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Ricardo Alemán
01 de noviembre de 2006

Ulises: eslabón perdido del PRI

El gobernador de Oaxaca debería ocupar una vitrina del museo que explica el origen prehistórico del partido

Pedirle al señor Ulises Ruiz sensibilidad o responsabilidad política; sensatez, o una pizca de dignidad, acaso sea mucho pedir. Pero nadie que presuma de un mínimo de memoria política se puede llamar sorprendido o puede argumentar que le asusta el triste espectáculo que nos ofrece la clase política oaxaqueña y su espejo en todo México.

Y es que Ulises Ruiz -con toda su carga de insensible e irresponsable-, no es más que el último de los eslabones del viejo PRI. El aún gobernador de Oaxaca es el "eslabón perdido" que explica el largo proceso evolutivo del viejo PRI -desde los tiempos prehistóricos antidemocráticos, autoritarios, de corrupción, insensibilidad e irresponsabilidad política-, hasta llegar a los tiempos modernos de la democracia electoral, de las elecciones creíbles, limpias y los gobiernos legítimos. Ulises Ruiz debería ocupar una vitrina del museo que explica el origen prehistórico del PRI. Pero no, en lugar de ese sitio en la historia, fue llevado al gobierno de Oaxaca, en donde se aferra al pasado de su especie.

Ese es el corazón del conflicto en Oaxaca, que en palabras de la antropología -pero aplicadas a la antropología de la política mexicana-, ubican a Ulises Ruiz en equivalencias a los hombres de Cromagnon, de Neanderthal o, si se quiere, de Luci, los antecedentes fósiles del hombre moderno. Por eso no se le puede pedir al señor Ulises Ruiz que asuma su responsabilidad, que "por dignidad" dimita a su cargo o que en aras de la naciente democracia mexicana anteponga los intereses superiores de los oaxaqueños a sus intereses personales, de partido, o de su origen prehistórico. Esa no es su lengua.

Pero el de Ulises Ruiz tampoco es un caso excepcional en Oaxaca -y en muchas regiones del país-, porque otro ejemplo de que la prehistoria de la política mexicana está presente entre nosotros, en el siglo de la alternancia, la democracia y la pluralidad -en lugar de ocupar vitrinas de museo-, lo podemos encontrar entre los grupos radicales que se oponen al gobierno de Ruiz. La sección 22 del magisterio y la recién creada APPO son dos herencias palpables de la vieja izquierda nutrida del nada democrático marxismo leninismo y de lo más cuestionable del viejo PRI, ese al que pertenece Ulises Ruiz y que hizo del corporativismo y la corrupción una relación perversa de control político.

Los líderes del magisterio y de la APPO son una extraña especie que con la bandera de los pobres, de los desposeídos de Oaxaca, de los atrasos ancestrales del más pobre de los estados del país, se proclaman representantes de esos sectores, recurren a los métodos más antidemocráticos y hasta con signos de fascismo, para reclamar la caída de un gobierno. Recurren a los métodos propios de quienes pretenden la destrucción de las instituciones democráticas, pero al mismo tiempo reclaman todas las bondades de la democracia. "De la democracia bienvenido todo lo que nos beneficia; contra la democracia, todo lo que nos obligue", parece la consigna.

Suspender la educación de un millón de estudiantes, secuestrar el centro de la ciudad de Oaxaca, instalar barricadas, defenderlas con bombas molotov, asaltar y destruir instalaciones públicas, estaciones de radio y canales de televisión, usar de manera impune armas de fuego, asesinar, quemar automotores, prohibir el libre tránsito, instaurar tribunales populares, cárceles y juicios sumarios, son algunos de los métodos de esas dirigencias, que se dicen de izquierda, que cuentan con el apoyo y el estímulo de partidos como el PRD, que están vinculados con la guerrilla y que son usados, como ayer lo hizo el "legítimo", como ariete para sus venganzas políticas. Y por supuesto que abundan los que justifican y aplauden esos métodos, porque son empleados contra la prehistoria del poder. El burro prehistórico hablando de orejas, prehistóricas, por supuesto.

Pero no es todo. Ulises Ruiz no ha sido removido de su cargo ni por el vandalismo y la barbarie del magisterio y de la APPO; tampoco el PRI pudo quitarlo, y menos instituciones como el Congreso. ¿Por qué? Porque la naciente democracia electoral vive atrapada en el pasado, en la prehistoria del sistema político mexicano. Salvo las reglas electorales, sigue intacto el resto del andamiaje del sistema político mexicano, ese que hizo posible la hegemonía del PRI durante siete décadas. En ese sistema político era moneda corriente que el presidente en turno quitara gobiernos al gusto del cliente, para complacer supuestas revueltas sociales, casi siempre vinculadas con la corrupta manipulación social. La democracia no ha dado para crear nuevas reglas como para remover gobiernos estatales, que respondan al reclamo social, pero también a la división de poderes y a la soberanía de los estados.

A Vicente Fox le correspondió impulsar la reforma del Estado, como parte fundamental de la transición democrática. Pero no, llegó en medio del principio clásico de los gobernantes de antaño: "Quítate tú para ponerme yo". Dejó todo igual, y en el pecado lleva la penitencia. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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