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¡Es el circo!
En el fondo lo que está en disputa es el simbolismo de la tribuna de la Cámara de Diputados En el camino A nadie debiera sorprender que en una de mocracia viva, plural, en el Parlamento se caldearan los ánimos, se arrebatara la palabra, se disputara el uso de la tribuna parlamentaria para hacer escuchar tal o cual punto de vista. Pero lo que vimos ayer en la Cámara de Diputados nada tiene que ver con esa saludable disputa por hacer prevalecer las ideas. Lo que vimos ayer fue una vergonzosa disputa, ya no por el poder sino por el desprestigio de la política, de la democracia y las instituciones. Diputados de PRD y PAN ya no pelean el poder -porque les guste o no a las partes, Felipe Calderón será el presidente constitucional en los primeros minutos del próximo viernes-, sino que los primeros se han propuesto impedir el mandato constitucional que obliga a Felipe Calderón a protestar ante el pleno del Congreso, mientras que los segundos están dispuestos a no permitir que se le impida a Calderón que cumpla con ese mandato constitucional. Una disputa absurda, emparentada con un espectáculo circense, que niega la política, denigra a los políticos y que deja ver que los primeros, los diputados del PRD, están dispuestos al extremo de la violación constitucional con el único fin de saciar su sed de venganza -porque no digieren que los errores de su candidato presidencial y los abusos del Presidente al que tildaban de tonto, les arrebató una victoria que ya daban por descontada-, mientras que los segundos, los del PAN, resultaron atrapados por la provocación que los llevó a ofrecer el mismo espectáculo que cuestionaban. En el fondo lo que está en disputa es el simbolismo de la tribuna de la Cámara de Diputados -que erigida en Congreso General el 1 de diciembre se convierte en la tribuna mas alta de la nación-, y que será el recinto para transmitir el poder. Cuando los diputados del PRD anunciaron que, por los medios que sea, impedirían que Felipe Calderón proteste frente al Congreso el 1 de diciembre, no buscan impedir que Calderón se convierta en el nuevo presidente de los mexicanos, no buscan revertir el resultado del 2 de julio y menos la calificación del Tribunal Electoral. No, pretenden vengar el supuesto agravio propinado por el gobierno saliente y le apuestan al fracaso del ceremonial en el que Calderón se convertirá en presidente constitucional. Y si esa reacción infantil del PRD muestra el talante y la hechura de esos políticos profesionales que dicen representar a los ciudadanos, que se dicen democráticos y que parecen dispuestos a incumplir la Constitución que juraron respetar y hacer respetar -lo que de suyo habla no del tamaño del fracaso electoral del PRD, sino del fracaso de su discurso y práctica democrática-, no es menos infantil la respuesta de los diputados del PAN, que con las mismas herramientas que el PRD, la toma de tribuna, se empeñan en hacer valer no tanto que se cumpla la Constitución, sino su derecho al símbolo que significa la tribuna de la Cámara de Diputados y que su presidente cumpla el ritual de transmitir el poder. Tal para cual. Está claro que cuando los diputados del PRD pretenden impedir que se cumpla con la letra del 87 constitucional -sea legítima o no su demanda-, incurren en una grave y flagrante violación al contrato social fundamental y proponen la violencia política como método de solución de los conflictos. Esa actitud, que resulta harto irresponsable, no puede ser respondida con otra irresponsabilidad igual y en sentido contrario, como la ejercida por el PAN. El problema de fondo es que la legislación, la Constitución y sus leyes reglamentarias son incapaces de ofrecer soluciones a conflictos como el que vivimos, al circo en que los irresponsables diputados han convertido la llamada "casa del pueblo". El problema es que el Congreso, la inmunidad a los diputados y senadores, y el vacío legal para sancionar a los legisladores que incumplan la Constitución y que, como es el caso, decidan violarla como parte de la violencia política que han desatado contra las instituciones, convierten al Congreso en otro de los monopolios que dañan al país y a la democracia. ¿Quién es capaz de exigir cuentas a los diputados y senadores, no sólo por su trabajo, deficiente en las más de las veces, sino en su comportamiento irresponsable y contra la Carta Magna? La respuesta la saben todos. Nada ni nadie. La actividad de un legislador, sea positiva o negativa, goza de impunidad absoluta. Y claro, siempre a nombre de sus representados, de los electores y ciudadanos que, en el fondo, son los verdaderos mandantes, los que pagan las insultantes dietas, el vergonzoso turismo legislativo, los ofensivos gastos médicos. No es gratuito que en la opinión ciudadana diputados y senadores tengan un desprestigio por debajo del de los policías. Apelar a la vergüenza, la sensatez y la responsabilidad de los diputados y senadores, sobre todo a los del PRD, sería una severa llamada de atención de los mandantes. Pero en la fracasada democracia mexicana, los mandantes no le importan a nadie, y menos a los farsantes del PRD. Tomás Ruiz renunció ayer a la Lotería Nacional. Será el nuevo presidente de Partido Nueva Alianza. aleman2@prodigy.net.mx
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