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La traición que viene
Es una realidad de la política que la lealtad llega hasta donde se cruza la posibilidad de alcanzar el poder Desde el 5 de diciembre del año 2000 documentamos en este espacio lo que fue bautizado como "El parricidio". Desde entonces nos referimos a las evidentes señales de que el nuevo jefe de Gobierno capitalino preparaba un "golpe de Estado" a su padre político, promotor y mecenas. Abundaron las voces que se negaban a ver lo evidente, que creían imposible que Andrés Manuel López Obrador fuera capaz de traicionar y aniquilar políticamente a Cuauhtémoc Cárdenas, el entonces líder "moral" del PRD. La historia de los seis años que siguieron a ese 5 de diciembre de 2000 todos la conocen. Pero vale la pena recordarla porque a partir del próximo 5 de diciembre, una vez que Marcelo Ebrard despache en la silla de jefe de Gobierno del DF, se iniciará la cuenta regresiva para el liderazgo de López Obrador, quien empezará a ser aniquilado por el ya para entonces poderoso gobernante de la segunda fuente de poder y dinero más importante del país -luego de Los Pinos-, que es el gobierno capitalino. Y por supuesto que hoy, como ayer, serán muchos los que descrean una hipótesis que no es más que producto de la cultura política mexicana. De la lucha por el poder. Por lo pronto, Marcelo Ebrard traga "sapos y serpientes", acepta el regaño, las instrucciones públicas de su jefe, que los medios lo motejen como "el otro pelele", y que incluso se le vea como el verdadero guiñol de las ambiciones políticas del lopezobradorismo. Está claro que Marcelo Ebrard le debe casi todo a Andrés Manuel López Obrador, desde que hace poco más de seis años Ebrard renunció a la precandidatura como jefe de gobierno al DF, a favor de López Obrador, quien ya en el cargo lo hizo secretario de Seguridad Pública y luego encargado de su política social. Todos saben que AMLO impuso a Ebrard como candidato a jefe de gobierno y que le heredó una buena parte de su votación. No se equivocan quienes señalan que Ebrard le debe casi todo a Andrés Manuel, como tampoco se equivocaban quienes decían que AMLO le debía todo a Cárdenas. ¿Pero es Marcelo Ebrard un títere? No, está muy lejos de serlo, más bien se trata de un bien equipado "animal político", forjado en la competida y formativa escuela del salinismo, siempre a la sombra de otro saurio de la política mexicana como Manuel Camacho, y que como éste ha llegado a una de las posiciones estratégicas para alcanzar el poder presidencial: el gobierno del Distrito Federal. Ya en 1994 el grupo político de Camacho-Ebrard alcanzó la antesala del poder presidencial, pero la regencia de Camacho estaba sometida a los caprichos de su jefe, Carlos Salinas, quien al final de cuentas eligió a Luis Dolando Colosio por sobre Manuel Camacho. Las habilidades políticas del grupo Camacho-Ebrard, su paciencia, lo llevaron de vuelta a los primeros niveles del poder político, ahora a través del PRD y de su alianza con AMLO, al grado que, de nueva cuenta, ese grupo se encuentra frente a la posibilidad de llegar al poder presidencial, ahora con Marcelo Ebrard como el jefe de gobierno y potencial candidato presidencial. ¿Dejará escapar esa posibilidad, de nueva cuenta, la mancuerna Ebrard-Camacho? En política, está claro, uno de los valores fundamentales, más preciados es precisamente el de la lealtad. Pero también es una realidad de la política mexicana -y de todo el mundo-, que la lealtad llega hasta donde se cruza la posibilidad real de alcanzar el poder. Es decir, que la alianza de la dupla Ebrard-Camacho con el ex candidato López Obrador llegará hasta el punto en que los dos bandos disputen los espacios para la contienda presidencial de 2012. Toda aspiración de poder, como también todos saben, se construye desde que arranca el gobierno al que se aspira. AMLO inició su periplo rumbo al año 2006 desde que inició su gestión como jefe de Gobierno, en el año 2000. El mismo López Obrador ha reiniciado una segunda vuelta rumbo al 2012, desde la noche del 2 de julio de 2006. Pero no será el único en esa carrera en el interior de la llamada izquierda institucional. A pesar de que Marcelo Ebrard es visto por muchos como "el otro pelele", también empezará a operar, de manera formal, su propia candidatura presidencial desde el 5 de diciembre próximo. Pero Marcelo Ebrard tiene muchas ventajas por sobre su mentor Camacho, y por sobre su jefe político López Obrador. Resulta que Marcelo se encuentra -como todo depredador que se precie de serlo-, en la cúspide de la cadena del poder. Más arriba del poder que la da la jefatura de gobierno del DF, se encuentra el poder presidencial, que no es de su partido, al que no le debe lealtad alguna -salvo la institucional-, en tanto que López Obrador tiene el poder político de su liderazgo, pero nada más. Marcelo tiene por delante seis años para construir su candidatura presidencial, tiene uno de los más ricos presupuestos y tiene, por si hiciera falta, todos los recursos informativos para destruir, si se lo propone, a una buena parte de las figuras del PRD. ¿Será un pelele? Viene una traición. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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