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Ricardo Alemán
20 de noviembre de 2006

Oaxaca: borrón y cuenta nueva

Parece que Ulises Ruiz, el aún gobernador, habría salvado el cuello, remontado la crisis de gobernabilidad, y se pasea tan campante, como si nada

De manera repentina la crisis política, social y económica que vive Oaxaca pasó a un segundo plano no sólo en las prioridades mediáticas, sino de la agenda política nacional. Oaxaca salió de las pantallas, de las primeras planas y hasta dejó de ser un problema para los estrategas del gobierno y del presidente electo, en el diseño de los escenarios para salvar el precipicio que significa el 1 de diciembre, la toma de posesión de Felipe Calderón y la protesta, ante el Congreso, como presidente constitucional.

La otrora rijosa Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) parece un fantasma de lo que fue hace unos cuantos días, y salvo acciones esporádicas -de grupos ultrarradicales que insisten en la violencia política y física-, se ha producido un notable repliegue de los appistas, quienes de manera repentina olvidaron las emblemáticas causas de los pobres y los desposeídos, por las que decían entregar la vida, y escondieron la cabeza en entendible estrategia de negociación político-económica.

Bueno, hasta parece que el señor Ulises Ruiz, el aún gobernador formal, habría salvado el cuello, remontado la crisis política, de gobernabilidad y legitimidad que enfrentó, y se pasea tan campante, como si nada, en eventos en donde grupos religiosos y chamanes invocan su buena fortuna y le auguran fortaleza en su gestión. Y el señor Ruiz hasta se atreve a declarar que no hay fuerza terrenal capaz de quitarle el poder, "porque sólo el Señor es quien da y quita el poder". Conclusión brillante, retadora, que por lo menos mereció una respuesta contundente de sectores católicos. El señor Ruiz es un cínico.

¿Qué está pasando en Oaxaca? Pues resulta que contra lo que muchos auguraban, lo que suponían propios y extraños, el señor Carlos Abascal -al que no pocos motejan como Monseñor por sus públicas inclinaciones religiosas- finalmente le encontró la cuadratura al círculo. ¿Y adivinen qué? Sí, se confirmó la sabiduría del refranero popular: "Con dinero baila el perro". El dulce tintineo de las monedas -muchas más de 30, por supuesto- hicieron el milagro. Los señores de la APPO, esos cuya ferocidad impactaba en primeras planas y en imágenes televisivas, que recurrieron a medidas extremas, de violencia física, chantaje político; al reto abierto al Estado, a la ocupación ilegal de instalaciones privadas, que se vieron envueltos en delitos graves y hasta presuntos crímenes, al final de cuentas doblaron las manos por un puñado, nada despreciable, de monedas.

Y con el tiempo se confirmó que algunos de los más corpulentos liderazgos, como el de Flavio Sosa, no eran más que depuradas expresiones de lo más corrupto del viejo sistema político. La ex candidata presidencial Patricia Mercado se encargó de revelar, a todo el que quisiera saberlo, que Sosa no es más que un vividor de la política, un porro que pone, al servicio del que pague lo suficiente, en monetario o con el cacao de la política, sus servicios de agitador social, de reventador de asambleas, reuniones partidistas, encuentros gremiales o, si es necesario, gobiernos estatales.

Sosa prestó sus servicios de agitador profesional, lo mismo al PRD y su corriente de Los Chuchos, que a las causas del Partido Convergencia, que al ex gobernador José Murat, y hasta operó una buena parte de la campaña presidencial de Roberto Madrazo. Ese ejemplo de la congruencia política, de la solidez ideológica, de la lucha por los que muy poco o nada tienen, al final de cuentas decidió que ya había sido suficiente, que corría el riesgo de parar en prisión -y por eso corrió a ocultarse en las faldas negras, en donde al final no tuvo cabida-, y junto con otros líderes de la APPO decidió negociar. ¿Cual fue el acuerdo? El único posible, el restablecimiento de esos caudalosos ríos de dinero que, en el fondo, fueron el origen del diferendo.

El conflicto en Oaxaca, como todos saben, se inició por un reclamo salarial del magisterio. Pero ese sólo fue un pretexto utilizado por líderes como Flavio Sosa, entre muchos otros, que crearon la APPO, que se vincularon con grupos radicales emparentados con el EPR, y decidieron la defensa violenta de sus privilegios. Ulises Ruiz había "levantado la canasta" de recursos a un puñado de organizaciones que, a cambio de dinero, garantizaban la paz y la estabilidad. Y luego de seis meses de barricadas, bombas molotov, violencia y muerte, de un virtual levantamiento social, todo regresará a la normalidad, porque los ríos de dinero se restablecerán.

Antes se había garantizado otro caudal de dinero público al magisterio, que hizo posible el otro milagro; desvincular a la APPO de los maestros y el regreso a clases. Y por supuesto que el pacto para que la normalidad llegue a Oaxaca no incluyó la caída del gobernador Ulises Ruiz, pero sí la impunidad de los líderes appistas, quienes a pesar de tener responsabilidad en por lo menos 15 muertes, en la ruina económica de Oaxaca, en el criminal retraso educativo, y en la quiebra de cientos de empresarios y pequeños comerciantes, se pasearán por Oaxaca como si nada. Chulada de democracia. ¿O no?

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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