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    Ruta 66
Carlos Vega
19 de agosto de 2006

Después de provocar algunos pucheros al borde de las lágrimas (los rockeros también lloran, cómo no) con el documental New York Doll —que narra los últimos meses de la vida del bajista Arthur The Killer Kane—, el grupo glam por excelencia de la historia del rock regresa sorpresivamente este año con el disco One day it will please us to remember even this, o lo que es lo mismo: “no nos importa lo que piensen, nosotros vamos a sacar nuestro disco y ya Dios dirá, pero no nos vamos a arrepentir”.

Una separación, tres muertes, una reunión y 32 años después de su último álbum de estudio, los dos miembros sobrevivientes de los New York Dolls, David Johansen y Sylvain Sylvain, deciden entrar de nueva cuenta al estudio de grabación, pero ahora acompañados de cuatro músicos que hacen las veces de los desaparecidos Johnny Thunders, Jerry Nolan y Kane, para entregar un disco que otra vez tiene las bendiciones de la crítica, como en su momento ocurrió con sus dos primeros, The New York Dolls (1973) y Too much too soon (1974).

En esta entrega, los Dolls logranrecuperar parte de ese sucio sonidoneoyorquino de hard rock y prepunk que los caracterizó e inspiró a muchas bandas punk y heavy metal de finales de esa misma década. Pero sobre todo, es un disco cuyo kilométrico título le va a la perfección, porque su buena música justifica su salida y desecha cualquier asomo de oportunismo comercial.

Este regreso de los Dolls se da, y aquí viene el siempre presto cliché, corregido y aumentado. Lo primero, porque la experiencia de estos ahora cincuentones es muy bien canalizada, aprovechada y adaptada a esta época, al punto de que si salieran como una banda anónima, seguramente muchos adolescentes y veinteañeros comprarían el disco cual si fuera uno de los Strokes o los Arctic Monkeys.

Y aumentados no tanto por la presencia de músicos nuevos, y uno más con respecto al número original de integrantes, sino por el par de invitados con los que cuentan. Por un lado, el maestrazo Iggy Pop le entra al palomazo en la rola “Gimme love and turn on the light” (con toda la influencia en la guitarra de los Stooges), mientras que el buen Michael Stipe (¿qué será de R.E.M.?) hace segundas voces en “Dancing on the lip of a volcano”.

A pesar del paso del tiempo, la parafernalia glam sigue presente en los Dolls (con un Johansen y Sylvain quizá con un poco menos de lipstick y blush, y sin las plataformas y tacones, pero con el mismo feeling de “de hombre a hombre, creo que te quiero dar un beso”), y sobre todo en el arte del disco, con una portada de intenso rosa, cuya foto parece tomada de la recámara de Rosita Fresita versión punk.

La recomendación de la Ruta es ver primero el documental New York Doll, para después secarse las lágrimas escuchando el One day it will please us to remember even this, y entender por qué el buen difunto Killer Kane siempre tuvo la esperanza y buena corazonada de que saldría algo bueno de una reunión de los Dolls.

Comentarios: cvega73@hotmail.com

 
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