|
El Consejo de Seguridad sin Venezuela
Cuarenta y siete veces votaron los 192 países de la ONU para, finalmente, no resolver un conflicto aparentemente menor, pero no menos significativo: si el representante latinoamericano en el Consejo de Seguridad (cinco miembros permanentes con derecho al veto, es decir, EU, China, Rusia, Inglaterra y Francia y 10 miembros no permanentes) sería Guatemala o Venezuela.
El problema no era simple. El presidente Chávez, en la era de los precios altos del petróleo y la crisis energética global, representaba la opción radical antiestadounidense y Guatemala, a su vez, la neutralidad con inclinación al gobierno de Washington. Chávez deberá haber aprendido algo de esas 47 votaciones. Lo más importante, acaso, consista en que su cruzada radical frente a EU (con la connotación del “azufre” en la Asamblea General de las Naciones Unidas) planteaba no la opción nehruniana o nasserista desde la memoria histórica de los No Alineados, sino la confrontación con EU. Sus viajes a Irán y a las fronteras de la contestación con el gobierno de Washington, amén de sus experiencias con el universo altermundista, dejaban su visión en una sola opción: no a Estados Unidos.
No discuto su derecho a hacerlo —en un país, el suyo, dividido, el tema es más delicado—, pero olvidaba algo que no es posible eliminar con las descalificaciones sumarias: que los países medían, con la cautela que la guerra fría enseñó con la latente amenaza nuclear, que su opción no tendría la mayoría. Después de 47 votaciones se optó por Panamá. La lección es dura si se saben asumir, con inteligencia, los difíciles equilibrios del mundo. Es decir, los 192 países de la Asamblea General de las Naciones Unidas saben, desde 1945, cuando empezaron siendo unas decenas de países para vivir después, la incorporación de los países vencidos y, finalmente, la explosión independentista en los viejos imperios coloniales, que el equilibrio es y será indispensable para la paz.
La polémica creada por Chávez, como si él solo existiera en el mundo, se culminaba cuando, de nuevo, el escalofrío de la crisis atómica mundial entraba, de nuevo, en escena. China y la Federación Rusa de Putin (ex KGB enfrentado con su prensa y con sus periodistas y eligiendo el petróleo y el gas como arma de negociación) se negaban a la ruptura con Irán y obligaban a Bush a buscar alternativas, pero el problema se agudizaba con la aparición de Corea del Norte entrando en la carrera nuclear. China, principal abastecedor comercial de EU y viejo aliado maoísta de Corea del Norte, tenía que intervenir como mediador ya que Corea, económicamente en el caos, depende fundamentalmente de las decisiones del hoy, tercer poder comercial del mundo. Esa compleja red de intereses reales vinculados a cinco países que son verdaderos poderes nucleares y no aprendices de brujo, revelan la necesidad de un equilibrio permanente. El acuerdo de Chávez con Irán es su problema, pero ¿qué representa para los cinco el hecho de que los misiles de Teherán puedan llegar a Israel con un líder que no deja de señalar que Israel debe desaparecer del mapa? Significa, se quiera o no, problemas. Cuando Chirac firmó con Saddam Hussein, en 1975, un contrato para construir la primera Central Atómica en Irak el riesgo fue claro. En 1981 la aviación israelí destruyó la Central que había costado mil 500 millones de francos. El mundo guardó silencio. Hoy eso sería imposible, pero cualquier acción que rompa el equilibrio, frágil, en la edad de las torres gemelas, resucitará los escalofríos de Hiroshima. La gran aventura es la búsqueda de una solución al hambre, la educación, la ecología y el encuentro con la paz. Bush ha perdido la guerra, pero EU es indispensable. No como unilateralidad, sino como aliado multilateral. Chávez no supo.
alponte@prodigy.net.mx
|