|
La colección La Sonrisa Vertical, de la editorial catalana Tusquets, se ha esforzado en combinar los materiales clásicos y contemporáneos de la literatura erótica, a fin de que el lector adepto a este género disponga de una buena diversidad de títulos originales en español y traducidos de otras lenguas. El volumen más reciente de dicha colección es el Diario poco decente de una jovencita (Barcelona, Tusquets, 2006), del escritor, historiador y lingüista francés Jacques Cellard (1920-2004). Traducido por Mercedes y Berta Corral, el Diario poco decente de una jovencita (Journal plutôt inconvenient d´une toute jeune fille) se trata de un rescate en español, como ha sido el caso de otros libros que Tusquets ha integrado a esta colección que cuenta ya con 130 volúmenes, entre los que se cuentan lo mismo Fanny Hill, de John Cleland, que la anónima Autobiografía de una pulga. (Por cierto, uno de los más recientes es el monumental anónimo Mi vida secreta.) A los lectores en español el nombre de Jacques Cellard seguramente les dirá muy poco, pero hay que hacer notar que el Diario poco decente de una jovencita no sólo es realmente erótico, ameno y entretenido, sino también irónico, mordaz en algunos momentos, y con cierto grado de información muy interesante y útil a propósito de la época (el verano de 1888), en que, en París, se está erigiendo la torre Eiffel, lo que desataba entonces lo mismo entusiasmos que oposiciones, y la controversia daba para prolongadas discusiones de sobremesa. Desde luego, esto no es lo más importante en una novela que se precie de erótica. Lo más importante es la evocación y la descripción de sensaciones y situaciones de sensualidad y sexualidad que la jovencita Agnés, de 19 años, va reflejando con absoluto gozo en su diario. Agnés se mueve prodigiosamente entre lo ingenuo y lo pecaminoso, y nos describe su mundo en las vacaciones veraniegas en el castillo familiar cerca de Nimes, con referencias a los hábitos y deseos que surgen en un colegio religioso de jovencitas del cual ella acaba de salir. Lo que Jacques Cellard quiere en realidad es mostrar la iniciación sexual de esta joven (ni tan jovencita, por cierto) que pasa de la inexperiencia erótica al despertar de las satisfacciones, más allá de la hipocresía de la sociedad y la época en las que vive. Al final, el placer lo domina todo y Agnés regresará a París con un conocimiento mayor de sí misma y con la certeza de que ha dejado de ser la joven ingenua que llegó al castillo de Nimes. Cellard entrevera sus sabrosas y magistrales descripciones sicalípticas con una nada despreciable información histórica, política y cultural, y en el fondo lleva a cabo una crítica un tanto burlesca de los convencionalismos y la doble moral. La instrucción sexual de Agnés, a cargo de una ayuda de cámara y en la que participan también un campesino y un molinero, es una especie de burla social. Las escenas de la iniciación sexual de la protagonista están entre lo mejor de la literatura francesa de este género. Cellard, según informan los editores, fue muy conocido en Francia por sus crónicas sobre lenguaje en el diario Le Monde, y en esta vertiente lexicográfica publicó un Dictionnaire de français non conventionnel y una Anthologie de la litterature argotique. Y añaden que "en tanto que historiador, escribió numerosos ensayos, en particular sobre el siglo XVII. Además, fue autor y editor de otras eróticas, y publicó algunas con seudónimo o como textos anónimos: es el caso de este Diario poco decente de una jovencita, cuya autoría se ignoró hasta 1982". *Escritor
|