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Ricardo Alemán
01 de octubre de 2006

En Oaxaca, ultimátum ante un espectáculo por el poder

Gana el PRI en la rebatiña por las comisiones en el Congreso

C omo ocurría antaño en las plazas y pueblos de todo el país -cuando la ruidosa llegada del circo inauguraba la temporada para presenciar espectaculares alambristas, contorsionistas, trapecistas y payasos, sin olvidar a las fieras convenientemente domesticadas-, hogaño la política mexicana nos regala, de tanto en tanto, espectáculos que sorprenden al respetable, que lo dejan boquiabierto, estupefacto, o de plano que arrancan la risa o el aplauso generalizados.

"¡Llegó el circo!", debían anunciar lo mismo gobernantes -del PRI, PAN y PRD- que partidos políticos, dirigentes, legisladores de todos los niveles y uno que otro informador. Desde la crisis político-social que se vive en Oaxaca, pasando por el penoso espectáculo del reparto de cuotas de poder -en las comisiones camarales de diputados y senadores-; sin olvidar que la izquierda regresa a las más rancias prácticas de "la línea" y el corporativismo del viejo PRI; sin omitir el espectáculo contra periodistas y medios de comunicación y, por increíble que parezca, sin dejar atrás los privilegios que reclama una opinadora a la que, con dinero público, le asignaran vigilancia personal. Sí. "Señoras y señores, ¡llegó el circo!".

Oaxaca

Y la primera pista, la más atractiva, la que se anuncia en las marquesinas mediáticas multicolores, nos invita a presenciar esa espectacular demostración de fuerza entre supuestos liderazgos sociales oaxaqueños y los decadentes poderes estatal y federal. Los "forzudos" del circo se enfrascan en una lucha titánica, de músculo, en donde los primeros, los dueños de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), reclaman como trofeo la cabeza del gobernador oaxaqueño, Ulises Ruiz -al que con razón o sin ella endilgan la autoría de todos los males de Oaxaca-, y los segundos, que se niegan a entregar esa cabeza, esgrimen razones de Estado y una alianza con el PRI, partido que a la postre empieza a alzarse como el ganancioso del espectáculo.

Pero la farsa de la APPO quedó al descubierto en las primeras escaramuzas reales. Resulta que el dirigente de esa asamblea que vela por los pobres de Oaxaca, que reclama la purificación institucional en Oaxaca, que mantiene paralizada la educación pública de miles de niños, que tiene secuestrado el comercio del centro de la capital de esa entidad, el señor Flavio Sosa, obtiene ingresos extraordinarios, salidos de quién sabe qué presupuesto -porque el trabajo de líder es harto rentable y no admite otra actividad-, que le permiten que sus hijas acudan a la escuela particular Colegio Federico Froebel, en donde nunca se han suspendido las clases. ¿Quién financia el movimiento social de la APPO, de la sección 22 del SNTE? ¿Quién paga los más de 130 días del plantón? ¿Quién financia comida, traslados y la manutención de decenas de familias que permanecen en plantón?

Botón de muestra que deja ver que detrás de la APPO y del magisterio de la sección 22 no hay más que una guerra de poder. Lo que menos importa a los sedicentes líderes de los "Pueblos de Oaxaca" y al magisterio disidente, es la democracia, la transparencia del poder público, el buen gobierno. Lo que está en juego, en el fondo, es un desarreglo político-económico entre liderazgos locales, hoy en rebeldía, y el gobierno priísta de Ulises Ruiz; gobierno que sin duda debe irse, pero junto con la farsa de liderazgos sociales que piden su cabeza. Y en esa guerra -como en su momento ocurrió con el plantón del corredor Reforma-zócalo-, los guerreros se llevan entre los cascos a los más fregados, a los que dicen defender, porque la crisis político-social ya se convirtió también es una crisis económica que ha dejado sin empleo a cientos de trabajadores. A los más pobres.

Pero también arrancan la risa del "respetable" los desplantes del otro guerrero, de los gobiernos estatal y federal. Todos saben que el conflicto de Oaxaca se gestó por las incapacidades del gobierno de Ulises Ruiz, cuya mayor virtud fue la de unificar a todos los sectores de ese estado, pero en su contra. Todos saben que se mantiene en el cargo -se mantiene sólo en el dicho, que no en los hechos-, no tanto por los afanes constitucionales del PRI, del PAN, de los gobiernos priístas o del gobierno federal. Por más retórica republicana y federalista que nos receten, por más que se hable de la soberanía de las entidades federativas, lo cierto es que Ulises Ruiz sigue siendo gobernador porque es el precio que está pagando el gobierno que se va, el de Vicente Fox, y que pagará el que llega, el de Felipe Calderón, a cambio de una alianza con el PRI.

