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Ante la inminente ejecución de Saddam
Contrario, totalmente, a la pena de muerte -en la memoria tengo la batalla de Víctor Hugo contra la pena capital-- la decisión de ajusticiar a un tirano como Saddam Hussein no cambia ni modifica mi posición. Por otra parte, los crímenes contra la humanidad son indiscutibles en el caso de Saddam Hussein. A esos crímenes cabe añadir, además, el genocidio contra los kurdos. Su responsabilidad es indiscutible. Cabe advertir que las condiciones en que se ha desarrollado el juicio, con el país ocupado militarmente y con un Gobierno difícilmente asumible como verdadero poder nacional al estar atenido, todavía, a las tropas extranjeras, no permite hablar de independencia judicial. No es inútil añadir las responsabilidades de Saddam Hussein tanto en la masacre de sus adversarios políticos como de los líderes chiítas exterminados u obligados al exilio. El bombardeo, a su vez, con armas químicas, del territorio kurdo, corresponde a un hecho comprobado. La masiva destrucción de los kurdos permite hablar, científicamente, de genocidio. Este término lo acuñó, en 1944, el profesor universitario (polaco emigrado a EU), Raphael Lemkin, para definir el exterminio de los judíos por los nazis. Lemkin utilizó, para elaborar el concepto (genocidio) dos voces: xenos, raíz griega que significa raza, y la palabra latina coedere que significa matar. En síntesis, genocidio significa: decisión de matar a una raza. La justicia internacional, y la ONU, aceptaron, en 1948, el concepto del profesor y lo elevaron a categoría jurídica internacional como una definición concreta: la voluntad de un poder dado de destruir a un pueblo. Los genocidios de Ruanda (la masacre de los Tutsis por los Hutus) o de los armenios por los turcos tendría esa valoración objetiva: la de intentar asesinar o desaparecer una raza. En ese sentido la decisión de Saddam Hussein de liquidar al pueblo kurdo (pese a formar parte del Estado iraquí) resultó un genocidio. Se habla de 200 mil muertos. Dicho eso, que esclarece el papel de Saddam Hussein, ello no elimina algo no menos cierto: que, en las batallas de influencia del mundo occidental o del soviético en el Oriente Medio, unos y otros, tuvieron a Saddam como aliado. Esa realidad inequívoca no ha sido valorada. En efecto, Francia, en 1975 (18 de noviembre) firmó con Saddam Hussein (que todavía no era el Presidente, sino el "hombre fuerte" de los servicios policiacos) un Tratado para construir, en Irak, la primera Central Nuclear de la región con las connotaciones estratégicas que ello conllevaba al tratar con el representante de un poder represivo. El contrato fue avalado por Jacques Chirac (entonces Primer Ministro del Presidente Valery Giscard) que brindó, efusivamente, con el dictador en funciones antes de ser Presidente. La Central fue destruida por la aviación israelí en 1981. El jugoso contrato fue de mil 500 millones de francos. A su vez, después que Saddam iniciara la guerra, en 1980, contra Irán, ello le convirtió en "aliado" de EU que envió a Rumsfeld como embajador especial -1983- ante Saddam con carta personal del Presidente Regan diciéndole que le respetaban mucho y que deseaban ayudarlo. Así se hizo. El libro de Alan Friedman, The Secret History of how the White House Illegaly Armed Iraq (La Historia Secreta de cómo la Casa Blanca Armó Ilegalmente a Irak) permite seguir ese proceso al detalle. La URSS cortejó, también, a Saddam bajo la idea de que Saddam era, en la región, un laico y no un islámico. Lo fue, después, cuando comprendió que era muy útil e hizo su Peregrinación a la Meca y con su sangre se escribió un Corán que pasó a un museo. Todo ello, además de la falsificación sobre las armas de destrucción masiva, invita a una mirada, no inocente, sobre la ejecución. alponte@prodigy.net.mx
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