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Contra AMLO, PRI-PANEn este peligroso extremo de pasividad oficial: ¿hasta cuándo el gobierno federal permanecerá inmóvil? E l 18 de junio pasado, a tres semanas de las elecciones del domingo 2 de julio, nos ocupamos en este espacio de la crisis política que ya se vivía en Oaxaca. Preguntamos en esa fecha: "¿Quién de los dos candidatos, Obrador o Calderón, se beneficia de ese clima de ingobernabilidad, y quién resultará ganancioso de esa situación el 3 de julio?". Y ese 18 de junio llegamos a la siguiente conclusión: "Entre los beneficiados de que los maestros de Oaxaca ´revienten´ la elección del 2 de julio se ubica López Obrador, quien de perder la contienda tendrá en esa crisis el pretexto ideal, la ´mecha encendida´ para rechazar el resultado de las urnas, para reclamar la anulación de la jornada electoral y para llamar a la resistencia civil. Es cosa de recordar el modus operandi de AMLO. Y si no, al tiempo". Y en efecto, López Obrador perdió la elección, llamó a la resistencia civil y en Oaxaca el conflicto magisterial se convirtió en una suerte de guerra civil que ya toca, con uno de sus extremos, la llamada resistencia civil que mantiene AMLO en Reforma y el zócalo. En el primer caso, el de la protesta contra el presunto fraude, se reclama el recuento voto por voto, la anulación electoral y se hace todo para impedir que el candidato Felipe Calderón asuma su cargo. En el segundo, el de la crisis de Oaxaca, se pasó de una legítima movilización del magisterio por incremento salarial, a una persecución política contra el gobernador Ulises Ruiz. Pero en el fondo, lo que vemos en los dos casos no es más que una venganza política. En Oaxaca el movimiento magisterial fue tripulado por el candidato perdedor al gobierno estatal y hoy senador del PRD, Gabino Cué, quien montó un movimiento nutrido con grupos radicales de Atenco, de los Panchos Villas, de la guerrilla y del propio magisterio, los que se proponen derribar por la fuerza, por los métodos que sean necesarios, al gobernador del PRI, quien en efecto, mediante malas artes había derrotado, hace casi dos años, al que hoy parece su verdugo: Gabino Cué. A nivel federal, en su campaña postelectoral, AMLO sigue los mismos pasos. Su movimiento de resistencia civil empezará a radicalizarse con las acciones de resistencia civil recién anunciadas y el objetivo será el mismo: primero impedir que Felipe Calderón asuma el cargo como nuevo presidente, y luego tratará de derribarlo mediante las acciones y las alianzas que sean necesarias. Incluso mediante la declaración de una guerra civil, enfundada en túnica de resistencia civil. Pero en los dos casos la respuesta del gobierno federal, del PAN y del candidato Felipe Calderón es y, al parecer, seguirá siendo la misma. Es decir, no caer en una provocación que busca precisamente eso, impedir la creación de mártires y cerrar todas las posibilidades para que mediante la acción policiaca se den los argumentos para incendiar aún más la pradera. Pero en este peligroso extremo de pasividad oficial, por un lado, y de radicalización de las protestas por el presunto fraude y por el mal gobierno en Oaxaca, ya son muchos los que se preguntan: ¿hasta cuándo el gobierno federal permanecerá inmóvil? Por lo pronto ya se concretó una alianza inicial entre el gobierno saliente, el de Fox, el entrante, el de Felipe Calderón, y las nuevas caras del PRI, incluida la ex priísta Elba Esther Gordillo. ¿En qué consiste esa alianza? El primer objetivo será impedir la caída del gobernador de Oaxaca. Y no es que Fox o Calderón o el PAN -y hasta en el PRI- crean que es un mandatario estatal sostenible. No, todos saben que Ulises Ruiz es uno de los peores gobernadores. Lo que ocurre es que para el nuevo presidente, si finalmente resulta ser Calderón, permitir la caída de un gobernador por presión callejera sería, por decir lo menos, colocarse en fila como el siguiente. En realidad Fox y Calderón son los más interesados en que Ulises Ruiz se mantenga en su puesto. Como también es cierto que son los más interesados que en Chiapas gane el candidato del PRI, José Antonio Aguilar Bodegas, por sobre el aliancista y preferido de AMLO, Juan Sabines. Pero vale la pregunta: ¿por qué son importantes Oaxaca y Chiapas en la "guerra" civil que emprenderá AMLO contra el gobierno de Calderón? Porque con el control político de Chiapas, de Oaxaca, el que ya tiene en Guerrero, el crecimiento que alcanzó en Hidalgo y el poder en el DF, se crearía un corredor de control en donde la fuerza de su propuesta, por los pobres y contra la derecha, encontraría un inmejorable caldo de cultivo. Si AMLO se hace del control en Chiapas y Oaxaca, si se suman Tabasco, Guerrero, Hidalgo y el DF, su capacidad movilizadora sería prácticamente incontenible. Se confirmaría la división del país del México de los pobres contra el México de los ricos, que es uno de los objetivos de fondo de López Obrador. Por eso AMLO acudió a Chiapas a apoyar a Juan Sabines, otro priísta que de izquierda no tiene nada. Y por eso se sumaron todos los partidos chiapanecos en su contra. Al tiempo.
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