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Gobierno rico, país pobre
No hay duda que la decisión del presidente Felipe Calderón de reducir el gasto público, empezando por los salarios de los altos funcionarios, incluido el suyo, es una medida concreta que parece indicar que esta vez la reforma del gobierno va en serio Como un ejemplo tangible de la importancia del gasto en prestaciones de los servidores públicos de alto rango, que es parte del recorte del decreto de austeridad del Presidente, vale la pena recordar algunos de los comentarios de los medios durante la transmisión de poder el 1 de diciembre, que a la luz de los pleitos por la tribuna en la Cámara de Diputados perdieron relevancia. En particular, varios periodistas resaltaron el costoso aparato de "apoyo" de los altos funcionarios, representado por ayudantes, escoltas, camionetas Suburban, teléfonos celulares, etcétera, los que al estar concentrados en un evento tan difundido mostraron la paradoja de un gobierno rico en un país pobre. En este contexto, la medida decretada por el nuevo gobierno resulta ser aún más importante. El presupuesto y sobre todo su ejercicio son sin duda instrumentos esenciales para medir la efectividad de la función pública en términos de sus prioridades y la eficacia de sus acciones en áreas como la educación, la salud o la seguridad. No obstante que la injerencia del gobierno en la economía ha disminuido en los últimos 15 años como resultado de la privatización de empresas públicas en los años 90, el gasto público corriente sigue creciendo sin que se tenga una buena evaluación de su impacto en la economía o en la sociedad. Lo que es un hecho es que los niveles de inseguridad alcanzan niveles históricamente altos y que la marginación y la pobreza continúan sobrepasando los límites tolerables para un país con nuestros recursos. La acción del gobierno en la atención a esos problemas debió haber sido más efectiva tomando en cuenta los extraordinarios ingresos del petróleo de los últimos años. Además del presupuesto, sus niveles y rubros de gasto, hay otros factores que sirven para evaluar la acción gubernamental como la calidad de los servicios públicos y la transparencia y eficacia de los procesos de licitación de contratos de compra por parte del gobierno. Desafortunadamente la falta de recursos destinados para modernizar los servicios públicos y la baja preparación y remuneración de quienes los prestan, aunado al desinterés de los altos funcionarios responsables de esas áreas, hace que los usuarios padezcan de la corrupción y mala calidad que caracteriza a esos servicios. No hay un sistema de quejas adecuado y tampoco existe la opción de cancelar los trámites o de realizarlos en otra oficina con otro proveedor, como en general ocurre en el sector privado. A diferencia de la gran oferta de libros sobre eficacia y buen manejo en los negocios, en estos tiempos hay pocos autores que se interesen en el tema de administración pública y la modernización del estado. Entre los libros que hablan de la reforma del gobierno están los de David Osborne, Reinventing Government, publicado hace 15 años, que ofrece propuestas como la de hacer al gobierno un catalizador de la iniciativa individual y a sus funcionarios, más sensibles para responder y anticipar las demandas del mercado y los ciudadanos (hay una edición en español). Asimismo, acaba de salir una edición actualizada de The Price of Government, del mismo autor, donde presenta ideas para modernizar la función pública, como la consolidación de procesos administrativos de compra y licitación y la libre competencia de servicios públicos, que pueden ayudar a reducir el gasto público y evitar la quiebra del estado por parte del gobierno. También acaba de aparecer Unleashing Change de Steven Kelman, profesor de negocios de la Universidad de Harvard y jefe de la oficina de licitaciones federales durante el gobierno de Bill Clinton. Se trata de un interesante estudio que, de acuerdo con su autor, responde a la creciente demanda de millones de ciudadanos alrededor del mundo que exigen desburocratizar el gobierno, mejores servicios, administradores más productivos y menos onerosos. Me parece que estas son lecturas que pueden ayudar a resolver la paradoja implícita en el título de este artículo. jpinto@pintobooks.com Lecturas: Steven Kelman. Unleashing Change. A study on Organizational Renewal of Government. Brookings Intitution Press, 2006. David Osborne. Reinventing Government. Addison-Wesley, 1992.David Osborne. Herramientas para transformar el gobierno. Ediciones Paidos Iberica, 2003.David Osborne. The Price of Government, Getting the Results we Need in an Age of Permanent Crisis. Hutchinson. 2006Unleashing Change. A study on Organizational Renewal of Government . Brookings Intitution Press, 2006. David Osborne. Reinventing Government . Addison-Wesley, 1992. David Osborne. Herramientas para transformar el gobierno . Ediciones Paidos Iberica, 2003. David Osborne. The Price of Government, Getting the Results we Need in an Age of Permanent Crisis . Hutchinson. 2006
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