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Juan Domingo Argüelles
10 de diciembre de 2006

Héctor de Mauleón (ciudad de México, 1963) es un actualizador del pasado, si esto es posible decirlo así; un cronista de esa ciudad de México que se halla sepultada en la memoria de los antepasados próximos y lejanos; un arqueólogo literario que explora en los misterios urbanos, en las huellas, claves y sombras de una ciudad que muestra sus vestigios al que sabe buscar ese tiempo que yace oculto bajo el polvo y los escombros de los años.

En 1999, De Mauleón publicó La perfecta espiral: nueve cuentos espléndidamente escritos, en los cuales realidad y ficción embonan para entregar al lector el desasosiego de ciertos actos y ambientes que son ecos o repeticiones de experiencias y atmósferas del pasado citadino.

Hoy, el narrador suma a su bibliografía un segundo volumen de cuentos: Como nada en el mundo (México, Joaquín Mortiz, 2006), que es excelente continuación de La perfecta espiral: doce relatos que profundizan en la nostalgia y aun en la melancolía de una ciudad oculta tras la modernidad, o que se adentran en la historia de esa ciudad secreta que sólo es capaz de revelarse, mediante guiños y aparentes casualidades, al observador de lo imperceptible y al paseante solitario que no se conforma con el prosaísmo y la vida sin misterio.

Como nada en el mundo prolonga la pasión de su autor por la memoria citadina. Descubre, y nos va descubriendo, como en su libro inaugural, "los restos de una ciudad dormida bajo nuestros pies".

Para Héctor de Mauleón, la ciudad antigua está viva todavía, y ese entorno aparentemente irrecuperable puede asaltarnos, en cualquier momento, para hacernos atravesar el tiempo, si somos capaces de interesarnos en sus pasajes secretos.

En sus dos libros y 21 cuentos publicados, De Mauleón es el escritor mexicano más obsesivamente "capitalino" o "defeño". Así como los escritores de otros lugares del interior del país, o de aquello que antes se llamaba "la provincia", adentran sus raíces de infancia en las calles, sitios, paisajes y atmósferas que los alimentaron, del mismo modo Héctor de Mauleón reivindica su sentido de pertenencia en la ciudad de México; la conoce, la ama (y seguramente también la odia), explorándola con sensualidad, morosa y morbosamente.

Y cuando decimos que De Mauleón conoce su ciudad, no estamos diciendo únicamente que sabe andar por sus calles y recovecos, sino que se interna también en su historia, para sembrar en nosotros la inquietud de que el pasado siempre está presente de alguna manera en nuestras vidas: que basta seguir una huella, un indicio casual o un rastro aparentemente irrelevante para desembocar en una realidad que vive más allá de las hemerotecas.

Entre la ensoñación y el desasosiego, la ciudad de México se nos aparece con todos sus fantasmas y sus historias enigmáticas, en los 12 cuentos de Como nada en el mundo, todos de excelente factura: "La frontera tenue", "Los lugares oscuros", "Callejón", "Los habitantes", "El secreto", "¡Shazam!", "Monjas coronadas", "Apagados rumores", "La rosa antigua", "Bibliomancia" y el que da título al volumen.

Razonablemente, el autor nos pone sobre aviso: "No es posible enfrentar un mundo desaparecido sin sufrir al menos un estremecimiento". A lo largo de las páginas de Como nada en el mundo, más de una vez constatamos el sentido de esta advertencia, y salimos de la lectura para entrar a una ciudad menos previsible, más misteriosa.

Carlos Monsiváis ha escrito que "en un tiempo de libros sin literatura, Héctor de Mauleón es un escritor y Como nada en el mundo es otra de las pruebas al respecto". Compruébelo el lector.

*Escritor

 
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PERFIL
 
Este espacio trata los temas relacionados con el libro, los lectores y la industria editorial. Busca ser un servicio para quienes deseen tener información de actualidad sobre estos temas. Propone un diálogo sobre escritores, editores y productores del libro, a nivel internacional. Argüelles es actualmente director de Normatividad de la Dirección General de Bibliotecas del Conaculta y gusta de compartir la experiencia de su trabajo con los lectores.
 
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