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El salinato de 1988, al revés
El PRD y sus aliados ex priístas se empeñan en volver al pasado de la intolerancia, la imposición, la ilegalidad y la antidemocracia Para actores políticos como Vicente Fox, Carlos Navarrete, Ricardo Monreal, Pablo Gómez, Socorro Díaz y José Murat, entre muchos otros que nacieron a la política en el PRI, PAN y PRD, no será una novedad lo que seguramente ocurrirá el viernes 1 de diciembre en la Cámara de Diputados, durante la protesta de Felipe Calderón como presidente constitucional. Y es que los arriba mencionados -entre otros políticos reciclados del pasado- son experimentados guerreros de batallas que datan del pleistoceno político-electoral mexicano; de los arcaicos y nada democráticos colegios electorales que no eran más que la simulación de la democracia, en donde los presuntos diputados y senadores se autocalificaban, para luego calificar al presunto presidente. Tiempos en los que la democracia era una presunción. Guerreros políticos como Fox, Navarrete, Monreal, Gómez, Díaz y Murat defendieron sus respectivos credos partidistas en 1988, no a golpe de ideas y argumentos, sino literalmente a puñetazos. No resulta exagerado, por eso, suponer que lo que veremos el 1 diciembre será mucho más que un circo o un pleito de fajadores callejeros, sino que podría terminar en la más vergonzosa regresión al pasado; al uso de la fuerza, la chicana y el chantaje, para impedir que se cumpla un mandato constitucional, la protesta de Calderón como presidente constitucional. De nada habrán servido 18 años de reformas electorales, instituciones ciudadanas, democracia electoral y supuesta cultura política de tolerancia. El 10 de septiembre de 1988, el Colegio Electoral -que hacía las veces de Tribunal Electoral y lo integraban diputados federales que se habían autocalificado- emitió el dictamen que validó la elección de Carlos Salinas. Se vivían momentos de alta tensión, ya que las bancadas del PAN y del Frente Democrático Nacional -antecedente del PRD- impugnaron dicha elección porque era producto del más escandaloso fraude electoral conocido. Los diputados del PAN y el FDN rechazaron el dictamen e impidieron que se validara la elección que convertía en presidente a Carlos Salinas. Frente a las evidentes dificultades, que habían convertido al Palacio Legislativo en una verdadera campal, Salinas ordenó a sus leales, entre ellos Manuel Camacho, que la diputación del PRI asaltara la tribuna. Camacho cumplió diligente la encomienda. Se apagaron los micrófonos de la tribuna, que era ocupada por legisladores del PAN y el FDN, en tanto que en una batalla cuerpo a cuerpo el PRI ocupó la tribuna, formó un cerco en torno al presidente de la Mesa Directiva, y le permitió dar lectura al dictamen. Por el PRI, como guerreros leales a su jefe Salinas, defendían el dictamen Socorro Díaz, Monreal y Murat, entre muchos otros. Los dos primeros pertenecen hoy la PRD, junto con Manuel Camacho, y tendrán muchas experiencias que compartir. Por el PAN blandían sus puños Fox, Carlos Castillo Peraza y la diputada Luisa María Calderón, hermana de Felipe Calderón -quien por cierto en ese año se convirtió en asambleísta del DF-, mientras que por el FDN sobresalían los nombres de Pablo Gómez, Carlos Navarrete y Jesús Ortega. En ese 1988, y a punta de golpes, los priístas de entonces -muchos de los cuales hoy ya son perredistas- impusieron el dictamen que formalizó la presidencia de Salinas. Y esos curtidos priístas, más los perredistas que entonces vivieron el atropello, hoy se han propuesto impedir que Calderón proteste como presidente, con los mismos métodos; los de la fuerza por sobre la razón y la ley, y enarbolando como bandera un fraude que nunca lograron demostrar. Las elecciones de 1988 nada tienen que ver con las de 2006, pero aun así el PRD y sus aliados ex priístas se empeñan en volver al pasado de la intolerancia, la imposición, la ilegalidad y la antidemocracia. Pero la historia no termina ahí. El 1 de diciembre de ese 1988 -y una vez que el PAN pactó con el PRI la "legitimación en el ejercicio de gobierno"-, el entonces FDN se inconformó por la protesta constitucional de Salinas mediante el abandono de sus diputados y senadores del salón de sesiones de San Lázaro. Le dieron la espalda a Salinas, lo dejaron solo, con el PRI y el PAN. ¿Y por qué en esa ocasión no impidieron, "a toda costa", que Salinas rindiera protesta ante el Congreso? Porque el FDN -que se convirtió en el PRD- no estaba dispuesto a emplear los mismos métodos del PRI, que había impuesto a un "presidente ilegítimo". Ese fue el argumento. Pero ya lo olvidaron. Los mismos que en 1988 impusieron a Salinas mediante las peores artes de la política, hoy llaman "ilegítimo", "espurio" y "pelele" a Calderón. Son los mismos que dinamitaron las instituciones democráticas con el cuento del fraude, que montaron el circo para exhibir como "legítimo" a AMLO; son los mismos que, con los métodos del PRI salinista, pretenden impedir "a toda costa", que se cumpla no un ritual, sino el mandato constitucional de protesta de Felipe Calderón ante el Congreso. Hacen basura 18 años de esfuerzos por la democracia y, peor aún, reeditan al PRI de Salinas. La historia no perdona, y suele cobrar caro. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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