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Hace unos días volví a ver Capote , la película de Bennett Miller con guión de Dan Futterman, basado en el gran libro de Gerald Carke Truman Capote. La biografía definitiva . Esta vez la disfruté más y me hizo reflexionar sobre el escritor y sobre un libro suyo que cambió la literatura y el periodismo. Truman Capote, quien ya había publicado Desayuno en Tiffany´s, era toda una celebridad cuando sucedió el asesinato de la familia Clutter, granjeros de Holcomb, Kansas, el 14 de noviembre de 1959. Como al parecer el azar no existe, el escritor se interesó por la noticia que The New York Times publicó brevemente en una página de interiores. Su olfato de buen sabueso y una intuición pulida por años de experiencia, llevaron a Capote a interesarse en esta sangrienta historia. Habló con el editor de The Newyorker para proponerle hacer un reportaje, y ahí se dio el enganche que años más tarde concluiría con la publicación de A sangre fría. Ésa es la historia, pero lo interesante de la película es que en la narración de ese periplo en la vida del escritor, que va del hallazgo fortuito de esa nota perdida a la ejecución de Perry Smith y Dick Hickock, suceden y se precipitan acontecimientos y experiencias que al cambiar el destino de Capote lo transformaron no sólo a él sino, como dije antes, a la narrativa, que inauguró con esa novela lo que se ha dado en llamar literatura de no ficción, y al reportaje, que abrió esa veta inagotable que fue bautizada como nuevo periodismo. La película de Miller tiene un poderoso aliado, un pilar, en Philip Seymour Hoffman, cuya actuación, además de sobresaliente, introduce razgos que otorgan hondura al personaje, de suyo complejo, de Truman Capote. De hecho leí, no recuerdo dónde, un reportaje en el que se entrevistaba a varios contemporáneos del escritor, que relatan, con auténtica admiración, cómo Seymour Hoffman encarnó al personaje, inclusive en los mínimos gestos y detalles. Uno de ellos dijo que al ver la película era como si Truman hubiera vuelto a la vida. La escabrosa trama judicial, en la que Capote intervino contratando inclusive a un abogado para los acusados; su involucramiento sentimental con Perry Smith, que provocó un distanciamiento con su amante, Jack Dunphy; la ruptura de una amistad de años con su gran compañera y confidente Nelle Harper Lee, autora de Matar un ruiseñor, y su incontrolable afición por el alcohol, fue el precio que el escritor tuvo que pagar por la creación de esa revolución de las letras que fue A sangre fría. Es más, Truman Capote no volvió a publicar un libro en su vida, y aunque salieron a la luz en revistas literarias, tres capítulos de Plegarias atendidas, esa novela no vio la luz hasta 1987, tres años después de la muerte de su autor. Fue tal el impacto que A sangre fría le ocasionó al escritor, que en el epílogo de Crucero de verano -uno de sus primeros libros, cuyo manuscrito se salvó (porque Kafka no ha sido el único) de ser quemado gracias a la desobediencia y curiosidad del portero del edificio donde residía y que, años después, le redituó pingües ganancias- Alan U Schwartz, apoderado legal de Truman Capote, escribió sobre sus meses postreros: "... le quedaban pocos amigos y había dejado que su ingenio se volviera venenoso y que la imaginación desfigurase la realidad hasta volverla irreconocible". Esa complejidad del personaje es el reto que Bennett Miller y Philip Seymour Hoffman lograron plasmar en Capote.
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