Es cierto, en democracia nadie puede reclamar la destitución de un gobernante, por métodos como los empleados por la APPO o por el magisterio. En democracia un conflicto como ese se resuelve por medio de la política y las instituciones. Pero al gobierno de Fox, primero, y al presidente electo, después, poco les importó resolver el conflicto. ¿Por qué? Porque en tiempos político-electorales como los que se vivían hace 100, 120 ó 130 días, no era "políticamente correcto meter las manos". Porque nadie quiso pagar los costos, porque nadie se atrevió a asumir su responsabilidad. Porque haber actuado habría significado perder imagen, credibilidad, confianza. Perder votos, en sólo dos palabras.

Durante semanas los señores de la APPO y los del magisterio disidente simularon un diálogo con el gobierno federal. El secretario de Gobernación, el señor Carlos Abascal, intentó acuerdo y negociación. Pero los dos bandos sabían que se trataba de un "diálogo de sordos". En un lado se pedía la cabeza del gobernador Ulises Ruiz, como condición única para todo posible acuerdo. En el otro bando, se negaba la cabeza de Ulises Ruiz, y se propuso resolver todas las demandas exigidas. Al final la APPO y la sección 22 del SNTE dieron la más formidable muestra de que lo suyo no es un liderazgo real, que busca mejores condiciones para sus representados, que pretende reivindicaciones reales para las comunidades oaxaqueñas. Lo suyo es un objetivo político, ni siquiera el manoseado "todo o nada". Porque tuvieron todo -en Gobernación se aceptaron todas sus demandas, menos la cabeza de Ulises Ruiz-, y al parecer se quedarán sin nada.

Porque si bien de manera tardía, el gobierno federal ya tomó la decisión de utilizar la fuerza pública en Oaxaca. Y por absurdo que parezca, los señores de la APPO y del magisterio entregaron en "charola de plata" las razones para esa intervención policiaca. Es decir, es muy larga la lista de delitos que justificarán la intervención de la policía, y también es larga la lista de personas que en videos, fotografías y grabaciones aparecen en flagrancia de delitos que, en los tiempos de la hegemonía del PRI, ya habrían motivado una feroz persecución. En realidad asistimos, a partir del pasado viernes, a un ultimátum del gobierno federal. Pero entre las muchas preguntas sin respuesta queda una que parece fundamental. ¿Qué pasará con los responsables de todos esos delitos, ante la eventualidad de que de última hora se llegue a una negociación? ¿Estaremos frente a la impunidad? Sería de risa.

Reparto de poder

Pero hay otros frentes en donde los actores políticos parecen empeñados en lograr el regocijo del "respetable". Y no es para menos frente a espectáculos como el que nos ofreció en días pasados el "legítimo", convertido no sólo en caricatura de presidente, sino en promotor de César Raúl Ojeda, el candidato del PRD al gobierno de Tabasco. El "legítimo" se asume como eso, como "presidente legítimo", pero hace campaña por su "delfín" para alcanzar un triunfo que el 2 de julio no consiguió, para "vengar" el desaire, para "que no digan que ni en su tierra gana". Pero César Raúl Ojeda declara -en medio del fragor de una batalla que él tiene perdida, pero que puede convertirse en victoria si su "legítimo padrino" logra convencer a sus paisanos-, que si gana reconocerá a Felipe Calderón como el legítimo presidente. Buen chiste que arranca el aplauso y la carcajada del "respetable". Los payasos del circo, la delicia de chicos y grandes.

En otra pista los bufones parecen competir por la risotada y el batir de palmas. Se organizan expediciones de pequeños grupos que lo mismo protestan frente a Televisa -contra los periodistas que cometen el delito de no pensar como ellos, de no reír con sus ocurrencias-, que despliegan su vistoso espectáculo en centros comerciales como Wal-Mart, perversa multinacional que se prestó al fraude y en la que, por cierto -y que según testimonios periodísticos-, se les ve de tanto en tanto aprovechando "las ofertas". En otros frentes se organizan para lanzar huevos y tomates contra la concurrencia a los actos de Vicente Fox y Felipe Calderón, y hacen la delicia de gráficos y camarógrafos en ocurrentes choques con el Estado Mayor, para clausurar la otrora casa de campaña de Calderón.

