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    Ruta 66
Carlos Vega
09 de diciembre de 2006

La salida del primer disco de éxitos de Oasis, Stop the clocks, viene acompañado de aparentes señales de ruptura de la banda inglesa más popular de la década de los 90. Primero, por presagio propio de Noel Gallagher, quien hace 10 años sentenciara que este momento llegaría cuando los días del grupo estuvieran contados; segundo, porque el título del recopilatorio se presta para interpretarlo también en ese sentido, y tercero, porque desde su segunda producción no han sacado un disco que valga realmente la pena.

Pero afortunadamente para los fans del grupo, no hay tal fin. Primero, porque la salida del compilado tiene que ver con cuestiones contractuales (es su último disco para la Sony, y qué mejor que decirse adiós con un producto tan lucrativamente atractivo); segundo, porque el hecho de detener los relojes va más por una cuestión de nostalgia y aparente pleito personal con Cronos, y tercero, porque ya hacía falta un disco de ellos que se pudiera tocar de principio a fin sin tener que saltarse algunas canciones.

Si se hiciera una analogía de estos 12 años de conocer a Oasis con una relación de pareja, la salida de este disco sería como ese momento de recapitulación en el que se dice: "Esto te he dado, esto me has dado", "¿le seguimos, le paramos?... O de plano nos damos un break".

Y es que la pasión ya no es la misma a la de hace más de una década, con las locas aventuras con el Definitely maybe o los míticos encerrones con el (What´s the story) morning glory? Después de eso, como dijera el gran maestro Juan Gabriel, la costumbre se volvió más fuerte que el amor.

Stop the clocks viene a ser como echar un vistazo a la caja de zapatos donde se guardan las viejas cartas de amor, las fotos cachete con cachete del Metro, los boletos del primer viaje juntos y demás souvenirs de la época rosa. Es decir, revivir los buenos momentos.

La selección incluye 18 de los mejores momentos del romance, con especial atención a los de Definitely maybe y (What´s the story) Morning glory?, algo del Standing on the shoulder of giants, un poco del Heathen chemestry, y varios del Don´t relieve the truth.

Nada del Be here now, ese penoso momento del que si acaso sólo se podría rescatar aquel "rapidín" de "Stand by me", pero que a juicio del Gallagher mayor es mejor dejar totalmente en el olvido.

Además de la música, los peinados y la voz de Liam, las reminiscencias beatlescas permanecen, primero con el responsable del arte del disco, Peter Blake, quien se encargara del diseño de la legendaria portada del Sgt. Pepper. El collage incluye un retrato del actor inglés Michael Caine (hecha por el prestigiado fotógrafo David Bailey), una muñequita de Dorothy (la del Mago de Oz), una bufanda y un par de zapatos. Y segundo, con el empaque de los discos, que viene en rojo y azul, como aquellas memorables recopilaciones de Los Beatles.

Personalmente troné con Oasis en dos ocasiones. La primera cuando salió el Be here now, que fue ese detalle mata pasiones que siempre viene a joder las cosas. La segunda, cuando durante su visita a México, en mayo de 2000, pude estar en el after show privado, y lo más loco y emocionante que pasó fue la música de los 60 que Noel ponía en una grabadora casera. Pero afortunadamente quedamos como buenos amigos, y ahora me disfruto de este disco como en los viejos tiempos.

Comentarios: cvega73@hotmail.com

 
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