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Otra vez Para Leer en Libertad
Los tianguis de Para Leer en Libertad me rodean. Mi hijo y mi nuera los organizan, junto con mi secretaria Beatriz Sánchez. Así me llegan noticias frecuentes de este sorprendente experimento al que me he referido en esta columna varias veces. No tienen mayor misterio, es una feria del libro de dimensiones medianas que reúne un centenar de puestos y se ubica durante una semana en un camellón o una plaza pública. Como atractivo extra a la feria, suelen regalar un libro, que se financia con aportaciones de los libreros; habitualmente habrá música y una o dos conferencias. Pero la esencia del proyecto es la oferta: libros de literatura, ciencias sociales e infantiles, básicamente, pero a muy bajo precio. Se reúnen libros usados, saldos de grandes editoriales, ofertas y libros de bolsillo. Los tianguis de Para Leer en Libertad han recorrido en estos últimos siete años la ciudad de México, lo mismo ocupando espacios de la clase media ilustrada que zonas del DF donde no hay librerías como Iztacalco o Milpa Alta. Según sus organizadores, que trabajan gratis en este proyecto por el puro placer de promover la lectura, al menos 70 tianguis se han instalado en estos últimos años. Y ahora nuevamente, en la vecindad, con lo cual podré hacer ahí mismo compras navideñas, se instalan en el camellón de la calle Durango entre el sábado 9 y el domingo 17. Y será el sábado 16, a las 12 de la mañana, cuando regalarán un libro que reúne poemas y cuentos (de José Emilio Pacheco, Bertolt Brecht, Howard Fast...) y habrá una conferencia donde mi hijo y Pedro Salmerón contarán sobre la visión que tienen del retornado Pancho Villa. Y se preguntarán los lectores a qué se debe esta inusual promoción, a que he decidido sumarme a esta permanente campaña de apoyo a un pueblo que lee en las más difíciles condiciones económicas. Porque este articulista cree firmemente en que leer abre las puertas del infinito, del pensamiento crítico, de la geografía, del criterio, de la solidaridad, del sentido común, y si me apuran un poco, del sentido del humor, que falta nos hace.
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