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Juan Domingo Argüelles
19 de noviembre de 2006

Decálogos, mandamientos, credos, consejos y preceptos para oficiantes de la escritura (México, Praxis, 2006), compilado por Carlos López, es un libro de gran utilidad para los escritores y, en general, para los interesados en la literatura. En sus poco más de 200 páginas se cifra una buena parte de la estética y las certidumbres de algunos grandes autores que decidieron sistematizar en una serie de preceptos sus hallazgos y convicciones.

Los exhortos y recomendaciones sobre el oficio de escribir que reúne Carlos López en este volumen son suscritos por autores como Horacio Quiroga, Martín Luis Guzmán, Stephen Vizinczey, William Faulkner, Rainer Maria Rilke, Friedrich Nietzsche, Julio Ramón Ribeyro, Juan Carlos Onetti, Augusto Monterroso, Erskine Caldwell, Antón Chejov, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Vladimir Nabokov, Ernest Hemingway, Gilbert K. Chesterton y Adolfo Bioy Casares, entre otros.

Pero todo es relativo: si admiramos a ciertos escritores probablemente creeremos en sus consejos; no así cuando se trata de autores que están fuera de nuestra predilección. Por otra parte, leídos en conjunto, estos decálogos que aconsejan seguir los escritores mencionados (y los otros también incluidos) chocan muchas veces entre sí, lo cual quiere decir también que cada certeza es absolutamente soberana e íntima, sin que ello tenga que ver necesariamente con la objetividad.

En realidad, estos mandamientos son divertidas arbitrariedades y aun dogmas que sólo alcanzan algún sentido con el grado de genialidad o de talento del escritor que los suscribe. Así, podemos verlos con simpatía -aun cuando no estemos siempre de acuerdo con ellos- si los escribieron Borges, Chejov, Nabokov o García Márquez, ¿pero cómo leerlos en serio cuando sus autores son escritores a quienes no podemos considerar escritores de excepción sino de segunda categoría, con obras francamente intrascendentes? Son los casos, por ejemplo, de ciertos autores menores o de académicos que no están para dar consejos sino para seguirlos.

Recordemos que Ezra Pound recomendaba, respecto de la poesía, "no hacer caso a las sugerencias de aquellos que no hayan producido una obra poética notable", porque estaba convencido de que sólo los grandes escritores tienen derecho a dar consejos y a criticar a los demás; no así los que no han sabido realizar una obra siquiera medianamente.

La reunión de textos que ha antologado Carlos López, algunos de los cuales ha resumido de obras más vastas, nos sirven para conocer el temperamento y el credo de un escritor, los cuales emanan de sus filias y sus fobias, sus certezas y sus desconfianzas.

William Faulkner dice, por ejemplo, que si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Otros, en cambio, aconsejarán mucho a los jóvenes en cuanto a la técnica. Rilke dice, respecto de los jóvenes, que nadie les puede aconsejar ni ayudar sino su propia búsqueda y su decisión. Nabokov detesta a Thoman Mann, Camus, García Lorca y Faulkner, entre otros, a los que llama autores secundarios, y Roberto Bolaño dice que no hay que leer jamás ni a Cela ni a Umbral, pero sí a Enrique Vila-Matas y Javier Marías. (No faltará otro escritor que aconseje no leer jamás a Roberto Bolaño.) Y Hemingway dice que Ezra Pound fue el hombre que le enseñó a desconfiar de los adjetivos.

Sea como fuere, Decálogos, mandamientos, credos, consejos y preceptos para oficiantes de la escritura es un libro absolutamente disfrutable si lo leemos como algo que no debemos seguir nunca al pie de la letra.

 
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Este espacio trata los temas relacionados con el libro, los lectores y la industria editorial. Busca ser un servicio para quienes deseen tener información de actualidad sobre estos temas. Propone un diálogo sobre escritores, editores y productores del libro, a nivel internacional. Argüelles es actualmente director de Normatividad de la Dirección General de Bibliotecas del Conaculta y gusta de compartir la experiencia de su trabajo con los lectores.
 
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