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Un lugar común
Desde hace tiempo se ha vuelto un lugar común decir que las becas han hecho que los artistas hayamos perdido nuestra capacidad crítica. Se dice que estamos tan ocupados consiguiéndolas que hemos olvidado nuestro compromiso social. Cuando empezó el Fonca formé parte del grupo Los Abajofirmantes que criticó sus muchas fallas iniciales. Algunas se resolvieron. A la fecha sigo cuestionando programas como el de Eméritos, que me parece valioso pero incosteable en un país pobre y el de Creadores Artísticos cuyo presupuesto estaría mejor empleado en adquirir obra para los museos. Pero también he solicitado y a veces obtenido algunas becas, como la del programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales. Y he sido jurado de los programas de becas en varios estados. El sistema es perfectible, pero el mundo no se acabaría si lo eliminan. Sin embargo, decir que los artistas hemos dejado de ser críticos por las becas esquematiza una realidad compleja y nos desarticula. Más bien, habría que definir a quienes consideramos artistas, cómo han cambiado las estructuras del arte, en qué consiste ser críticos y por qué todo el trabajo politizado y comprometido que hacen miles de artistas con o sin beca, parece invisible. De entrada se me ocurre lo siguiente: 1. No todos los artistas solicitan becas y no a todos los que la solicitan se las otorgan. ¿Sólo consideramos valiosos a los que las piden y las tienen? 2. Han habido batallas formidables en defensa del patrimonio nacional, como la de los murales del Casino de la Selva y sé que es necesario llegar a esos extremos para que los gobiernos reaccionen. ¿No será que no se escucha la voz de los artistas porque los interlocutores son sordos? 3. Decir que los artistas no son críticos por las becas, es decir, que somos corruptos. ¿Acaso Poniatowska, Toledo o Monsiváis se han callado? Además, para ser lambiscón no se necesita tener beca y de esos siempre habrá. 4. Programas como las de Artes por todas partes son una licitación pública para contratar proyectos culturales. Incluso no deberían ser "becas" y "apoyos", como si fueran una dádiva, sino un pago como a cualquier persona que realiza un trabajo útil para la sociedad. 5. ¿Un artista serio realmente se dejaría corromper por una bequita? 6. Hay muchos artistas participando en movimientos sociales desde posturas políticas muy diferentes. Todos creen que es lo mejor para el país. ¿Se vale descalificarlos cuando no se comparten sus puntos de vista, con o sin beca? 7. Hay muchas formas de ser críticos. A veces, trabajar a pesar de todo es una manera. A veces, no participar en política también es una postura crítica. 8. Hay sistemas de becas en estados con gobiernos de todos los partidos. 9. Hay muchos artistas y muchas batallas. Algunos apoyan causas como la del EZLN. Hay cientos de obras sobre las mujeres asesinadas en Juárez, la migración y la violencia. Otros, por postura política, han insertado sus proyectos en las cárceles, en la calle o en los medios de comunicación. Muchos han defendido espacios como la Casa de la Cultura la Pirámide y la escuela de arte en Azcapotzalco. Otros han criticado el afán taquillero de la Secretaría de Cultura del DF y todos han criticado a Sari Bermúdez y a Fox. 10. El principal problema de las becas no es que coopte a los artistas, sino que no está estructurado para que la sociedad obtenga el beneficio de la inversión pública en cultura. 11. Hoy mucho trabajo artístico critica a las estructuras, no un partido o una situación específica. Es más abstracto, pero no por ello menos crítico. ¿Usted cómo la ve? www.pintomiraya.com.mx
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