaches. Los vicios familiares son el cine y los libros. Son nuestro entretenimiento. Lo malo es que en el caso del cine, la mayor parte de lo que gastamos se va a productos extranjeros porque los nacionales (que apoyamos con el mismo entusiasmo de las porras a sus equipos de futbol), ¡son tan poquitos! Los libros, como buenos productos no perecederos, son nuestros regalos de cumpleaños, Navidad o lo que se atraviese. Lo que de plano tenemos abandonados son el teatro y la danza, porque su naturaleza los hace más caros. La música de alguna manera siempre se cuela y la arquitectura no la habitamos, pero la vemos. Después de mucho analizar, de buscar si en algún lado de nuestro presupuesto había partidas secretas que no hubiéramos considerado, llegamos a la conclusión que si dejamos de tomar refrescos, (no convencimos a los fumadores que abandonaran el vicio), le podemos subir el presupuesto a cultura. Si, como la mayoría de los mexicanos, consumimos hasta dos litros de refresco diarios, ahí hay una minita de oro que no podemos ignorar. Si no, pregúntenles a los senadores, que no la supieron aprovechar por sus compromisos con los empresarios. Así pues, nuestro propósito de Año Nuevo es asignarle el presupuesto para refrescos a cultura. Nuestra salud será la primera en agradecerlo. Les deseo que disfruten este fin de año, ahora que los políticos están de vacaciones y podemos descansar un poco de ellos. Que el año sea rico en salud, amor y cultura. http:www.pintomiraya.com.mx
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