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El Teletón francés
Después de mi artículo de ayer sobre las donaciones, en EU, para muy distintas obras de bienestar social y, sobremanera, en la educación y la investigación, me encuentro con un artículo en Le Monde que tiene este título: "L´Eglise catholique multiplie les attaques contre le Télethon". Traducción innecesaria: "La Iglesia católica multiplica sus ataques contra el Teletón". Me quedo maravillado.Le Monde, añade: "El arzobispo de París y el obispo de Gap han denunciado, el martes 28 de noviembre, la utilización de una parte de las donaciones (traduzco a la letra) para investigaciones que, según ellos, confinan con el ´eugenismo´.". Antes de llegar a ese término científico yo, lector, estaba feliz de que una parte de las donaciones se trasladen a la investigación. Hoy capítulo clave de una sociedad desarrollada. Hemos entrado en la revolución biogenética y no se va a impedir la expansión de ese proceso que, como plantea el origen de la vida y su valoración en el laboratorio, implicará, a la vez, una revolución en el campo de la ética. Ese proceso (en 1859 publicó Darwin su libro La evolución de las especies que modificó muchas creencias tradicionales como el caso de Galileo en términos astronómicos y fue condenado, por ello, en 1633) del conocimiento no es reversible. El término "eugénisme", según el Dictionaire Étimologique et Historique (Larousse 1971) significa "estudio científico de los medios aptos para salvaguardar las cualidades genéticas de la especie humana". El terror al conocimiento asombra. Insisto que, al abrirse el conocimiento a todos los campos de la creación de la vida, el científico tiene que interrogarse sobre su responsabilidad ética, pero podemos tener la seguridad de que ninguna prohibición impedirá esa mutación. Cabe recordar que, por petición de Juan Pablo II, la Academia Pontificia de Ciencias reexaminó el proceso de Galileo (la tradición decía que el sol giraba alrededor de la Tierra por ser la morada creada por Dios para los humanos y, por ello, el sol, en señal de adoración giraba de esa forma) que, al igual que Copérnico demostraron lo contrario. Juan Pablo II en su discurso ante la Academia señaló: "Paradójicamente Galileo, creyente sincero (la Inquisición obligó al noble anciano y sabio al arrepentimiento tratándole de ´hereje intratable´) se mostró más perspicaz que sus adversarios...". Ante los cardenales, el 31 de octubre de 1992, el Papa dijo: ".La mayoría de los teólogos no percibía la distinción formal entre la Escritura Santa y su interpretación, lo que les condujo a trasponer indebidamente al dominio de la doctrina de la fe, una cuestión que se remitía a la investigación científica.". La polémica francesa parece de 1633. Monseñor Vint-Trois ha colocado el problema en su sitio señalando "que unos gritan escándalo" y "otros, interrogaciones". Proposición racional. Madame Curie, que descubrió el polonio 210 y recibió un Premio Nobel de Física por ello y, después, viuda, un Premio Nobel de Química, estaría atónita, hoy, porque el polonio 210 que ella revelara ha servido para envenenar a un ex agente del KGB (otro, su interlocutor último, está grave, cuando escribo esto y Londres ha encontrado esa sustancia radiactiva en aviones y hoteles) y suscitar una sicosis. Es cierto. Cada paso adelante del hombre crea problemas. Ese es su destino, sobre todo, el de resolverlos. En el Evangelio Apócrifo de María Magdalena (apócrifo en griego no quiere decir falso, sino oculto) se advierte, con claridad, "que el mayor pecado es la ignorancia". Ello no elimina que la revolución biogenética esté obligada a una revolución ética. Pero es muy de agradecer que Teletón crea que investigar es abrir la posibilidad a una sociedad mejor. alponte@prodigy.net.mx
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