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¿Y si pierde Tabasco?
Pese a la ventaja de Granier, aún puede ocurrir cualquier cosa en Tabasco, incluso que gane el ´delfín´ del ´legítimo´ Tienen razón quienes dudan de las encues- tas que en Tabasco aventajan entre 8 y 10 puntos porcentuales al priísta Andrés Granier, sobre el perredista César Raúl Ojeda. Las encuestas, dicen los especialistas, son fotografías del momento y suelen omitir las tendencias ocultas de un veleidoso electorado como el tabasqueño, que hace poco más de tres meses se volcó a las urnas a favor de un presidente tropical con careta de izquierda, y hoy podría votar por un priísta como gobernador. Lo cierto es que a pesar de la ventaja de Andrés Granier, aún puede ocurrir cualquier cosa en Tabasco, incluso que gane el "delfín" del "legítimo". En todo caso, la mayor interrogante del proceso electoral que se llevará a cabo el domingo venidero debiera ser en sentido contrario: ¿qué pasará si por tercera ocasión resulta derrotado el ex priísta y hoy perredista César Raúl Ojeda? La pregunta resulta inevitable, si se toma en cuenta que en Tabasco no asistimos a una contienda electoral clásica. No, en realidad se trata de una disputa entre dos grandes bloques del viejo PRI local, desprendimientos de la matriz del madracismo, que encabezan el candidato César Raúl Ojeda, por un lado, y el gobernador saliente, Manuel Andrade, por el otro. El candidato que compite por el negro y amarillo de la izquierda institucional, el señor Ojeda, fue impuesto por el "legítimo", en tanto que Andrés Granier fue impuesto por el gobernador Andrade, en contra de los designios de su padre político, Roberto Madrazo. Lo más peculiar de ese proceso electoral es que la disputa de fondo se da entre un reciente ex candidato presidencial -con todo lo que eso significa- y un gobernador estatal, casi virrey del PRI. Se enfrentan Andrés Manuel López Obrador, el poderoso ex candidato presidencial, ex jefe de gobierno y dueño del PRD, contra el gobernador Manuel Andrade, que logró sacudirse la tutela de Roberto Madrazo. Se confrontan el peso político del "legítimo", el peso económico del gobierno del DF y el futuro de AMLO, contra el manejo caciquil de Manuel Andrade, el uso discrecional del presupuesto estatal y el reflejo elemental de sobrevivencia. Está claro que en las urnas ganará uno de los dos aspirantes formales, Granier u Ojeda. ¿Pero qué significa la derrota para uno u otro? Para el gobernador saliente, Manuel Andrade, una eventual derrota significaría lo más cercano al cadalso político, ya que es previsible una feroz persecución por parte de su enemigo a muerte, César Raúl Ojeda. En cambio, una derrota para Andrés Manuel López Obrador significaría no sólo el tercer revés electoral en su tierra natal -en dos ocasiones buscó sin suerte el gobierno local, en 1988 y 1994-, sino un severo golpe a su proyecto político personalísimo. Y las pistas las dio el propio "legítimo" en el cierre de campaña de Raúl Ojeda, el pasado domingo, cuando dijo: "Tabasco es el acto de resistencia civil más importante después del 2 de julio; aquí nos podemos desquitar y darles un ´tengan para que aprendan´, por eso la importancia de Tabasco para el movimiento de resistencia civil". ¿Qué quiere decir eso? Que del voto que emitirán los electores tabasqueños el próximo domingo dependerá en buena medida el futuro de la resistencia del "legítimo". ¿Por qué? Porque si gana López Obrador -a través de los votos emitidos a favor de Ojeda-, tendrá la legitimidad de una victoria en su terruño, el financiamiento de la causa del "legítimo" dependerá de las arcas del gobierno de Tabasco. Por eso la urgencia de un triunfo. Pero regresamos a la pregunta inicial: ¿qué pasará si pierde? En el diccionario del "legítimo", como lo dijimos aquí desde hace meses, no existe la palabra derrota. La derrota no tiene sistemas de procesamiento en la personalidad de AMLO, y a pesar de que cuenta con evidencias de que ni los suyos le podrían respaldar, ya prepara el escenario para lo que será bautizado como "elección de Estado" -a pesar de que existen evidencias de que se han canalizado recursos del GDF para Tabasco-, como "fraude maquinado", y hasta se tiene preparada la resistencia civil y la batalla jurídica, todo al costo del dinero público. Es decir, la misma película del 2 de julio. Más aún, hay indicios de que si comprueba que horas antes de la elección el voto no le resultará favorable, intentará reventar la elección. Si no gana, arrebata. De confirmarse el escenario adverso a AMLO, aparece una nueva interrogante: ¿Qué pasó con ese electorado que votó por él de manera abrumadora el 2 de julio y en su contra el 15 de octubre? ¿Estaremos ante un ataque colectivo de esquizofrenia electoral? ¿Habrán perdido la razón los tabasqueños? No, lo que pasa es que a los tabasqueños les habría encantado un presidente de su terruño: Obrador o Madrazo, pero no quieren a Cesar Raúl Ojeda como gobernador. ¿Por qué? Porque es mal candidato, fue impuesto y no quieren conflictos. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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