Desplantes festivos que contrastan con las viejas prácticas del PRI, ya que mientras aquí y allá se derrocha ingenio, el "legítimo" llama a los diputados federales del PRD, PT y Convergencia, para "tirar línea". Nada con el "espurio", nada de fotos "con Calderón", nada con las propuestas del "ilegítimo". Qué tiempos aquellos en los que la izquierda mexicana se quejaba de los diputados del PRI, "por indignos", por "aceptar la línea", por "no pensar con cabeza propia". Hoy no sólo aceptan esa línea, sino que además son obligados a acudir a Tabasco para convertirse -de diputados federales y representantes populares-, en promotores de un candidato a gobernador. Y claro, todo con recursos públicos. ¿Qué no era esa, la de desviar el trabajo de los legisladores a favor de candidatos a gobernadores, una de las demandas de la izquierda mexicana contra el PRI? De nueva cuenta el aplauso del respetable, por la incongruencia, por el disfraz que los muestra como el PRI del pasado.

Pero no es todo. Aquellos que reclamaron por el supuesto fraude, que se indignaron por la forma sucia y perversa en que según su versión se habría llevado a cabo la elección presidencial -pero que no dijeron nada de su elección, la del Congreso, la de diputados y senadores que, por supuesto sí fue legítima-, ahora pelean, como perros y gatos por las migajas del poder, por las comisiones camarales. Al diablo las instituciones, se dijo. Nada con el gobierno espurio, se ordenó. Pero eso sí, nada se dijo para disputar los espacios de poder, para contener la rebatiña de las comisiones en las cámaras de Diputados y Senadores en donde, casualmente, el ganancioso fue el PRI, ni siquiera el PAN.

¿Qué pelean el PRD, el PT y Convergencia al reclamar el control de ciertas comisiones en diputados y senadores? ¿Por qué es importante esa porción de poder, si no reconocen al gobierno de Calderón? Por una razón que sería de risa, si no fuera por la inmoralidad que encierra. En la teoría presidir una comisión significa una alta responsabilidad y la posibilidad de impulsar reformas de interés para sus representados. Pero en tiempos como los actuales, en donde los diputados y senadores de la "coalición" han declarado que no reconocerán al gobierno, que no pactarán, que no apoyarán sus iniciativas, presidir una comisión, importante o no, es dinero -además de la jugosa dieta-, la posibilidad de hacer negocios, llaves para abrir puertas a otros centros de poder, viajes, vacaciones, seguro médico, automóvil nuevo, atención médica en el extranjero, exención en el pago de casetas en carreteras, además del fuero de diputado.

Por cierto, y sólo para los conocedores, el PRD se quedó con la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación. ¿Qué quiere decir eso? Que el PAN le entrega al PRD una de las instancias de mayor importancia para el control presupuestal del gobierno en turno. ¿Y qué?, se podría preguntar. Que estamos frente a la posibilidad de una negociación de alto nivel entre PAN y PRD. Ah, pero el "legítimo" instruyó que nada con el gobierno "espurio". Risas por el nuevo chiste.

Privilegios de antaño

Y en el Senado de la República también parecen empeñados en el despropósito. Horas que no utilizan para impulsar puntos de acuerdo para resolver asuntos como Oaxaca, para atender problemas como la guerra que se libra en muchas entidades federativas contra el narcotráfico, por la inseguridad pública que padecen miles de mexicanos de todo el país, para protestar por la construcción de una doble barda en la frontera norte, las dedican los senadores para atender una demanda de la escritora y editorialista Denise Dresser, quien recibió un correo electrónico en el que fue amenazada de que sería golpeada por el equipo de transición de Marcelo Ebrard.

Es cuestionable, por donde se le quiera ver, la amenaza que reciben periodistas críticos, del medio que sea y de la tendencia de que se trate. Pero es igualmente cuestionable el privilegio de la seguridad personal que se otorga por el gobierno federal o local a tal o cual periodista. Antaño era común que policías eran dedicados a la seguridad de periodistas o directivos de medios, policías que debían estar al servicio de la seguridad de todos los ciudadanos. El de la editorialista es uno más de los cientos de periodistas amenazados, de manos anónimas o identificadas. Si la señora Dresser leyera la prensa mexicana sabría que son miles los periodistas que viven a salto de mata, por hablar del narcotráfico, por criticar a tal o cual gobierno. Y todos merecen protección, pero la misma que requieren todos los ciudadanos. El oficio de criticar no hace a los críticos privilegiados, por encima de los privilegios que merecen todos los ciudadanos, sobre todo aquellos anónimos que están expuestos todos los días a la ineficacia oficial.

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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