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La CND, antecedente de lo que será la franquicia de AMLO El factor Cárdenas; fin del mito de que Obrador es intocable A pesar de lo que declaran públicamente a los medios, una buena parte de los políticos profesionales -que viven de y para la política, no tanto por su profesionalismo- del PRD, PT y Convergencia, no sólo ven con escepticismo el movimiento político-social que nació a partir de ayer en la llamada convención nacional democrática, sino que están seguros de que se trata de un movimiento que terminará en un partido político, para el que incluso ya se tiene nombre: Partido de los Pobres (PP). Y esos profesionales de la llamada izquierda mexicana no sólo se muestran preocupados -y algunos incluso se dicen alarmados- porque perciben que más allá de un proyecto que pretenda la reivindicación democrática y la refundación del Estado, la estratagema del ex candidato presidencial derrotado va encaminada a provocar el "trasvase" de los cuadros y grupos organizados, de esos partidos que ya cuentan con su registro, a la nueva organización, de la que el dueño absoluto sería el caudillo tabasqueño. Se trata, dicen por lo bajo, de una suerte de reedición de la experiencia emprendida con éxito por la profesora Elba Esther Gordillo al crear su propio partido, Nueva Alianza, al que se le dio forma a partir del control corporativo del magisterio, utilizando los cuadros y recursos políticos del PRI, y aceitado con el dinero público, una vez canalizado al sindicato magisterial por la vía de cuotas. En el caso del hipotético Partido de los Pobres, su creación estaría prevista a partir de los cuadros del PRD, PT y Convergencia, de la organización paralela surgida de la convención nacional democrática -en donde el jefe único y presidente de la República, nombrado por aclamación popular sería Andrés Manuel López Obrador-, movimiento que ya se nutre -y que así seguirá ocurriendo- de las prerrogativas de los partidos políticos, de un sustancioso porcentaje de las dietas de sus diputados locales, federales, senadores y gobiernos estatales, y -por supuesto- de las arcas del Distrito Federal. Dinero público, pues. Por eso, explicaron algunos de quienes se dicen preocupados por la inédita experiencia político-social, se tiene previsto que el eje del "movimiento" sea el "gobierno itinerante" encabezado por López Obrador, y que en los hechos se crearán tres grupos políticos vinculados entre sí y con el "gobierno itinerante". Es decir, un colegiado de la CND, otro del Frente Amplio Progresista -alianza fáctica entre PRD, PT y Convergencia-, y uno más que integrarán los grupos parlamentarios de todos esos partidos y sus gobiernos estatales. Las directrices las tendrá, por supuesto, el "presidente Itinerante". El recorrido que hará por todo el país dicho "presidente" será, en una primera etapa, para llevar a todo el territorio nacional la denuncia del supuesto fraude electoral, para exponer las supuestas inconveniencias del "gobierno ilegítimo y espurio" de Calderón, y para ofrecer soluciones a los problemas de cada región y entidad del país. Pero en el fondo, el objetivo político será establecer los enlaces y amarres en todo el país para sumar, a la nueva propuesta, los cuadros, liderazgos y grupos regionales. En una segunda etapa se tiene previsto establecer negociaciones con uno o más de los tres partidos con registro PRD, PT y Convergencia, para que uno de ellos entregue al nuevo partido su registro. De enfrentar resistencias esa postura, el "movimiento" tendrá la capacidad política y social para solicitar su registro. Sueño vs realidad Y por increíble que se antoje, no se trata sólo de un sueño, sino que la construcción del Partido de los Pobres es un objetivo bien definido y que, sin embargo, enfrentará severas e inmediatas resistencias. ¿Por qué? Porque una buena parte de esos políticos profesionales que hoy aparecen en los flancos de López Obrador, saben de la importancia política y el valor económico de sus franquicias partidistas. ¿Cuánto valen, política y económicamente, el PRD, el PT y Convergencia? El valor político se puede medir a través de peso específico de sus representaciones en los espacios de representación popular: gobiernos municipales, estatales, diputaciones locales, federales y senadurías. Y el valor económico, por las prerrogativas de ley que reciben. ¿Existe alguien que imagine que Dante Delgado o que