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Raymundo Riva Palacio
11 de agosto de 2006

Suerte echada

Ulises Ruiz se ha vuelto insostenible como gobernador y no parece haber más cauce de retorno a la gobernabilidad en Oaxaca que su destitución

L a decisión está tomada: el gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, será destituido. El problema es cuándo será y cómo lo harán, lo que no es un asunto menor.

El conflicto magisterial es el origen de la pronta salida de Ruiz, pero no todo el fondo. Este fondo se encuentra en el carácter de un sátrapa que tiene un amplio sentido patrimonialista del poder y un galopante autoritarismo para la administración pública. Quien piense que son calificativos, se equivoca; es una descripción de su estilo de gobernar.

El destino de Ulises Ruiz lo marcó él, por sobre todos y sobre todas las cosas. Pero la desgracia de Oaxaca que ha tenido una sucesión consecutiva de dos talibanes de la política -José Murat, su antecesor, es una perla dentro del folclor de la política mexicana-, ya entró en fase terminal.

La figura de Ulises Ruiz como gobernador saltó al escenario nacional al estallarle un conflicto magisterial que, en su contexto preelectoral, daba todo el diagnóstico de haber sido construido artificialmente para afectar la candidatura presidencial de Roberto Madrazo. En su equipo de campaña así entendían los síntomas de descomposición en Oaxaca, a fin de neutralizar al gran operador electoral que tenía el priísta en el sur del país.

Lo que nunca pudieron articular los estrategas de Madrazo con claridad racional es cómo se daba esta conspiración contra él y Ruiz. El conflicto magisterial fue desatado -y se mantiene así- por la protesta de la Coordinadora del magisterio en contra de la autoridad federal en busca de una retabulación salarial, pero vinculaban el atizamiento de ella a la enemiga a muerte de Madrazo, Elba Esther Gordillo, líder del magisterio oficial del cual la Coordinadora, una facción disidente, siempre ha sido su enemiga. Tanto, que dirigentes de la Coordinadora fueron financiados repetidas veces por Ruiz y Murat para realizar acciones de choque contra Gordillo, y mantenían una iguala del gobierno oaxaqueño.

A esa alianza extraña se le sumaba, en el operativo contra Madrazo y Ruiz, el propio gobierno federal, con lo cual se entraba en otro problema de racionalidad política, pues la Coordinadora ha tenido históricamente una influencia de la guerrilla, actualmente el Ejército Popular Revolucionario y previamente sus precursores en la lucha armada. Entonces ya eran dos enemigos dentro del magisterio y un enemigo del Estado, en la confabulación. No se metió al PRD ni a su candidato Andrés Manuel López Obrador quienes, al final de cuentas, fueron los ganadores electorales en Oaxaca. Cuando el escenario se desmoronó con la derrota de Felipe Calderón, al que respaldaban el gobierno federal y Gordillo, pero de ninguna manera la Coordinadora o el EPR, la mentira comenzó a aparecer.

Ruiz había convencido a Madrazo de que todo era una trapacería electorera para que perdiera la elección presidencial, por lo que rechazó negociar con los maestros. No atendió el problema pensando que se desgastaría y trató de cobrar los privilegios otorgados. Es decir, cuando se reclamaba hacer política, la canceló. Ahí están los resultados. Oaxaca, capital, es hoy el foco de ingobernabilidad más grande del país. Ingobernabilidad no está asociada siempre con violencia, pero lo que sucede en Oaxaca ha golpeado enormemente a la economía y a la sociedad. El gobierno de Oaxaca dice que no hay ingobernabilidad, pero miente. La ausencia de poderes ha convertido el centro de la capital en una selva hobbsiana. Un ejemplo: los comerciantes se están valiendo de silbatos para alertar cuando son asaltados, a fin de que el resto de los comerciantes puedan acudir en su ayuda, pues no hay policía que entre al perímetro tomado por los maestros. La actividad turística se ha desmoronado y la derrama económica dejó de fluir debido a que el gobierno no es capaz de cumplir con su función primaria: proporcionar seguridad a las personas.

