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Cartas marcadas
Los "marrulleros" priístas saben que esa calidad de "indispensables" les puede reportar un mayor beneficio Hace no muchos meses, cuando su candidato presidencial aventajaba con más de 10 puntos porcentuales a sus adversarios, Carlos Navarrete gustaba de exaltar ante sus amigos el "agudo olfato político" de Andrés Manuel López Obrador, que le permite "moverse siempre al filo de la navaja". De esa manera, el guanajuatense explicaba las descabelladas decisiones que tomaba el entonces "indestructible". Pero Carlos Navarrete -hoy jefe de los senadores del PRD- no sólo justificaba el proceder de AMLO como producto de ese fino "olfato político", sino que también solía acotar esa conducta: "¡Claro!, Andrés Manuel no come lumbre¡", decía. El tiempo ha demostrado que en política el "olfato" no lo es todo, y que ese sentido suele atrofiarse. Pero también el tiempo confirmó que un político que "come lumbre" no es político, en todo caso es un simple lanzafuegos callejero. Viene a cuento la historia porque hay muchos indicios que detrás del ruidoso debate en torno a que el PRD "impedirá a toda costa" que Felipe Calderón proteste ante el Congreso como presidente constitucional, hay mucho más que un desplante locuaz del "legítimo" y de las tribus que lo siguen; mucho más que la insaciable sed de venganza que animó al PRD y al lopezobradorismo a perseguir al presidente Fox con groseros vetos. En el fondo, lo que presenciamos se parece más a una riesgosa "mano de póquer" en donde PRI, PAN y PRD juegan con cartas marcadas. Pero vamos por partes. Todos saben que a partir del 2 de julio se dibujó una clara alianza entre lo que quedó del PRI -tras la estrepitosa derrota de Madrazo- y el naciente gobierno de Felipe Calderón. El PRI resultante quedó en manos de dos habilidosos políticos del "establo" salinista: Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón, líderes del PRI en el Senado y la Cámara de Diputados, respectivamente. Así, frente a la guerra que resultó del choque entre la dupla Fox-Calderón y la mancuerna formada por AMLO-Camacho, el PRI parecía destinado a convertirse en el "fiel de la balanza" del gobierno de Calderón. Pero ni Beltrones ni Gamboa estaban dispuestos a entregar su apoyo a cambio de nada. Si bien su tercera posición en el Congreso resultará poco más que indispensable para Calderón, los "marrulleros" priístas saben que esa calidad de "indispensables" les puede reportar un mayor beneficio. Por eso subieron el "precio de su amor" en casos como el de Oaxaca, al negarse a jubilar al nefasto Ulises Ruiz; por eso se sumaron al PRD en la grotesca negativa de que Fox viajara a Australia y Vietnam. Esas dos "cartas marcadas" fueron lanzadas a la mesa como señuelos para que el gobierno de Calderón entendiera que debía elevar su apuesta en la alianza con el PRI. Pero en la mesa de juego existen tres talladores de cartas. La tercera silla la ocupa el PRD y el lopezobradorismo, que a pesar de su segunda posición en el Congreso, está obligado a realizar una apuesta mayor, de alto riesgo, para no quedarse fuera de la jugada. Entre los jugadores de AMLO y del PRD aparecen nada menos que Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, dos salinistas que, igual que Beltrones y Gamboa, le apuestan al regreso del PRI al poder. Y si en el caso de la dupla Beltrones-Gamboa, ya tienen una buena porción del poder político -en el Congreso y en una buena parte de los gobiernos del PRI-, en la mancuerna Camacho-Ebrard tienen de su lado el segundo gobierno más importante, el del DF. La herencia salinista jugará, al mismo tiempo, como aliada y adversaria del gobierno de Calderón. Por eso el PRD de AMLO y de Camacho también han lanzado a la mesa sus "cartas marcadas". Primero jugaron con la carta del "legítimo", con el carnaval del 20 de noviembre. Luego sacaron la de aliarse con la APPO, que más bien ha sido una apuesta fallida. Pero al final han lanzado a la mesa la del bloqueo de la protesta de Calderón ante el Congreso. En todos los casos, la apuesta del PRD-AMLO-Camacho es forzar, mediante la presión, la violencia y el chantaje políticos, un acuerdo con el gobierno de Calderón, que rompa la posibilidad de la alianza entre Calderón y la dupla Beltrones-Gamboa. El PRD no quiere ser un aliado pasivo, sino activo, que someta al gobierno de Calderón. Y para eso juegan al "filo de la navaja" de impedir que Calderón proteste como presidente constitucional. Beltrones y Gamboa simulan defender la alianza del PRI con Calderón, al ofrecer como solución un recinto alterno para la toma de posesión, o que todos los partidos digan lo que tienen que decir antes de que llegue Calderón al Congreso. Intentan solidaridad, mediante una propuesta que ofende a cualquier jugador. En tanto, el PRD insiste en "caminar por el filo de la navaja", gracias al "olfato político" de AMLO, quien en el fondo "comerá lumbre" de nueva cuenta. Ahora quieren perder hasta su segundo lugar en el Congreso. aleman2@prodigy.net.mx
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