|
"Lo bueno, si breve, dos veces bueno"
Carlos Monsiváis, bien generosamente, alaba mi amor por el punto y aparte y a no dejar entre la primera y la última palabra de mis discursos grandes espacios para largas discusiones. Agradezco mucho que Carlos advierta esta tendencia de mis frases a ceñirse a los asuntos que trato sin dejarme llevar por florilegios ni juegos retóricos. Otros hubieran pensando que trato de disimular el hecho de que teniendo poco que decir, mejor lo digo sin más ni más. Pero lo cierto es que elegí al maestro de tal modo que pretendo imitarle en todo lo que le admiro. Estoy hablando de don Baltasar Gracián, que murió en Tarazona, hace más de 300 años. Ese Baltasar fue pariente de aquel personaje que oyendo que un orador decía "como he dicho antes", abandona la sala afirmando "si ya lo dijo antes no tengo, ahora, por qué seguir escuchando". Esto debía ocurrir en la Cámara de Diputados, en donde todo se dice tres veces, cuando no cuatro o cinco. Volviendo a mi viejo maestro recogeré algunas de sus frases que no tienen desperdicio: "La brevedad es lisonjera". "Lo malo si poco, no tan malo". "Lo bien dicho se dice presto". "Lo bueno, si breve, dos veces bueno". Todos estos consejos, sin embargo, de poco sirven cuando quien escribe lo hace largo y bien. Ese es el caso de Carlos Monsiváis. Y no diré más, sino añadir que los juicios de Monsiváis sobre mis menguados textos se pueden encontrar en el prólogo al libro La mitad de nada.
|