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Ya tenemos funcionarios, ya empezaron los problemas y ya se está organizando la comunidad cultural para defenderse de los recortes presupuestales propuestos por el Ejecutivo que amenazan a las instituciones. El sexenio arrancó. En cuanto a los funcionarios nombrados no me quejo porque son profesionales. Seguramente habrá ocasión para criticar la visión o el desempeño de Sergio Vela al frente de Conaculta y de María Teresa Franco del INBA, pero el hecho de que sean personas capacitadas y con experiencia ya es ganancia. Me intriga más la designación de Elena Cepeda al frente de la Secretaría de Cultura del DF porque el currículo de ella que se ha publicado en todos lados, destaca que es esposa de Graco Ramírez, secretario de Asuntos Electorales del PRD y hermana de Ana Lilia Cepeda, directora del Fideicomiso para el Centro Histórico, antes que su experiencia profesional. El parentesco no garantiza nada. Además, la cultura no es su campo. Sin embargo, me entusiasma que sus declaraciones ("Espera del DF 2% de su presupuesto", por Miguel Angel Ceballos en estas páginas el martes pasado) indican que se ha reunido con gente del medio, que las ha escuchado y trae propuestas interesantes. Por su parte, el sector de la comunidad cultural que ya venía ejerciendo la crítica y la protesta tras los conflictos postelectorales, seguramente le va a entrar con gran entusiasmo a las batallas en contra de los recortes propuestos al presupuesto para cultura y educación. Y, sin duda se sumarán otras personas que están preocupados por instituciones culturales de por sí limitadísimas económicamente. Ya hay una megamarcha programada para el próximo 19 de diciembre a las 15 horas del monumento a la Independencia al Senado de la República. En otras palabras, los gobiernos están haciendo lo suyo y la gente de cultura también. Sin embargo, a mí me interesa el papel que jugará este sexenio el público, que a fin de cuentas es quien aporta los recursos que se destinan a las instituciones culturales y quien debe ser el beneficiario de todo lo que estas generan. La cultura es un regalo maravilloso que nos damos como sociedad y muchos lo desperdician. La cultura, en todas sus ricas y variadas manifestaciones es lo mejor de nosotros mismos. Hay que aprovecharla y defenderla. Si usted es de las personas que asisten a museos o a las galerías en las que exponen los artistas que gozan de becas, lo invito a que exprese su opinión. Por ejemplo, si no le gustó la exposición o si las instalaciones no son adecuadas, usted tiene derecho a opinar y a exigir. Pero, más que nada, tiene derecho a disfrutar las obras. Si le atraen las exposiciones en el Metro, en las rejas de Chapultepec o en otros espacios públicos, pero no se atreve a entrar a los museos, lo reto a que lo haga. Los domingos no cobran y las obras se ven mucho mejor. Si no entiende lo que está viendo o no hay suficiente información disponible, pregunte. Eso es lo que yo he hecho cuando me llevan al futbol o al beisbol y hasta me he divertido. Si vive usted en una de tantas zonas de la ciudad (o del país) en los que no hay museos o galerías, es hora de exigir, por ejemplo, que en los libros de texto se incluyan contenidos artísticos, que las casas de cultura se fortalezcan, que las delegaciones organicen visitas a museos o que se redoble el esfuerzo por descentralizar la oferta cultural. Lo único que puede garantizar que los gobiernos inviertan en cultura, que los funcionarios y los artistas den lo mejor de sí mismos y que las instituciones culturales funcionen bien, es la participación del público. Use su poder. *Artista visual www.pintomiraya.com.mx
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