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Ricardo Alemán
28 de noviembre de 2006

Oposición ciega y poder sordo

La confrontación prevista para el viernes no será más que un triste espectáculo de profundo contenido mediático

A tres días de que Felipe Calderón Hinojo sa cambie el estatus de presidente electo por el de presidente constitucional, de que legisladores del PRD -senadores y diputados- intenten impedir que el nuevo mandatario proteste frente al Congreso de la Unión "respetar y hacer respetar la Constitución", nadie sabe el nivel que a partir de esa fecha alcanzará la confrontación entre las fuerzas políticas antagónicas del PAN y el PRD, y entre sus respetivos jefes, Calderón y López Obrador.

La mañana del 1 de diciembre próximo será el momento estelar de una titánica batalla política que enfrentó a la derecha y la izquierda mexicanas, y que arrancó seis años antes: el 1 y el 5 de diciembre del año 2000, cuando Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador asumieron sus respectivos cargos, como presidente constitucional el primero, y como jefe de Gobierno del Distrito Federal el segundo. Son muchos los que esperan que esa mañana los diputados y senadores del PRD regalen a los electores uno de los más vergonzosos espectáculos de la lucha por el poder en México.

En todo caso las imágenes que veremos de la confrontación política prevista para el próximo viernes -más allá de las estrategias que cada partido decida para lograr sus fines- no será más que eso, un triste espectáculo de profundo contenido mediático, destinado al anecdotario de la política mexicana, propio del mezquino cobro de facturas y de la saciada sed de venganza. Estampas para olvidar y que, sin embargo, en sus claroscuros muestra el profundo rencor por el poder perdido, en uno de los bandos, y la arrogancia de los ganadores, por el otro, que parecieran dispuestos a excluir a los derrotados.

Pero más allá del espectáculo, del circo propio de la descarnada lucha por el poder, lo preocupante es lo que viene. Si el PRD se empeñara en impedir, a costa de lo que sea, que Calderón proteste frente al Congreso, el PAN se empeñará en lograr, a costa de lo que sea, que Calderón se convierta en presidente constitucional. Comoquiera que resulte el sainete, Calderón será el nuevo presidente a partir del 1 de diciembre. Y la mañana siguiente arrancará otra historia. ¿Cual será esa "nueva época"?

A propósito del tema, el siempre visionario Octavio Paz escribió en uno de sus últimos artículos periodísticos (Reforma, 7 de julio de 1997), titulado "La nueva época", sus profundas preocupaciones por la alternancia en el poder. Dijo el Nobel mexicano de Literatura: "El porvenir está lleno de interrogaciones. La responsabilidad de responderlas con lucidez y entereza incumbe a los partidos políticos y a sus dirigentes. Los derrotados deberán de abstenerse de emprender una política hecha de resentimientos, rencores y agravios ideológicos o personales. La democracia no puede vivir sin la oposición, pero una oposición ciega puede destruirla. El ejemplo de Madero es una advertencia; cayó víctima de una oposición obtusa y malévola.

"Los vencedores tienen que cuidarse del pecado de la desmesura, esa pasión que consiste en la incapacidad del vencedor de vencerse a sí mismo e ignorar tanto la voluntad de los otros como las exigencias de la realidad. Los vencedores no pueden ser sordos ante las opiniones adversas, sean las de una minoría o de un individuo; tampoco deben ceder a las tentaciones extremistas e ideológicas. En la elección (se refería a la de julio de 1997) ha quedado claro que las mayorías se inclinan no por esta o por aquella filosofía política, sino por la resolución de los problemas concretos que afectan a su vida diaria".

Desde ese julio de 1997 Octavio Paz vio venir lo que ocurrió no en el año 2000, sino en el 2006: una intensa batalla político-electoral entre las representaciones partidistas de la derecha y la izquierda, el PAN y el PRD, y expresó sus temores por la sobrevivencia de la naciente democracia mexicana, ante los peligros de una oposición ciega, obtusa y malévola, que guiada por sus resentimientos, rencores y agravios pretendiera destruirla, y frente a la arrogancia, la desmesura de un poder sordo decidido a excluir a los adversarios derrotados.

El planteamiento de Paz parece destinado al México de diciembre de 2006, en donde el PRD calza el papel de esa oposición a la que se refería el Nobel: ciega, obtusa y malévola, que pretende impedir la llegada del gobierno de Calderón, a causa de sus resentimientos, rencores y agravios ideológicos o personales; en tanto que los ganadores, el PAN y el presidente electo, Felipe Calderón, se enfundan en la descripción de Paz, la de los vencedores incapaces de vencerse a sí mismos, que al integrar el gabinete incurren en la desmesura y las tentaciones extremistas e ideológicas; vencedores sordos que no tomaron en cuenta a nadie, mas a los diversos tonos de la derecha, para la integración del nuevo gobierno, que no entiende que los electores no votaron por la derecha o contra la izquierda, sino por quien les pareció que podía resolver los problemas de su vida cotidiana. La grandeza de la política no aparece en el PRD, tampoco en el PAN, y menos en el PRI. Políticos enanos.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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