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La editorial española Renacimiento, con sede en Sevilla, acaba de poner en circulación El ser que somos (2006), antología del poeta mexicano Efraín Bartolomé, en la serie donde figuran autores españoles como Luis García Montero, Juan Luis Panero, Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena, Juan Gil-Albert, Claudio Rodríguez y Félix Grande. En sus casi 200 páginas, El ser que somos presenta al lector español una rigurosa y, a la par, generosa selección de cuatro de los principales libros de este gran poeta mexicano: Ojo de jaguar (1982), Cuadernos contra el ángel (1987), Música lunar (1991) y Partes un verso a la mitad y sangra (1997). Esta antología española de Efraín Bartolomé (Ocosingo, Chiapas, 1950) llega en vísperas de cumplirse 25 años de la primera edición de su libro inaugural: Ojo de jaguar. Poesía recia y emotiva, la de Efraín Bartolomé mostró su originalidad y su dominio desde el primer momento. Sus páginas iniciales no son imberbes, son los poemas decantados de quien ha asimilado las experiencias más hondas y más intensas y, de igual modo, ha leído en los libros esenciales de la poesía. El libro de la vida y los libros de los mejores poetas lo llevaron a hacer de los suyos propios el más exigente ejercicio de rigor en la emoción, la inteligencia, la música, el lenguaje y el significado. Con este bagaje y las lecciones más intensas de los poetas de la emoción y de la perfección verbal y musical (Homero y Rubén Darío, sobre todo, pero también Antonio Machado, Fray Luis de León, Quevedo, Baudelaire, Lugones, Othón, Salvador Díaz Mirón, etcétera), Efraín Bartolomé se planta en 1982 en el escenario de la poesía mexicana y hace escuchar su voz que, a partir de entonces, será perfectamente reconocible. Así, desde su página inicial nombra su fe poética: "Para qué hablar/ del guayacán que guarda la fatiga/ o del tambor de cedro donde el hachero toca/ A qué nombrar la espuma/ en la boca del río Lacanjá/ Espejo de las hojas Cuna de los lagartos/ Fuente de macabiles con ojos asombrados/ Quizá si transformara en orquídea esta lengua/ La voz en canto de perdiz/ El aliento en resoplar de puma/ Mi mano habría de ser una negra tarántula escribiendo/ Mil monos en manada sería mi pecho alegre/ Un ojo de jaguar daría de pronto certero con la imagen." Luego de 24 años y 11 libros (Ojo de jaguar; Ciudad bajo el relámpago, 1983; Música solar, 1984; Cuadernos contra el ángel; Música lunar; Cantos para la joven concubina y otros poemas dispersos, 1991; Corazón del monte, 1995; Avellanas, 1997; Tres poemas para la casa de la Diosa Madre, 1997; Partes un verso a la mitad y sangra, y Fogata con tres piedras, 2006), Efraín Bartolomé ha recorrido un largo camino en diálogo con el lector, lo mismo en la oda que en la elegía, lo mismo en el poema celebratorio de la naturaleza que en la composición del más hondo y amoroso lirismo. No hay prácticamente emoción que no haya tocado con maestría y con sabiduría. En Cuadernos contra el ángel se definió del modo más memorable: "He aquí que soy poeta/ y mi oficio es arder". Muy pronto este poeta llegó a saber que la poesía no trata del lenguaje, sino de la vida, y que por eso no hay poesía sin emoción, y no hay modo de expresar con plenitud lo que no se ha sentido (es decir, vivido) plenamente. Todo lo cual queda de manifiesto en El ser que somos, esta antología poética con la que el autor mexicano se presenta ante el lector español para decirle: "En estos libros quema la vida que ya ardió. Y voy por más. Aún tengo respuestas que ofrendar a la Esfinge".
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