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Creel: el trapecistaComo panista, se enfrentó a su antiguo aliado, AMLO, por la Jefatura de Gobierno del DF P or obra y gracia de la política -y sobre todo de la política al estilo del PAN-, el que fuera derrotado candidato a jefe de Gobierno del DF, el que se desempeñara como pésimo secretario de Gobernación y peor precandidato presidencial de Acción Nacional, Santiago Creel Miranda, ahora fue ungido como el jefe de los senadores de ese partido para la próxima Legislatura. ¿Por qué un neopanista con esas características ocupará uno de los centros de poder real del PAN?, se preguntaron muchos militantes del azul y blanco. La primera explicación fue que se trató de un "premio de consolación". Una mayoría prefirió el argumento de que era necesario unificar al panismo y que con Creel al frente de los senadores del PAN en la entrante legislatura se logró unificar a la causa de Calderón al aún poderoso grupo político de Diego Fernández de Cevallos. Y los menos aceptaron que simple y llanamente se trató de una imposición al control que reclamaba Felipe Calderón. Como haya sido, lo cierto es que el mensaje que envía Acción Nacional no sólo a sus simpatizantes, a sus electores, sino a los ciudadanos en general -que esperan un cambio radical respecto al gobierno de Fox-, no sólo resulta contradictorio sino hasta ofensivo, porque debido a los siempre misteriosos designios de la política, se colocó en una posición de privilegio a uno de los responsables del fracaso del gobierno panista de Vicente Fox. Y por eso tiene sentido la duda que asalta a simpatizantes, adherentes y votantes de Acción Nacional: ¿Qué hará como jefe de los senadores del PAN el señor Santiago Creel, si como secretario de Gobernación sólo vio por sus ambiciones personales? Y no falta razón, sobre todo si se revisa la historia política del exitoso abogado, caballista y torero fracasado que entró a la política con la bandera de la "sociedad civil", postura que lo llevó a los grupos que en los primeros años de la década de los 90 promovían una profunda reforma electoral luego del fraude de 1988. Con esa bandera, Creel conoció a Vicente Fox en el Grupo San Ángel -semilla de las ideas que proponían una profunda reforma del Estado y que derivaron en la reforma electoral de 1996-, y alcanzó un puesto como consejero electoral en el primer IFE que ya buscaba ser ciudadano. En 1994 se alió al candidato derrotado por el gobierno de Tabasco, López Obrador, en el intento de éste por derribar de ese gobierno a Roberto Madrazo, quien llegó al poder mediante un escandaloso fraude. La alianza Creel-AMLO duró poco -y nunca logró derribar del gobierno a Madrazo- porque en las elecciones intermedias del sexenio de Ernesto Zedillo, el señor Creel se olvidó de su cacareado apartidismo y aceptó una diputación plurinominal. Se afilió al PAN y desde San Lázaro, junto con el entonces precandidato Fox, pactó con Zedillo la conversión del Fobaproa en IPAB. De ahí nació la guerra entre Fox y Creel contra Calderón, a la sazón presidente del PAN, al que se obligó al exilio. La nueva mancuerna Fox-Creel le arrebató al PAN las más codiciadas candidaturas. El primero se hizo candidato presidencial y el segundo aspirante a jefe de Gobierno del DF. Ya como panista, Creel se enfrentó a su antiguo aliado, Andrés Manuel López Obrador. Los dos compitieron por la codiciada Jefatura de Gobierno del DF. Pero otra vez intervino la política. Juntos, Fox y Creel, intercedieron para que, al final de cuentas, se aprobara de manera ilegal que AMLO compitiera para ese cargo, a pesar de que no cumplía con los requisitos. Al final, Obrador ganó con un estrecho margen, y cuando el PAN se preparaba para impugnar la elección, Fox y Creel decidieron dejar las cosas como estaban. ¿Por qué? Porque Fox sería Presidente y Creel sería secretario de Gobernación. El 1 de diciembre de 2000, el "gobierno del cambio" arrancó con la esperanza de muchos de que Santiago llevaría a la práctica la reforma del Estado por la que había entrado a la política. Pero muy pronto la decepción fue del tamaño de la expectativa creada por la alternancia en el poder. Resultó un mediocre encargado de la gobernación, que se atrincheró en su calidad de heredero del foxismo desde el momento en que ocupó el cargo más importante de la política. Ya no importó la reforma del Estado, menos el papel que le correspondía en la transición y la consolidación de la naciente democracia mexicana. Lo importante era que tenía escriturada la candidatura presidencial para 2006. La alianza Creel-Fox se extendió a la señora Sahagún, a los eficaces grupos "Guanajuato" y de Diego Fernández. Pero también a las poderosas televisoras. Santiago trabajó sólo para su campaña, promovió el "decretazo", el asalto al Canal 40, estimuló la corrupción para favorecer sus aspiraciones presidenciales y combatió, con las artes del viejo PRI, a sus críticos y adversarios presidenciales al interior del PAN. Al final, el panismo militante decidió que la candidatura presidencial sería para Calderón. Por eso vale insistir: ¿Qué hará Creel como jefe de los senadores del PAN, si como secretario de Gobernación fue un fracaso? Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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