Pasadas las elecciones, el gobierno federal trató de entrar al rescate de Ruiz y empezó a dialogar con todos. ¿Qué encontró? Con los maestros, imposible un diálogo porque lo odian. Fue con los empresarios. Igualmente lo odian. Llegó a la Iglesia, pero también fue inútil. ¿Cómo logró Ulises Ruiz el consenso en su contra? Lo descubrieron rápidamente: a través de la represión política contra sus adversarios, a los que no le bastó derrotarlos, sino trató de meterlos en la cárcel; a través de la represión hacendaria contra los empresarios que no lo ayudaron financieramente en su campaña, enviándoles auditorías por todos lados; a través del acoso a líderes sindicales y periodistas para acallar sus voces; y manejando monárquicamente la administración pública, pisoteando sin sentido a los poderes locales. La Iglesia, que es la institución más refractaria del país, recibió quejas y denuncias morales de todos los campos, y los desprecios de Ruiz, por lo que tampoco quieren nada con él.

Es impresentable. Le quedaba el PRI, pero ya lo ven como un lastre. Hay un acuerdo político en principio sobre su destitución. De hecho, en una escondida declaración del secretario de Gobernación, Carlos Abascal, esta semana, dio a conocer que el caso de Ruiz lo tiene el Senado, que es la instancia legal para la desaparición de los poderes. El gobierno federal preferiría que el gobernador Ruiz pidiera licencia, pero la única persona que puede hacerle la petición es Madrazo, quien se encuentra fuera de México. Si el ex candidato presidencial no lo persuade de que se vaya por las buenas, se irá por las malas. En cualquier caso, la cabeza de Ruiz tendrá que formar parte de una negociación con el nuevo gobierno federal dentro de lo que se supondrían acuerdos marco de gobernabilidad. Pero ese es el primer obstáculo a salvar. El segundo es quién lo relevaría, en el entendido de que el gobernador entrante no sería un interino sino terminaría el mandato constitucional de Ruiz.

La figura aceptable para el gobierno federal, para el PAN, para el PRD y para la mayor parte del PRI es Gabino Cué, quien contendió contra Ruiz por los colores de la alianza Convergencia-PRD. Pero Cué no es aceptable ni para Ruiz ni seguramente para Madrazo, al ser un protegido del ex gobernador Diódoro Carrasco, quien en plena campaña presidencial abandonó al PRI y se fue a contender por una diputación del PAN.

Esta es la negociación política que se dará en las próximas semanas para abrir la puerta de salida a la ingobernabilidad en Oaxaca, que tiene como fecha mínima de puesta en práctica una vez que el Tribunal Electoral valide la elección presidencial y declare a un presidente electo. Es cuestión de tiempo la estadía de Ruiz en el gobierno. Por lo que concierne al minúsculo pero poderoso núcleo priísta que lo apoya, tendrán que hacer sus cuentas rápidamente y entender que su salida no tiene punto de retorno y que será mejor que recorten sus pérdidas antes de que se hagan más profundas.

rriva@eluniversal.com.mx

r_rivapalacio@yahoo.com

 
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PERFIL
 
Reconocido periodista y analista, Raymundo Riva Palacio ha obtenido dos Premios Nacionales de Periodismo. Durante su fructífera carrera, ha escrito para numerosos periódicos de México, España, Canadá y Estados Unidos. Es autor de "Centroamérica: la guerra ya empezó", "Más allá de los límites: ensayo para un nuevo periodismo", y coautor de "Aún tiembla" y "La cultura de la colisión". Su último libro se titula "La prensa de los jardines". Actualmente es director editorial de El Gráfico, El M, y coordinador de asuntos internacionales de EL UNIVERSAL.
 
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