Alberto Anaya serán capaces de dejar el negocio familiar de sus vidas? Todos saben que el del Trabajo y Convergencia son dos partidos familiares, negocios privados al servicio de sus dueños, creados a partir del poder, que se venden al mejor postor y que son, en el segmento más pragmático de la política, auténticas minas de oro, escrituradas a las familias Delgado y Anaya. ¿Existe alguien que pueda hablar, seriamente, de las convicciones ideológicas de Dante Delgado y Alberto Anaya, de la cultura democrática y ética, de la congruencia histórica con la doctrina de sus respectivos partidos? Los señores Dante Delgado y Alberto Anaya siguen en la lucha de López Obrador, no porque crean en su causa, no porque estén convencidos de sus ambiciones, sino porque momentáneamente la cercanía con AMLO encarece su valor político frente a la urgencia del próximo gobierno de establecer alianzas. En el momento que la moneda de cambio sea cumplida, se olvidarán del sueño lopezobradorista y se irán con su franquicia, con su negocio familiar, a otro lado. Dilema del PRD No, el problema no está en las empresas familiares de los señores Dante Delgado y Alberto Anaya -cuyas historias políticas, pragmatismo más allá de doctrinas e ideologías y lo rentable de sus respectivas franquicias los descalifican para una causa superior-, sino que el verdadero dilema está en el PRD. A pesar de que algunos despistados insisten en que López Obrador sigue manteniendo el control absoluto del PRD, lo cierto es que ha pasado a segundo plano. ¿Por qué? Porque todos los perredistas que resultaron gananciosos de los puestos de elección popular en disputa en la pasada elección, prefirieron entrar a la nómina de sus respectivas esferas de influencia, que lanzarse a una aventura sin futuro como la que propone AMLO. En efecto, tanto diputados como senadores, gobernadores y el futuro jefe de Gobierno del Distrito Federal -salvo excepciones como la de Lázaro Cárdenas Batel, el gobernador de Michoacán-, han expresado públicos actos de fe a favor del caudillo. Pero eso no habla de otra cosa que de su capacidad para entender la política. Nadie dará el primer paso público para separarse de Obrador, en tanto los acuerdos, los amarres, los escenarios dentro del partido amarillo se hayan modificado. Pero en el fondo, todos o casi todos saben que -y en privado lo reconocen- la aventura del tabasqueño no sólo no tiene futuro, sino que va en sentido contrario de los intereses de los grupos políticos que se aglutinan en el PRD. Todas las tribus saben que López Obrador saldrá del partido, tarde o temprano, y esperan el momento para apoderarse de una franquicia que cada vez tiene más valor político y económico. Ese es el caso de los llamados Chuchos, fuerza perredista que en la última década fue apaleada hasta el cansancio por AMLO, y que ahora espera el momento oportuno para acceder, luego de muchos intentos, al control del partido. ¿En serio habrá alguien que crea que Los Chuchos están dispuestos a dejar el pastel cuando tienen la posibilidad de comerlo todo? Los jefes de esa tribu son herederos de una cultura bien conocida por todos, patentada por Rafael Aguilar Talamantes, el otrora maestro de la negociación y el acuerdo, al más puro estilo del PRI. Más aún, Los Chuchos son los responsables de una buena parte del asalto del PRI al PRD, y no dejarán el partido por nada del mundo El factor Cárdenas Pero además, en el PRD ha comenzado el fenómeno pendular. El pasado 13 de septiembre, precisamente a unas horas de la CND que preparó Obrador para ayer sábado, reapareció Cuauhtémoc Cárdenas, el otrora "líder moral" del PRD, quien a partir de un pretexto que no lo ameritaba, hizo pública una carta cuyo destinatario real era López Obrador. Contra lo que algunos piensan, la carta de Cárdenas a Obrador no es sólo la explicación del porqué del distanciamiento del primero con el segundo, sino que por primera vez se muestran en público las líneas del debate que ya en corto, por lo bajo, se produce en el PRD. Y ese debate pasa, según Cárdenas y muchos otros perredistas agraviados, por la revisión profunda de las desviaciones y las traiciones al espíritu fundacional del partido, por el análisis de los efectos negativos del asalto de un sector altamente cuestionable del PRI al partido de la izquierda institucional y, sobre todo, del papel de esa izquierda en la constricción democrática del país. Se puede cuestionar lo que se quiera