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WASHINGTON.- El presidente de Venezuela Hugo Chávez se convirtió la semana pasada en el principal promotor del presidente estadounidense George W. Bush. Para muchos estadounidenses, las críticas que el mandatario venezolano lanzó contra Bush desde las Naciones Unidas y en actos públicos en Nueva York se pasaron de la raya, no porque estén de acuerdo o en desacuerdo con Bush sino por lo personal de esos ataques, que fue considerado como de muy mal gusto. Como punto marginal, Chávez creó también un miniboom para las ventas del libro Hegemonía o Supervivencia: La Gesta de los Estados Unidos por el Dominio Global del escritor izquierdista estadounidense Noam Chomsky cuando lo usó para ilustrar un punto durante su discurso en la Asamblea de las Naciones Unidas. El secretario Luis Ernesto Derbez pasó la semana pasada por Washington para reuniones con legisladores, funcionarios estadounidenses y organismos no gubernamentales. El viaje fue rápido y discreto. Pero hay la obligación de consignar que Derbez aprovechó -y se agradece la cortesía- para liquidar una "deuda de honor" al reunirse con este corresponsal para una entrevista que en un viaje anterior debió cancelar por razones personales. Derbez comentó que en el marco de su trabajo tal vez hará una o dos visitas oficiales más a Washington, donde radicó por varios años como funcionario del Banco Mundial. Días antes estuvo también el embajador retirado Andrés Rozental, uno de los nombres presuntamente incluidos en la lista de candidatos a secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Felipe Calderón. Rozental ya fue subsecretario de Relaciones Exteriores y presidió hasta ahora el Consejo Mexicano de Relaciones Internacionales, que ahora encabezará Fernando Solana. Pocos lo recuerdan pero hace algo más de diez años deambulaba por Estados Unidos un pequeño grupo de personas que con buenas intenciones se proclamó "gobierno provisional de México" con la idea de trabajar contra la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y tenía su base en una ciudad texana. Ciertamente nunca tuvo mucho eco y sus "actos oficiales" se limitaron a desplegar alguna vez la bandera de México frente al Capitolio en Washington y a viajar en un coche viejo para promover sus ideas en Estados Unidos, donde tal vez se encuentren todavía.
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