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Paco Ignacio Taibo I
14 de diciembre de 2006

Publicidad avant garde

Es curioso ver cómo modernos asesores en comunicación, con sofisticadas técnicas demoscópicas y de mercadeo, no hacen sino darle una vuelta más a una tuerca oxidada.

Llegó a mis manos por estos días un sesudo estudio, pletórico de gráficas coloridas en todas sus variantes, que intenta demostrar la conveniencia de la participación activa de los conductores de la televisión en la publicidad.

El análisis entra en vericuetos sin nombre para destacar las bondades de que esos conductores, a los que califica de "líderes de opinión", destaquen, como no queriendo, las virtudes de un determinado producto.

Dice, por ejemplo, que exhibir el envase de un refresco colocado sobre la mesa de estos "líderes", dará la certeza al espectador que esa persona -a la que no sé por qué recónditas artes se les considera paradigmas- consume esta bebida y, por tanto, si es un paladín para la teleaudiencia, ésta se verá compelida a comprar el producto, para, aseguran, acercarse a ese "modelo comunicativo".

Va más allá ese estudio y proclama que el máximo de la tensión publicitaria se da si el conductor menciona ante cámaras, cómo determinado producto ha mejorado, digamos, su figura, su nutrición, su autoestima, su calidad de vida, su salud, su cutis...

Se nota que en sus afanes, los especialistas no han pregonando en el desierto, porque de un día a otro, sobre todo en la denominada "barra matutina", los "líderes de opinión" versados en astrología, chismes de las estrellas de la farándula, estética -entendida ésta como peinado, maquillaje, dietas y ejercicios reductivos-, telenovelas y concursos de baile con nobles fines, se arrebatan la palabra para pontificar sobre los productos que se supone no anuncian sino sólo enuncian.

Creo que la sutileza saltó por la ventana -no sé si con intento suicida- y dejó en su lugar algo más silvestre.

No es nuevo ese método esgrimido por el estudio en una jerga churrigueresca plagada de tecnicismos. El cine hace mucho que la emplea. Así, la aparición incidental de un anuncio en la calle donde son filmados los actores, determinada marca de automóviles, perfumes, es pactada con antelación por los productores. Pero imagine usted, por ejemplo, a Robert de Niro o Gerard Depardieu perorando frente a la cámara sobre las bondades de beber un refresco, utilizando una crema o conducir un automóvil, en ese momento el gag incurre en lo burdo y se pierde por completo el mensaje sutil.

Ante tanta modernidad mercadotécnica, no me queda más que rememorar a esos visionarios de los anuncios televisivos que a la mitad del siglo pasado, y sin tanta retórica, ya habían empleado estas "modernas y agresivas" formas publicitarias.

Me refiero, por supuesto, a Madaleno y Danielito Alcaraz y su muy visto Club del Hogar, donde hacían lo mismo, pero con mucho mayor gracia.

Es decir, otra vuelta a la misma tuerca oxidada.

 
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Cuando se enteró que su columna se publicaría en la parte inferior izquierda de la página, Taibo recordó la frase usada por los camioneros: "esquina, bajan", y le hizo gracia jugar con ese humor. De eso hace más de 18 años, durante los cuales el periodista, quien además tiene 53 libros publicados, no ha dejado de escribirla un solo día.
 
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