a Cárdenas; que fue el responsable de crear al político que destruyó al partido, de haber mantenido una posición de caudillo al frente del PRD, de haber creado una suerte de maximato en ese partido, de estimular la intolerancia de la que hoy se queja. Pero nadie le puede cuestionar que junto con personajes como Heberto Castillo, Manuel J. Clouthier y otros, fue uno de los arquitectos de la democracia electoral mexicana, esa que hoy López Obrador pretende dinamitar. El papel de Cárdenas en el PRD será, en el futuro inmediato, esencial para recuperar precisamente su espíritu fundacional, para reagrupar al sector que fue excluido y hasta echado del partido, y para abrir un debate urgente sobre el papel y la responsabilidad de esa izquierda en la vida nacional. Será determinante, guste o no, para rescatar al partido de la izquierda que ha sido secuestrado. Pero además, al otrora "líder moral" del PRD se sumó la voz de su hijo, el gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel. En ambos casos, padre e hijo han sido acusados de "traición" por los fanáticos del caudillo -al más puro estilo de las autocracias-, por haber cometido el "pecado capital" de disentir, de pensar distinto, de no sumarse a una causa que según muchos intelectuales, académicos y opinadores, era la verdad absoluta, casi divina -como hace no mucho se sumaron a ciegas a la causa del EZLN, y hace décadas lo hicieron a las causas de Echeverría y de Salinas-, sin importar principios, congruencia, ética y valores democráticos. Lo importante de la reaparición de la dinastía de los Cárdenas -y a pesar de lo cuestionable que en política resulten las dinastías-, es que al refrendar sus posiciones respecto al nuevo gobierno y de distancia del proyecto de AMLO, tanto el gobernador de Michoacán como el tres veces candidato presidencial rompen el círculo vicioso de incondicionalidad y silencio en torno a AMLO. ¿Qué nadie del PRD, de entre esos demócratas de izquierda, de esos hombres del pensamiento y la academia, se podía esperar que uno solo alzara la voz para iniciar el análisis del porqué la derrota de AMLO? Nadie parecía capaz de decirle al candidato derrotado que resultó inaceptable la desviación de la doctrina del PRD, el asalto al partido, el regreso a las prácticas del viejo PRI, el retroceso a la antidemocracia. Se acabó el mito de que a Obrador no se le podía o debía tocar con el pétalo de una crítica, que era traidor, de derecha, corrupto o cómplice de quién sabe qué espantajo extraño, todo aquel que pensara distinto al pensamiento del caudillo, todo aquel que lo señalaba como falible, como mesiánico, como corrupto, no por robar dinero, sino por corromper la cultura política. El regreso de Cárdenas, su crítica a AMLO, su razonamiento del porqué perdió la elección, y las preocupaciones que expresa sobre lo que pasa en el PRD, son oxígeno fresco para un partido en el que casi se había prohibido respirar a una frecuencia distinta a la del caudillo. Juguete nuevo Por lo pronto, la llamada convención nacional democrática que se llevó a cabo la tarde de ayer en el zócalo, y contra la opinión de muchos que se dicen preocupados, no es más que el "juguete nuevo" de un político que se preparó muy bien para ganar una elección como la del pasado 2 de julio, pero que nunca pensó que sería derrotado. Ahora ha creado ese instrumento político-social que no es más que su nueva nave, el barco en el que pretende zarpar a una nueva travesía que espera lo lleve a descubrir la verdad y la pureza. Y es que según versiones del propio PRD, al zócalo acudieron no más del 15% de ciudadanos verdaderamente preocupados y que creen realmente en un cambio. El resto, son parte de los grupos corporativos, de las clientelas, de los comités estatales de los partidos a los que se les obligó a llenar sus respectivas cuotas. Y de que se trató de una convención democrática, mejor ni hablar. Por cierto, ninguno de esos hombres de ideas habrá visto esa democracia. En el camino Abundan las versiones sobre el origen de las escuchas en las que Fidel Herrera, gobernador de Veracruz, y Emilio Gamboa, jefe de los diputados del PRI, hablan de supuestos negocios con el textilero Kamel Nacif. Y va otra: dicen los que saben que el blanco era Fidel Herrera, y que el misil fue lanzado por su archienemigo, Miguel Ángel Yunes. Eso dicen... y que hay más grabaciones. aleman2@prodigy.net.mx
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